Una familia extraña e infinita

Escrito por: JAVIER FONSECA

En el pueblo me tocaba dormir en la habitación de las dos camas, con sus pies y cabeceros de madera oscura. No sé si fue suerte o sorteo, privilegio o deber de hermano mayor, pero la mía era la más cercana a la puerta, que no se cerraba bien y dejaba ver por una rendija la sombra que proyectaban las velas a los pies de una enorme Virgen negra de escayola que, lejos de despertarme sentimientos maternales y protectores, me daba mil razones para quedarme despierto. Solo me relajaba iluminando con mi pequeña linterna los lomos de los libros de mis tías que ocupaban una gran estantería de obra en la pared de la puerta y leyendo sus títulos: Bien por los siete secretos; El diario de Daniel; Guillermo el proscrito; Tres hurras para los siete secretos; Celia en la revolución; Alicia en el País de las Maravillas; Guillermo y el animal del espacio; Celia, lo que dice… 

Publicaciones Blog Escuela de Escritores 'Una familia extraña e infinita', por Javier Fonseca -IMG915

A los nueve años cambié de barrio y, con ello, de amigos y colegio. Llegué al nuevo con vértigo y cuando entré por primera vez en su biblioteca y encontré alguno de esos títulos, supe que había encontrado mi lugar seguro. Por entonces, “ir a la biblioteca” era un castigo: hablabas en clase, a la biblioteca; llegabas tarde, a la biblioteca; llovía durante el recreo de comedor, a la biblioteca. Y allí nos esperaba don Cruz, el más terrible carcelero, se suponía, capaz de las más crueles torturas: leernos en voz alta y cortar la lectura en el momento más emocionante porque teníamos que volver a clase; prohibirte terminantemente que cogieras cierto libro que dejaba olvidado junto a tu mesa; obligarte a inventar finales alternativos a los relatos que no terminaban como él quería… El es mi primer recuerdo de biblioteca, siempre viejo, con el pelo tan blanco, peinado con una impecable raya en medio, que recordaba a un cuaderno nuevo abierto al azar. Apuntaba nuestros nombres en una lista cogiendo el bolígrafo casi por la punta y apretando con fuerza. Y no solo prestaba libros. A veces, sobre todo a los chicos más reincidentes, también nos los regalaba. El ejemplar de Alicia en el País de las Maravillas que me dio fue el primero de mi colección de ediciones, libros, tazas, cuadernos, calcetines… alrededor de esta obra. 

Mi siguiente recuerdo de biblioteca también tiene nombre propio. Sucede en el mar, un martes de noviembre por la mañana. Si soy tan preciso en la fecha es porque me gustaba Sira y todo lo que hacía con ella. Quería impresionarla, lo que para mí significaba aplicar la técnica del “Y yo más”. Normalmente no lo conseguía, su vida era mil veces más emocionante que la mía, pero ese martes, mientras paseábamos por la playa recogiendo conchas, hablando de leer y de nuestros sueños, estaba seguro de que se iban a cambiar las tornas:

J: Pues yo tengo que leer por las noches con una linterna, debajo de las sábanas.

S: Mi padre me desenrosca las bombillas por la noche y tengo que asomarme a la ventana para leer con la luz de una farola. 

J: Yo de mayor voy a ser librero.

S: Yo bibliotecaria.

Volvió a ganarme por goleada, aunque esa mañana yo cogí más conchas. Ahora, cada vez que visito una nueva biblioteca, algo dentro de mí espera encontrarla, y otro algo hace que vaya deprisa para no hacerlo. ¿Quién me asegura que la de hoy será más real que la Sira de mi infancia? 

Solo en tercer lugar aparece el recuerdo de mi madre, bibliotecaria en la universidad. Porque esa tardó en ser para mí una biblioteca. Era “El trabajo de mamá”. Con el tiempo se convirtió en mi lugar de trabajo también durante siete años de estudio e investigación. 

Después están los años de alfombra verde, cuentos por los suelos, cajoneras de álbumes roídos por mil manos gordezuelas y mis hijas abrazadas a una docena de libros a punto siempre de caerse y el drama de la elección: a casa solo se pueden llevar seis.  Ir a la biblioteca empezó siendo el plan alternativo al parque las tardes de lluvia y pronto se convirtió en cita, al menos, quincenal, con o sin nubes. 

Ahora, las bibliotecas son parte de mi vida profesional. En ellas hago clubes de lectura, cursos, talleres, presentaciones… Eso me ha permitido conocerlas desde otro lado, saber están muy lejos de ser solo contenedores de libros a nuestra disposición. En cada una de ellas encuentro mucho más que silencio y libros. De un modo u otro, están llenas de curiosidad, compromiso, inconformismo. He descubierto bibliotecas en hospitales, sobre el mar y bajo tierra, en edificios de diseño, en cuadras o casas de fieras rehabilitadas. He vivido cómo todo un barrio se organizaba para prestar libros en el parque y recaudar fondos con festivales y rifas hasta conseguir la suya. Cuando viajo, mercados y bibliotecas son visitas inexcusables. Son templos desacralizados en los que hierve la vida. Porque las bibliotecas trascienden sus muros y sus estanterías. Son agentes dinamizadores de los pueblos y los barrios.

Y, por encima de todo, son lo que siempre han sido: lugares seguros, de reencuentro con los recuerdos, donde siempre hay algo por descubrir, una familia extraña e infinita… Lugares que me demuestran que los mundos que alguna vez he soñado existen y alguien ya ha estado allí; que eso que siento cuando todas las mañanas me recreo mirando la curva de su espalda se puede explicar con palabras.

Larga vida a los libros. Larga vida a las bibliotecas. Feliz día.  

Acerca de los autores

Javier Fonseca, profesor de Escuela de Escritores y del Máster de Poesía

Javier Fonseca

Autor de Literatura Infantil y Juvenil, con más de veinte publicaciones a su nombre o bajo seudónimo (Isaura Lee), entre ellas Pastel de moras, El visitante del otro lado, Zampalabras o Amigos imaginarios. En Escuela de Escritores imparte clases de LIJ y de escritura creativa y relato para jóvenes y adultos, de proyectos y LIJ en el Curso de especialización en la enseñanza de Escritura Creativa y de Poesía Infantil en el Máster de Poesía. desde 2014 es responsable de las recomendaciones de LIJ de la revista cultural Adiós.

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Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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