Peticiones para el Teatro que viene

Escrito por: ELENA BELMONTE

El Teatro no solo es imitación de la Vida, como dijo Aristóteles, sino espejo de la Sociedad que nos toca vivir. Y dentro de la palabra «espejo”»caben muchas cosas: las creencias, los sueños, las metas, las costumbres, incluso quienes somos o no somos o creemos ser. A lo largo de los siglos y de acuerdo con lo social, ha existido un espectro inmenso en cuanto al Teatro, desde las tragedias de Eurípides y sus héroes humanizados, pasando por Goldoni y sus comedias de costumbres, desde el distanciamiento de Bertolt Brecht hasta los sentimientos en García Lorca. Y ahora, llegamos hasta aquí y resulta obligado preguntarse en dónde estamos.

Blog "Peticiones para el Teatro que viene" por Elena Belmonte - IMG915

Dado que tenemos una sociedad llena de ruido y de la confusión que este produce, empezamos a estar ya demasiado acostumbrados a esas vanguardias de las que es difícil entender su sentido o propósito, salvo proclamar a gritos la desorientación. O un Teatro de decorados majestuosos en el que, por debajo del dinero, no parece brillar mucho más. O textos clásicos que ya hace más de cincuenta años se sentían caducos. O el intento infructuoso de pasar al Teatro novelas imposibles de dramatizar. O un Teatro de Tesis, como el del siglo XIX, donde el escenario se convierte en una escuela, con claros fines didácticos, donde nos van a decir lo que es políticamente correcto pensar y sentir. En definitiva, puestas en escena donde el personaje, la trama y el conflicto, quedan ensombrecidos, por estar al servicio de una proclama.  Y esto me lleva a recordar aquella frase de Unamuno: “que inventen ellos”, pero ¿quién, en este caso?

Según mis maestros y lo que me enseñaron, el Teatro que nace sin cabeza es un Teatro descabezado y el que nace sin corazón es un Teatro descorazonado. Cualquiera de los dos, le robarán al espectador la posibilidad de cuestionarse si lo que acaba de suceder en escena, le aporta algo a nivel mental o emocional. Si se lleva algo a casa que antes no estaba ahí, algo que tal vez se queda con él para siempre. Algo que lejos de esconderse, da la cara, y nos cuenta que quizá hubo algo que no tuvimos en cuenta, que quizá el dolor del personaje también nos duela a nosotros. 

Los personajes teatrales siempre se definen por sus estrategias, al igual que los seres humanos. Y las estrategias son sinónimo de «máscaras». Se muestran, muchas veces, como no son, dan una imagen para que el otro haga lo que ellos quieren. Así, mienten, seducen, recurren al chantaje sentimental, amenazan, ocultan. Hasta ese momento, tremendamente satisfactorio, donde los rostros quedan al descubierto y llegamos a una verdad individual a la par que universal. Y con esa verdad, alcanzamos la catarsis y sentimos, de alguna forma, que el mundo se reestablece y que es posible seguir habitando en él. Porque hay donde agarrarse, tal vez un faro que nos señale en otra dirección menos equivocada, tal vez que nos recuerde algo olvidado desde hacía demasiado tiempo. 

Los personajes teatrales también se definen por sus metas: ¿qué es lo que quieren?, ¿qué es lo que piensan que les falta y que les daría la felicidad? 

Si juntamos máscaras y metas y a la vista del Teatro de hoy en día, no quedará más remedio que pensar que, entre prisas y redes sociales, los personajes teatrales han perdido de tal modo el rumbo, que se han convertido en una parodia de sí mismos; sus metas se han vuelto errabundas, sus caretas van de tal modo pegadas a sus caras que hace inviable el momento de separarlas. Infinitos obstáculos entre la careta y la verdad, como en aquel relato memorable de Kafka, “Un mensaje imperial” donde el último súbdito del reino jamás tendrá ocasión de recibir el mensaje de un rey moribundo, dados los miles de pasillos que median entre ellos y que ese mensaje tendrá que recorrer de mano en mano.

Y Kafka no nos dijo si el mensaje del rey traería la desgracia o la alegría del descubrimiento, pero al menos nos habló de esa verdad que subyace entre el que manda y el que obedece y cuya comunicación es imposible de alcanzar. No se trata de pedir finales maravillosos, estilo Hollywood, ni pedir que La señorita Julia, de August Strindberg, no se suicide porque su suicidio, en aquel entonces, nos habló de algo que tampoco era mentira, como las diferencias entre un criado y una señora de la aristocracia. No se trata de pedir que Willy Loman, el protagonista de La muerte de un viajante, de Arthur Miller, encuentre la falacia del sueño americano. Se trata de pedir que el Teatro vuelva a encontrar el respeto hacia sí mismo que es igual a decir que encuentre el respeto hacia el personaje y con él, a los seres humanos y sin quitarles las propias ideas, le pongan en contacto con sus emociones y sentimientos. 

Pedir por un Teatro que sea capaz de tirar abajo las máscaras, que nos haga valientes, como a la Madre de Bodas de sangre, y dentro de todo su dolor por la muerte del hijo, le diga a la Novia: «Llora, pero en la puerta», porque aquí se separan tu dolor del mío y esta es mi verdad.

Es de desear que todo lo que sea escritura, pueda tener el sello de la libertad. Y ojalá que de la madurez también. Porque para eso está el Arte. Porque eso es el Teatro: un lugar donde hacerse preguntas.

A pocos días de su celebración, brindo porque de nuevo se le vuelva a sacar su brillo. Paremos un momento el sonido de los teléfonos móviles y hagamos un silencio dramático.

¿Quieres escribir?

Videoconferencia

Del Texto a la Escena: el arte de adaptar

Multidisciplinar Iniciación
Videoconferencia

Lectura del Ruido

Multidisciplinar Iniciación
Más información
Inicio: 02 de Nov
Convocatoria abierta

Acerca de los autores

Elena Belmonte, profesora de Escuela de Escritores - IMG570

Elena Belmonte

Se ha formado en técnicas sobre Escritura Dramática en la A.A.T. de Madrid. Ha publicado los libros de relatos Que hablen las farolas y Comamos algo y la novela La época del agua. Como dramaturga ha escrito numerosas piezas breves y también obras teatrales con las que ha ganado premios y galardones y han sido representadas en varios países.

Más información
Lucía Emmanuel, profesora de Escuela de Escritores - IMG300 - fotografía de Ático 26

Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

Más información
Jorge Corrales, escritor - fotografía de Nines Mínguez -IMG570

Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

Más información
Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

Más información
Chiki Fabregat, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

Más información
Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

Más información

Más información

Error: Formulario de contacto no encontrado.

Más información curso

    [honeypot address move-inline-css:true nomessage:true]

    Compartir en