Escrito por: JORGE CORRALES
En Fahrenheit 451, esa distopía donde los bomberos queman libros, los libros están escondidos para defenderlos. Durante toda la novela vamos descubriendo escondites en diferentes lugares: falsas paredes, en respiraderos, en el jardín… Pero finalmente encuentran el mejor escondite del mundo para que un libro nunca pueda ser encontrado: en el interior de las personas. Las personas libro salvaguardan dentro de ellas los libros que nunca deberíamos perder.
Pero ¿Podríamos perder una librería?
No los libros, sino el lugar. Ese espacio donde entramos, curioseamos entre páginas para acabar comprando libros de los que nunca habíamos oído hablar.
En Ciudad de México creen que sí, por eso han decidido esconder dos librerías «El burro culto» y «La mula sabía», dos librerías que no tienen puerta de entrada, ni escaparate, ni nadie sabe dónde están. Para poder entrar hay que tocar ciertas teclas en el mundo libresco de la capital mexicana para llegar a tener una cita y poder entrar a ese templo. Lo llamo templo, aunque nunca lo he visitado, porque dentro no tiene el típico catálogo de novedades con los últimos lanzamientos, sino primeras ediciones difíciles de encontrar, ediciones prohibidas y ejemplares raros. Aunque lo realmente llamativo es el nivel de erudición de su librero. Por lo que cuentan, cataloga los libros por temas muy específicos como, por ejemplo, la sección de libros dedicada a abanicos. Solo hay 8, por cierto.
Desde que conocí este caso de las librerías escondidas me preguntó por qué lo harían, supongo que la primera respuesta sería para salvaguardar los libros más valiosos de ladrones y malhechores, pero creo que hay algo más profundo, más interesante, que no consigo responder y que no me deja olvidar estas dos librerías. Y creo que por fin he obtenido una respuesta, aunque un poco rara, eso sí. No creo que las estén escondiendo de las personas, ladrones o no, sino del tiempo.
No sé si os habréis dado cuenta, pero el tiempo pasa diferente en una librería. Mientras fuera todo es rapidez, efectividad, impulsos… dentro de una librería, la vida pasa a otro ritmo. No diría que más lento, sino más acompasado. Como si durante un tiempo pudiéramos dominar las manecillas de nuestra muñeca. Hace unos años, debido a circunstancias que no vienen al caso, tuve una crisis de ansiedad solo en casa. Alguien me aconsejó que saliera a dar un paseo porque andar ayuda a rebajar las cotas de tensión. En mi caso no lo hizo. Sin embargo, en mi paseo, decidí entrar en una librería, una cualquiera, ni siquiera una de esas cuquis que ahora llaman tanto la atención. Y no sé cómo, entre búsqueda de autores rusos y preguntas sobre libros infantiles, me calmé. Fue como si la vida, el estrés, el mal, se diluyera dentro de aquellas paredes.
Otro ejemplo lo obtuve el pasado verano, cuando mi mujer y yo decidimos que serían las primeras vacaciones, desde que nacieron mis hijos, que llenaríamos de planes de museo, visitas a iglesias barrocas y tours arqueológicos. Como preveíamos, nuestros hijos se interesaron al principio, pero al tiempo empezaron a estar cansados. Físicamente y mentalmente. Lo que no nos esperábamos mi mujer y yo fue la respuesta que nos darían ante esa fatiga:
–Por favor, papá, mamá, ¿podemos ir a una librería?
Por extraño que suene, las librerías eran su lugar de descanso. Tanto físico, se podían sentar un rato cómodamente (llegaron a hacerlo en el suelo), como mental, vaciaban durante unos minutos toda la carga que llevaban del día. Si eres padre viajero con hijos, te recomendaría esta solución para los días duros, pero la verdad es que nos dejamos tanto dinero en libros, que no sé si al final fue una buena idea.
Uno de los cursos de la Escuela tiene como subtítulo ¿Puede la música salvarnos la vida? Yo no dejo de pensar la de veces que las librerías han salvado la mía, porque como decía al principio de este artículo, esos espacios llenos de lomos rotos y letras tienen la capacidad de frenar la agonía del siglo XXI: el estrés. Ponen orden con líneas de negro sobre blanco a la multiplicidad de las pantallas de los móviles. Suena silencio, donde en cualquier otro sitio nos tenemos que poner auriculares para evadirnos. Nos concentramos sin utilizar una app de respiración guiada. Son, por así decirlo, oasis en nuestras vidas llenas de mierda.
Pero tengo la impresión de que están en peligro. Es por esto por lo que creo que esconden en Ciudad de México las librerías, porque el siglo XXI puede entrar por su puerta si la dejan abiertas.
En nuestra sociedad no hay bomberos que queman libros, sin embargo, hay una amenaza clara: las carcasas de móviles. No, no es una broma. Las carcasas de móviles son un modelo de negocio con un gran margen de beneficio, se compran por miles a céntimos y se venden a euros en locales diminutos, mientras las librerías no suelen ser negocios donde los propietarios se hacen ricos. Solo hace falta darse una vuelta por una gran ciudad para contar los locales de carcasas que te encuentras durante el paseo y el número de librerías. Salvo honrosas excepciones, el partido siempre lo ganan por goleada las fundas de plástico.
Esta anécdota va más allá de lo puramente superficial, las carcasas de móviles representan un producto pensado para la vida digital. Esas carcasas sirven para defender el aparato al que tratamos como algo sagrado, por eso lo protegemos y lo cuidamos. Sin embargo, ¿quién defiende a las librerías? Ellas nos salvan la vida cuando lo necesitamos, pero no hay ningún instrumento o método para defenderlas.
Bueno, sí, hay uno.
Tú.
Ayer se celebró el día de las librerías. Si consiguiéramos que esa celebración se convierta en un pequeño San Jordi, en un Día del Libro en mitad del otoño, en una Feria del Libro por un día, quizás, por una tarde al año, las carcasas mirarían con envidia cómo los lectores salen con un ejemplar bajo el brazo de cada librería.
Piénsalo, ayer podrías haber salvado una librería. Pero hoy también.
Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).
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Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
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Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.
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Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).
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Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.
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