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Jorge Corrales es licenciado en Filología hispánica, en la especialidad de literatura hispanoamericana del siglo XX, y diplomado en Guion y escritura cinematográfica por la Escuela de Cine y el Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM).

Desde 2012 desarrolla su actividad laboral como profesor en la ciudad de Berlín en diversos centros:  Instituto Cervantes, Technische Universität, Universidad Humboldt, Hochschule der Wirtschaf und Recht.

Ha trabajado como guionista y director en cortometrajes con amplio recorrido en festivales internacionales. Escribió el cortometraje Cara o cruz, ganador del Platinum Remi Award del Worldfest Houston y del premio al mejor cortometraje en el Certamen de Cortos Santa María de Europa. Fue seleccionado para participar en el programa Off Valladolid, donde dirigió su primer cortometraje Micología que fue galardonado con el premio al mejor cortometraje y la selección para participar en el festival SEMINCI ( Semana Internacional del Cine de Valladolid ).

Actualmente es el director del Festival de cine Latinoamericano y Español Voces Berlin, donde se exhiben algunas de las novedades de cine en español.

Cara o cruz

Audiovisual
2008

Entrevista al profesor

A mí me gusta decir que el escritor nace y luego se deshace. Creo que todo el mundo tiene el potencial para ser escritor, puesto que la actividad básica de un escritor es contar historias. Las historias nos rodean, todo ser humano “cuenta”, es un rasgo más del ser humano como respirar o caminar. Algunos perfeccionan esa actividad, esos son a los que llamamos escritores, cineastas, dramaturgos, etc. Pero, para perfeccionar deben trabajar, y mucho. Siempre es mejor tener una ayuda como los cursos de escritura o, más aún, encontrar otra gente que escribe y que tiene las mismas inquietudes que tú.
Por eso, en mi opinión, más que aprender a escribir, lo que hacemos es recordar cómo se cuenta una historia.

He pasado varias veces por la escuela como alumno, desde cursos para mejorar el estilo hasta literatura infantil, por eso conozco a varios de los profesores y solo puedo hablar maravillas de ellos.

Por mi formación como lingüísta, me he dado cuenta de que trabajo la literatura como si de una lengua se tratase. Todo el mundo sabe hablar, pero poca gente conoce los entresijos de cómo se habla. Con la literatura pasa un poco igual, es fácil reconocer algo que está bien escrito, pero es difícil explicar por qué. Por eso me esfuerzo en clase en descubrir ese esqueleto que sustenta la escritura.

Un profesor, al que aún guardo un gran afecto, nos dijo el primer día de clase: “Yo, además de enseñar, vengo aquí aprender ¿Qué me vais a enseñar vosotros?”. Es una frase con la que me gusta empezar los cursos, porque creo que la labor del profesor de escritura está más en escuchar que en hablar. Por eso, a final de curso, me gusta repasar lo que he aprendido de cada alumno, que en realidad, es lo que ellos han aprendido de sí mismos.

Creo que existe una especie de retroalimentación entre alumnos y profesor que se alimenta de la energía que reina en el curso. Por eso intento ponerle siempre mucha energía y buen ambiente a los cursos porque sé que los alumnos me la devolverán.

Tener unas orejas muy grandes y una boca muy seductora. Creo que lo que más se aprecia en un curso de escritura es saber escuchar/ leer a los alumnos. Los buenos profesores de escritura son aquellos que saben detectar los hallazgos o problemas de un texto para después explicarlo de forma sencilla y clara. Orejas y boca.

Soy un entusiasta de las estructuras. Después de tanto tiempo trabajando con guiones, me encanta analizar los textos para ver el esqueleto que lo sustenta, aunque sin olvidar los músculos de toda historia, el estilo.

¿Solo uno? Si me pusieran una pistola en la cabeza supongo que elegiría a Bernardo Atxaga. No sé si es mi escritor favorito, pero sí al que más cariño le tengo. A los 16 años cogí uno de sus libros en la biblioteca y no pude parar de leer. Después de acabar con ese, continúe con otro y con otro. Fue una época muy bonita de lectura y descubrimiento y como soy un melancólico, me gusta volver al lugar donde he sido feliz.
Hoy acabo de empezar el libro El infinito en un junco de Irene Vallejo, pero a la vez estoy leyendo un cómic de Miguel Gallardo Algo extraño que me pasó camino de casa y un libro sobre el servicio secreto en Alemania del este que se llama Stasiland, una lectura muy recomendable por el estilo de su autora Anna Funder.

Cara o cruz. Trailer

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Micología

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