Escrito por: ALEJANDRO MARCOS
Hace poco, un compañero escritor me preguntó si no estaba contento con el éxito que Brandon Sanderson estaba teniendo, si yo, escritor y profesor de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, no me estaba beneficiando indirectamente de que aquel éxito volviera por fin la mirada de los editores hacia las historias de género.
Mi respuesta es compleja, pero empieza con un «no». Con la fantasía sucede algo diferente a lo que sucede con el terror o con la ciencia ficción. Éxitos como los libros de Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Layla Martínez o Anna Starobinets sí que han producido un cierto arrastre de las editoriales hacia historias de terror escritas por mujeres (ya era hora, por otro lado) y, en muchos casos, historias de terror escritas por mujeres directamente en castellano. Sin embargo, esto no siempre ha sido así; el éxito de Stephen King no provocó una oleada de nuevos escritores o escritoras dedicados al terror en las grandes editoriales españolas de los noventa.
Lo mismo que está sucediendo ahora con Sanderson. ¿Me alegra que la fantasía represente un grueso importante de las ventas de libros? En parte sí y en parte no. Sí porque es un argumento infalible contra aquellos que critican constantemente estos géneros (cosa que también sucede con la literatura infantil y juvenil, otra de las grandes patas del mercado literario). Tú dirás lo que quieras de la fantasía, pero aparentemente es lo que la gente quiere leer.
Y no me alegro porque precisamente esas vetas grandiosas son también un argumento en contra del género porque, como todo el mundo sabe, calidad y ventas solo pueden ir de la mano cuando el libro no se coloca en una estantería con nombre en la librería.
No voy a entrar en la calidad de los libros de Brandon Sanderson, he leído poco del autor y no es el objeto de este artículo. Pero que venda muchos libros no hace que cambie ni un ápice el muro de prejuicios que mucha gente tiene sobre la fantasía. Y eso sí que nos afecta a todos los escritores de fantasía. Como he dicho antes, es evidente que eso no es culpa del autor, pero sí que lo provoca el enfoque de su escritura.
Brandon Sanderson lleva varios años inundando literalmente el mercado de libros enormes, sagas inmensas e historias conectadas. Ha creado un universo propio que hace que los lectores tengan que leer todo lo que el autor ha escrito si quieren entender del todo su obra. Totalmente lícito. Casi diría que el sueño de todo escritor de fantasía. Pero, ¿eso nos beneficia a los demás? Un lector de Sanderson es un lector, es verdad, pero es, muchas veces, solo un lector de Sanderson. Cuando escucho a seguidores del autor hablar de sus libros nunca dicen: si te gustó Nacidos de la Bruma tienes que leer a Robin Hobb. O cualquier otro autor. Generalmente solo leen a Sanderson. Seguir al autor es un trabajo lector a jornada completa. Un lector de Sanderson no es un lector de fantasía que tenga interés en descubrir más del género, abordarlo desde otras visiones. Solo quiere leer al autor. Y lo pudimos comprobar de primera mano cuando el autor acudió al Festival Celsius en Avilés en el verano de 2025. Todas las charlas estaban copadas de lectores de Sanderson que cogían sitio para la charla de su autor, sin prestar atención a la charla que tenían delante, despreciando autores y libros que no conocían y dejando sin sitio a otros aficionados que sí hubieran disfrutado de la charla. Un lector de Sanderson generalmente es solo eso, un lector de Sanderson. Repito: totalmente lícito, jamás me parecerá mal que alguien lea lo que le gusta y que lo disfrute, que sea entusiasta. Porque si algo envidio de los seguidores del autor es el entusiasmo. Brandon Sanderson es, ante todo, un gran escritor, de otro modo sería imposible que, escribiendo mal o con malas historias, tuviese tantos seguidores acérrimos.
Pero, para mí, su éxito sí es un problema para la fantasía y, en concreto, para la fantasía local. Cualquiera podría pensar que los editores estarán deseando encontrar otro autor que pueda competir en ventas con Brandon Sanderson, sin embargo, no es así. El autor deja tan poco espacio en el mercado, que para los editores supone una meta inimaginable el intentar competir. Publicar un libro de fantasía que no sea de Sanderson es, en la mayoría de los casos, lanzar una gota dentro de un mar.
Por eso las mayores apuestas se hacen desde las editoriales pequeñas, con las que Sanderson no compite porque rara vez llegan a compartir los mismos espacios en librerías. Sobre todo, si hablamos de librerías de grandes cadenas.
Que nadie me malinterprete, se publica fantasía en castellano y se publica muy bien, además. Solo trato de hacer ver que esas publicaciones no son gracias al éxito de Brandon Sanderson, sino a pesar de él.
¿Cómo va a tirar el autor americano de otros autores si la fantasía está reducida a un par de baldas en las estanterías de las librerías generales? Esas estanterías, si el librero es listo, quedarán reservadas a Sanderson. Le guste o no. Porque es lo que le van a pedir y es lo que se va a vender.
Evidentemente, el autor lo sabe, por eso ha creado una maquinaria imperialista en torno a su propia escritura, convirtiéndola en un negocio al más puro estilo estadounidense. De hecho, siempre digo que lo que menos me gusta del autor es la visión comercial que tiene de la literatura. Ha convertido su escritura en una fábrica, aplicando lo más duro del fordismo y el capitalismo neoliberal norteamericano a la escritura. Eso me da algo de pena, no voy a mentir. Creo que el autor busca conscientemente el monopolio, la asfixia del resto de la fantasía. Brandon Sanderson pretende que no salgas de su restaurante para nada. No lo necesitas, él te ofrece desayuno, comida y cena como un Mc Donald.
Pero no es solo culpa del autor, ojo, creo que el propio sistema de mercado y el sector editorial son los que lo han alentado y permitido. Y es que la línea entre el negocio y el arte se difumina muy rápido con la literatura. No se ha liberado con la llegada de internet y, desde luego, no va a ser mejor cuando se extienda la IA. Por suerte, siempre nos quedarán los pequeños resquicios en los que tomar aire y en los que encontrarnos con otros entusiastas de la fantasía. Quién sabe, quizás si un uno por ciento de los lectores de Sanderson acaban buscando nuevos libros, quizás entonces sí que pueda alegrarme por su éxito.
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