Qué pueden aprender los narradores de los poetas

Escrito por: LUCÍA EMMANUEL

Me gusta ver las experiencias vitales como vasos comunicantes y pensar que a partir de unas se puede aprender sobre otras. Que nada es estanco y, como las ramas de los árboles por debajo de la tierra, todo se toca. A menudo les digo a mis alumnos de poesía que para escribir poemas hay que sentir y para ello hay que vivir. Se lo digo porque sé que todo conocimiento ajeno a la literatura puede ser valioso para construir literatura.

Blog "Qué pueden aprender los narradores de los poetas" por Lucía Emmanuel - IMG915

Cuando además esas experiencias están relacionadas de alguna forma con lo artístico, la influencia que puede tener una en la otra se multiplica por mil. Así, las imágenes que nos regala el cine pueden ser agua para la poesía y un poema puede ser el pretexto de la composición de una canción. Ahora bien, cuando dos disciplinas están muy muy juntas, como pueden ser la narrativa y la poesía (ambas dentro del ámbito literario) no sé por qué en ocasiones parece producirse un efecto de repulsión en donde algunos narradores miran la poesía como si fuese un lenguaje completamente ajeno y a menudo dicen cosas como: “la poesía me da demasiado respeto” o “lo que más me cuesta de escribir, son las metáforas” y algunos poetas miran la narrativa como si nada tuviese que ver con ellos. Otros en cambio, coquetean con los dos géneros y a menudo hacen cosas inclasificables, como novelas tan líricas que parecen poemas en prosa o poesía con un alto grado de narratividad.

A mí me gusta pensar que cada género tiene sus puntos fuertes y que se puede aprender mucho del otro. Aprovechando que se acerca el Día Mundial de la Poesía, el próximo sábado 21 de marzo, me gustaría proponer un acercamiento entre los dos géneros y sugerir qué pueden aprender los narradores de los poetas. Para ello, utilizaré como soporte fragmentos de un poema de Ocean Vuong, “La reina bajo la colina”, contenido en el libro Cielo nocturno con heridas de fuego (Vaso roto, 2019).

1- Tocar una tecla o cómo entrar en el lenguaje metafórico

Me acerco a una pradera. Un piano negro aguarda
en el centro. Me arrodillo para tocar
lo que pueda. Una sola nota. Un diente
arrojado a un pozo. Mis dedos
se deslizan por encías resbalosas. Labios lisos. Hocico. No
es un piano, sino una yegua
cubierta con una sábana oscura.

Así comienza mi poema favorito de Ocean Vuong.

Es un poema muy enigmático y nada sencillo de interpretar y, sin embargo, creo que constituye un gran ejemplo sobre qué pueden aprender los narradores sobre los poetas.

Lo primero que creo que pueden aprender es el detenimiento. La narrativa es un género que permite ser leído a cierta velocidad, incluso a veces la curiosidad y las ansias de saber qué pasa en una historia puede hacer que deslicemos los ojos a toda prisa por el papel. 

La poesía es un género que, por el contrario, se lee despacio, pues es el género que trata de sumergirnos en unas sensaciones. Al lector de poesía se le toma la mano desde la calma para invitarle a entrar en un mundo otro, en el lenguaje poético, en una mirada diferente, en una mirada desplazada del mundo habitual, en un universo metafórico.

En este poema Ocean Vuong nos acerca a una pradera con un piano negro en el centro. Y de pronto toca una nota, activa una tecla y, por arte de magia, el piano no es un piano sino un caballo. Aunque no exactamente por arte de magia.

Veamos el punto en el que se ha dado esa transición: “Una sola nota. Un diente arrojado a un pozo”. Ahí está la clave de todo. Con esos dos versos Ocean Vuong nos dice que un tecla de un piano puede parecerse a un diente (tal vez porque es blanca, porque es dura, porque hay muchas juntas en un espacio determinado…) y con ese símil abre todo un mundo de posibilidades.

Así que el primer consejo sería que para aprender a hacer buenas metáforas lo primero es aprender a hacer buenas comparaciones. Un buen punto de partida es el símil, es decir, preguntarnos: ¿en qué se parecen una tecla de un piano y un diente de un caballo?

2- Pintar una acuarela o la importancia de crear imágenes genuinas

El viento
mancha la palidez del pasto
en torno nuestro. El caballo y yo:
una acuarela colgada aún fresca,
goteando.

Este otro fragmento del mismo poema me lleva a pensar en otro elemento que pueden aprender los narradores de los poetas: a construir imágenes genuinas porque son las que van a hacer que los lectores de nuestras historias se detengan y probablemente sean con el tiempo las que más van a recordar ya que las imágenes se comprenden emocionalmente.

Los poetas se entrenan para construir constantemente esas imágenes llamativas, diferentes, fuera de lo común, porque el cometido de la poesía es siempre decir algo novedoso. A través de la lectura poética los narradores pueden entrenar el imaginario para cuando necesiten construir imágenes potentes, especialmente en los momentos cumbre de sus historias. 

Imaginemos aquí y ahora la siguiente historia. Un joven abandona su pueblo natal en el campo para ir a cumplir su sueño de hacerse pianista en una ciudad lejana. Tiempo después, una guerra llega y acaba con todo. El joven, ya pianista, vuelve a su pueblo días después de un bombardeo y encuentra su casa devastada y ni rastro de sus familiares. Imaginemos que, cuando se está marchando del pueblo, encuentra al caballo de la familia tendido en medio de un campo, casi moribundo y cubierto con una manta. Esa imagen única e inesperada sirve para crear esa emocionalidad en un punto muy concreto de una historia y darle la emocionalidad que ese momento necesita y que el lector no olvidará porque ha sido conmovido profundamente.

3- Incidir en el lenguaje o cómo trabajar las palabras tótem

Un piano abollado
donde restos de lluvia
nocturna reflejan
un cielo azul caído
sobre el flanco de un caballo. 

(…)

La abolladura en este
caballo tan ancha como para vivir
de ella. Charco de cielo
en la tierra. Como si mirar
a los muertos bajo nosotros
fuese alzar la vista
y encontrar mi propio rostro, pisoteado
por la música. 

El lenguaje metafórico no solamente se trata de una fórmula “A es B” que aparece de forma aislada y puntual dentro de nuestros párrafos. Una sola metáfora, si se desarrolla más allá, puede contener un universo entero.

Las historias tienen muchas capas de significado y no solamente es importante trabajar la trama, los personajes, la ambientación, los escenarios. Hay una parte del escritor de narrativa que consiste en trabajar el simbolismo de las historias. Y lo hace de una manera muy similar a la poesía: a través de las palabras tótem.

Si tomamos como ejemplo la pequeña historia del pianista que hemos creado antes, podría haber dos palabras tótem: el piano y el caballo.

El piano puede representar aquello que el protagonista sueña, su conexión con su sensibilidad artística, el deseo de avanzar, de conocer otros mundos, de ser otro… Por su parte, el caballo puede representar el origen, la infancia, las raíces, la inocencia y también otro tipo de sensibilidad…

Esas dos palabras simbólicas, van a aparecer contínuamente a lo largo de la historia, lo harán de distintas formas y su significado irá evolucionando y haciéndose más y más profundo.

En el poema, Ocean Vuong desarrolla la imagen principal planteada, le da textura y hace una apertura de los campos semánticos de las dos palabras (piano y caballo) para profundizar en su relación metafórica y en sus significados. 

Lo mismo podríamos hacer con nuestro personaje, si cuando se convierte en pianista y consigue tocar para toda una audiencia se da cuenta, por ejemplo, de que la música tiene que ver con una emoción inicial que ya estaba en él, en ese niño que en lugar de tocar música acariciaba a su caballo en el campo.

Así, ese símil que hemos plantado al comienzo (una tecla se parece al diente de un caballo) puede crecer hasta el infinito.

Así que el consejo sería incidir e incidir en el lenguaje metafórico, igual que Ocean Vuong con esa abolladura en el piano, en el caballo, con restos de lluvia, con charco del cielo en la tierra. Una abolladura reflejo, espejo donde mirarnos y ver los muertos y vernos a nosotros mismos, nuestra vulnerabilidad, nuestro rostro pisoteado por la música.

4- Cerrar los ojos y entregarse a la verdad desnuda

Si cierro los ojos
estoy dentro del piano otra vez
y solo. Si cierro los ojos
nadie me puede lastimar.

Así concluye el poema de Ocean Vuong «La reina bajo la colina». Si antes comentábamos que uno de los principios de la poesía es decir algo novedoso, podemos añadir aquí que otro de sus cometidos es buscar la verdad. No hablamos aquí de una verdad objetiva, sino de una verdad desnuda, esto es: la verdad del yo poético.

No todos los poemas terminan de la misma forma, pero aquí Ocean Vuong hace algo que me fascina en poesía: después de haberse movido todo a lo largo de su poema en clave metafórica, al final del todo pone un verso que nos arroja a la cara su verdad desnuda, ya despojada del lenguaje metafórico: «Si cierro los ojos nadie me puede lastimar».

Las historias narrativas deberían conseguir desvelar también a los lectores esa verdad de los personajes, esa verdad desnuda. Pero, para poder ver esa verdad de frente, es necesario haber recorrido emocionalmente con ellos un trayecto, haber viajado con esos personajes desde el principio hasta el final, a través de todas esas cumbres emocionales previamente descritas. No hay que olvidar que la mirada metafórica no es en ningún caso ornamento del lenguaje, sino una herramienta que nos acerca a la precisión de una sensación determinada, por eso la verdad desnuda es más cercana a nosotros una vez que se ha hecho un recorrido a través de la metáfora. Así que el último consejo sería buscar el impacto de una verdad desnuda después de haber conseguido una conmoción a través del lenguaje.

Para terminar el artículo, me gustaría hacer mención especial a María Fuentes, delegada editorial en Vaso Roto y profesora de edición en el Máster de Poesía de la Escuela de Escritores, que con su trabajo nos acerca lecturas como la de Ocean Vuong y su Cielo nocturno con heridas de fuego para el disfrute de poetas, narradores y todo lector abierto a la buena poesía.

¿Quieres escribir?

Videoconferencia

Ágora de Metáforas

Técnicas poéticas Medio
Más información
Inicio: 19 de Oct
Convocatoria abierta
Online

Invitación a la Poesía

Técnicas poéticas Iniciación

Acerca de los autores

Lucía Emmanuel, profesora de Escuela de Escritores - IMG300 - fotografía de Ático 26

Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

Más información
Jorge Corrales, escritor - fotografía de Nines Mínguez -IMG570

Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

Más información
Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

Más información
Chiki Fabregat, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

Más información
Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

Más información

Más información

Error: Formulario de contacto no encontrado.

Más información curso

    [honeypot address move-inline-css:true nomessage:true]

    Compartir en