Escrito por: ALEJANDRO MARCOS
Estas vacaciones he estado en la playa. Me sorprendió ver cómo la gente se bañaba despreocupada en el agua dejando a la vista de todo el mundo los libros que estaban leyendo en la toalla. Incluso yo mismo escondía debajo de mi lectura las gafas de sol o a veces incluso la cartera con la seguridad de que nadie iba a acercarse a levantar el libro. Y no creo que ninguno de los allí presentes lo hiciéramos porque confiáramos ciegamente en la honradez de los otros bañistas. Más bien por dos razones: la primera, porque tenemos la certeza de que nadie va a robarnos un libro y la segunda, porque si alguien nos robara el libro, no pasaría gran cosa. Al igual que si alguien nos robara la toalla o la camiseta. Sería un fastidio, qué duda cabe, pero no sería un drama.
Es un fenómeno que también he observado en librerías o en ferias del libro. Los expositores están llenos de libros que no están alarmados y que suelen estar poco vigilados. Sin embargo, nadie parece querer robarlos. Los posibles compradores los cogen, los tocan, los empiezan a leer, y da la impresión de que jamás a nadie se le ocurriría robar uno.
Y es una pena, la verdad.
Porque debajo de todas esas creencias subyace una idea: los libros no valen lo suficiente como para robarlos. Un libro se devalúa muy rápidamente y las lecturas de segunda mano, aunque estén bien cuidadas, suelen bajar de precio rápidamente a medida que pasa el tiempo.
Por supuesto, a todo esto hay excepciones. Estoy seguro que tanto en las ferias como en las librerías hay gente que roba. Ya sabemos que hay gente para todo y estoy convencido de que mucha gente lo hará simplemente porque pueden, porque los libros no estaban vigilados o por el “placer” de hacerlo.
También hay libros de segunda mano que cuestan lo mismo o más que las ediciones recién salidas de imprenta. Ya sea por pertenecer a ediciones especiales muy agotadas o por tener algo especial que los hace únicos. Aunque no es para nada lo habitual en el mercado literario.
Lo normal es que el precio del libro se devalúe una vez sale de la librería. ¿Por qué sucede esto? No creo que sea porque, efectivamente el papel, el libro en sí, se va deteriorando con el paso del tiempo. Eso sucede también con las casas y todos sabemos que el precio de la vivienda no deja de crecer aunque se trate de viviendas antiguas.
Los precios son un reflejo del valor que le damos como sociedad (sociedad capitalista) a un determinado bien de consumo o a un servicio. En teoría, es algo que se regula mágicamente con la ley de la oferta y la demanda, aunque todos sabemos que la realidad es otra. Según mi opinión, el hecho de que los libros empiecen a perder valor una vez salen de la librería no se debe más que al desinterés de la sociedad por los libros y por la cultura en sí.
Creo que dice mucho de nosotros como sociedad el hecho de que no se roben libros. O de que nos dé igual que se roben libros. Incluso yo, que amo la literatura, dejo mis gafas de sol (gafas de sol de marca blanca, encima) debajo del libro. Es toda una declaración de intenciones. Dejo bien claro cuál de los dos objetos creo que tiene más valor o, al menos, cuál de los dos objetos creo que va a tener más valor para un posible lector.
Ojalá se robaran más libros. Ojalá la gente estuviera tan ávida de cultura que hubiera que alarmar los libros como se alarma el aceite de oliva, las latas de atún o, peor aún, las botellas de alcohol. Puedo entender que la comida esté siempre en el punto de vista de algunas personas que seguramente no puedan permitirse su pago y la necesiten para vivir. Pero, ¿el alcohol? Una botella (que no es un alimento necesario) cuesta muchas veces menos que un libro y, sin embargo, las botellas de alcohol están vigiladas, alarmadas y guardadas tras una cristalera cerrada.
Me ha quedado muy bonito, pero, entonces ¿qué hacemos con la piratería? Porque piratear un libro es robar un libro. Y ahí sí que hay mucha gente dispuesta a robar. Los hay que dicen que no pueden permitirse pagar un libro y, supongo, que algunas de esas personas están en lo cierto, pero me temo que la verdad es otra. Que se pirateen libros tiene que ver con el poco valor que le damos a la cultura, pero también al desconocimiento de cuánto trabajo hay detrás de ellos. Quiero pensar que las personas que piratean libros no saben el esfuerzo que es para un escritor ponerse delante del ordenador ni cuántas horas puede llevarte planificar, escribir y revisar un libro antes de que salga publicado. Desconocen el trabajo de los editores, los correctores, los ilustradores, los editores de mesa, los distribuidores, las imprentas y las librerías. Quiero pensar que es eso, solo ignorancia, porque me cuesta creer que alguien que piratea un libro para leerlo, para disfrutar con la lectura, porque la lectura le otorga muchas horas de disfrute, crea de verdad que ninguna de esas personas merece un pago por su trabajo. Pago, por otro lado, que es irrisorio. Aunque estoy seguro de que esto también lo ignoran, que no hay maldad, solo ignorancia.
Quizás si valorásemos más el trabajo, el tiempo, el esfuerzo y la dedicación que hay detrás de la mayoría de los libros que se publican, los tendríamos en más estima. Ojo, que no estoy haciendo un alegato para que el precio de los libros aumente, ni mucho menos. Creo que la cultura debe ser accesible a cualquier lector (benditas bibliotecas), pero no nos vendría mal un pequeño cambio de actitud en este sentido. Ojalá se alarmaran los libros y se los guardara en vitrinas. Ojalá los libros de segunda mano valieran más cuanto más subrayados estuvieran.
Yo, al menos, voy a poner mi granito de arena y tengo claro que el año que viene pondré mi lectura debajo de la toalla cuando me vaya a meter en el mar. Solo por si acaso.
Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.
Más información
Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).
Más información
Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
Más información
Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).
Más información
Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.
Más informaciónError: Formulario de contacto no encontrado.