Escrito por: ALEJANDRO MARCOS
A menudo, cuando hablamos de las principales características que debe tener un buen escritor se pasa por alto la paciencia. Es cierto que hay otras más importantes porque están relacionadas directamente con la escritura, como pueden ser el conocimiento de las técnicas de escritura o un buen ojo crítico. Sin embargo, la paciencia probablemente sea la aptitud de la que más tenga que echar mano un escritor a lo largo de toda su carrera. Escribir es una larga espera que, si no se lleva con resignación, puede convertirse en un verdadero suplicio, ya que afecta a todos los estados de la escritura.
Primero, el escritor necesitará paciencia para escribir. Aunque seamos escritores de relatos o de poesía, la escritura siempre requiere tiempo. Las historias se maceran y se planifican o se van formando mientras se escriben, pero hay que tener la paciencia necesaria en ambos casos para verlas crecer, para confiar en ellas y en nuestro talento. Si hablamos, además, de novela, la paciencia es algo que hay que entrenar desde el comienzo.
Es habitual que nos enamoremos de una historia al comienzo de la escritura, cuando el resultado final no es más que una idea en nuestra cabeza. Una idea que nos gustaría ver ya en las manos, convertida en libro. Sin embargo, de ese momento hasta el momento en el que el libro se publique, si es que llega a publicarse, pasa mucho tiempo. A veces varios años. Si no se tiene eso presente, el escritor puede tener la tentación de cambiar de proyecto o de abandonar.
Y es que escribir es algo muy revolucionario hoy en día. Es lo contrario a la satisfacción inmediata, es una oda a la paciencia. Por eso siempre le digo a mis alumnos que es importante disfrutar del proceso. A veces, en la escritura, el proceso es lo único que hay, de hecho. Y para llegar a ese estado de pensamiento se necesita mucha paciencia.
Porque después del proceso largo de escritora comienza el proceso de revisión. A veces, de hecho, es muy recomendable dejar pasar un tiempo entre ambos procesos o dejar unos meses entre revisiones para poder desintoxicarse del proyecto, para poder ver el libro con ojos más objetivos (o todo lo objetivos que se pueda).
La paciencia para revisar es incluso más necesaria que la de la escritura. En la revisión se puede entrar en un proceso repetitivo y monótono en el que se analice una y otra vez el mismo texto. Más allá de tener cuidado con el número de revisiones y el número de lectores beta a los que les dejamos acceder a nuestro texto (temas que hemos visto en otros artículos), la revisión puede superarnos como escritores si no nos hemos mentalizado correctamente antes de ponernos a ello. En la revisión es donde de verdad se hacen los libros, donde podemos dar forma a la arcilla que hemos conseguido esbozar con el primer borrador.
Una vez superada la escritura y la revisión, viene el peor momento de todos. El momento en el que el texto escapa de nuestras manos y va en busca de una casa en la que ser publicado. La paciencia para publicar se diferencia de las dos anteriores en que estas eran esperas activas. No solo había que dejar pasar el tiempo, sino que, para hacerlo pasar, los escritores tenemos que cumplir con determinadas tareas, ya sea escribir o revisar.
En la publicación, una vez hemos enviado los originales a convocatorias de editoriales o de concursos, nuestro único trabajo es esperar. Esperar, muchas veces, de brazos cruzados. Si sois como yo, probablemente esta espera sea la peor de todas. No hay nada que yo pueda hacer para acelerar ese paso del tiempo. Si no conseguimos desligarnos de esa espera, corremos el riesgo también de sobrepensar y desesperarnos.
Por eso mismo, yo siempre recomiendo cambiar de proyecto en ese plazo. Si en lugar de esperar refrescando una y otra vez la página del correo electrónico por si se hubiera producido el milagro de una respuesta (negativa o positiva, pero una respuesta), nos ponemos, por ejemplo, a planificar el siguiente proyecto, nuestra mente dejará de presionarse con una tarea que no puede completar. A veces no es necesario planificar, es suficiente con esbozar una voz, probar un narrador o incluso simplemente leer y documentarte sobre la idea que va a rondar la escritura. La cosa es mantener ese cerebro creativo entretenido.
Porque esta espera no tiene límite. Las anteriores esperas no solo eran activas, sino que sabemos exactamente cuándo van a terminar. En este caso, aunque la espera termine, a veces ese fin solo se convierte en un principio. Si el concurso se falla sin que haya sido elegido nuestro proyecto o si no obtenemos una respuesta de la editorial (o recibimos una negativa), el ciclo vuelve a comenzar. Toca seleccionar nuevos lugares a los que poder enviar nuestro manuscrito. Y, eso, si no tenemos otro objetivo a la vista, si no nos hemos ilusionado con algo nuevo, puede ser bastante deprimente y puede llegar a afectar nuestra confianza y, por lo tanto, nuestra manera de escribir.
Por último, si tenemos la suerte de encontrar a alguien interesado en nuestro libro, tendremos que esperar a que se publique (los tiempos de la edición son también para poner a prueba nuestra paciencia) y, luego, comenzará la paciencia para mover el libro. En ocasiones, nos costará mucho mantener vivo el interés por nuestra publicación y tendremos que ser nosotros mismos los que busquemos maneras de que eso suceda. Tratar de convencer a gente para que lea, reseñe o hable de tu libro es un trabajo tedioso y desagradable. Nadie quiere tener que hacerlo, todos soñamos con que nuestro libro sea bueno por sí solo, que no necesite que lo vendamos como si se tratara de un perfume. Pero la realidad es otra y hay que armarse de mucha paciencia para atravesar el proceso.
Un extra para terminar: la paciencia para aprender. Casi podríamos hablar de que es una precuela, pero en realidad es algo que nunca acaba. Aprender y evolucionar debería ser nuestro tema recurrente como escritores. No solo aprender a usar las técnicas narrativas y a estructurar y a contar una historia, sino que también hay que aprender cómo funcionamos como escritores, cuáles son nuestros temas recurrentes, los géneros en los que mejor nos movemos, cuál es nuestro proceso de escritura, etc. Además, una vez se ha aprendido todo esto, hay que evolucionar, intentar salir cada vez un poquito del lugar en el que más cómodos nos sentimos.
Es decir, paciencia para asumir que siempre nos encontramos en proceso de aprendizaje, que siempre podemos aprender a escribir un poco mejor, a ser mejores en lo que hacemos, a tener un poco más de paciencia.
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