Escrito por: ALEJANDRO MARCOS
Me gustaría empezar este artículo estableciendo una base: Sí, se puede aprender a escribir. No quiero que este artículo se centre sobre la posibilidad o no de esa enseñanza. La enseñanza de la escritura es real y efectiva como lo son las de otras artes como la pintura o la danza. Eso sí, al igual que en cualquier disciplina, la calidad de dicha enseñanza dependerá en gran medida de la calidad de la persona enseñante. Y es sobre esas personas sobre las que me gustaría reflexionar hoy utilizando, como siempre hago, mi propia experiencia.
Empecé a dar clase de escritura creativa hace ya casi quince años, poco después de graduarme del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. Fue dicho máster mi primer contacto con el mundo de la enseñanza de la escritura, aunque en ese primer momento lo hice, como no podía ser de otra manera, como alumno.
Al principio abordé la actividad de profesor con curiosidad, pues la docencia era un campo que siempre me había atraído. Hasta el punto de que estuve dudando hasta el mismo momento de presentar la matrícula para la universidad si dirigirme hacia el periodismo o hacia la enseñanza. Finalmente y pensando de manera ingenua que en periodismo me enseñarían a escribir (siempre el objetivo final para mí) me decanté por el periodismo. Entrar en el maravilloso claustro de Escuela de Escritores me permitió, siete años después de aquella decisión, aunar mis dos pasiones: la escritura y la docencia.
Y a día de hoy no concibo la una sin la otra. Son, para mí, dos caras de la misma moneda.
Como profesor, lo que más disfruto es el acompañamiento en la escritura de un proyecto. Ayudar al escritor o escritora a resolver los problemas que van surgiendo en la escritura, estar ahí para ayudar en la toma de decisiones y apoyar en los momentos de duda. Acompañar en ese proceso, afinando las técnicas narrativas y el estilo, mientras transmito herramientas técnicas y consejos, me parece fascinante.
La palabra clave es ayudar.
Sí, como es evidente, todos los consejos y la guía que ofrezco como profesor se basan en la aplicación de la teoría y las técnicas narrativas. No estoy hablando aquí de otro tipo de acompañamiento que en ocasiones se asemeja más a pseudoterapias o autoayuda. No. Como profesor creo que es importantísimo que cada estudiante confíe en lo que le estás diciendo y la manera más objetiva de hacerlo es usando como base las técnicas narrativas y la propia experiencia. Por eso la gran mayoría de los profesores de escritura creativa somos también escritores. Creo que da mucha seguridad, como me la dio a mí en su momento, tener delante a alguien que ya ha cruzado ese río antes. Alguien que además de las técnicas también tenga el conocimiento experiencial suficiente para entender que no hablamos de enseñar matemáticas, que hay que ser flexible con los tiempos y con la aplicación de las técnicas, pues cada historia y cada estudiante precisa un ritmo y una aplicación concreta.
Eso me ha enseñado mucho, quizás no solo como profesor, pues cada clase es distinta. Sea una clase de acompañamiento de proyectos o sea una clase de escritura creativa. Un buen profesor debe saber adaptarse al alumno y entender qué es lo que necesita. Porque tampoco es cierto eso que se dice de que hay gente que vale para escribir y gente que no vale. Puede que haya quizás, gente con más talento innato, aunque yo considero que esa gente lo que tiene es más afinada la intuición artística y la perspicacia. Es gente que solo con leer han sido capaces de desentrañar el funcionamiento de las historias y tienen la clarividencia de saber aplicar las técnicas adecuadas para cada historia. Esa gente también necesita aprender a escribir, al menos aprender a controlar lo que hace, bajar a tierra esa intuición para que sean ellos los que la dominen.
Y la gente que no tenemos esa suerte, que nos peleamos una y otra vez con los textos para que resulten digeribles, podemos avanzar mucho con un buen profesor y un buen temario. Incluso la persona con menos recursos, con tiempo y esfuerzo, puede llegar a escribir lo que se proponga.
Por eso es tan importante dar con un buen profesor y, consecuentemente, desde el punto de vista docente, es muy importante formarse como profesor también. Porque no todo el que sabe escribir, sabe enseñar.
Es algo que siempre he tenido tan claro, que he tenido tan en cuenta (y tengo) durante mi formación continua, que fue el pilar sobre el que construimos la Capacitación Docente en Escritura Creativa hace ya más de seis años. Un programa que, de haber existido, me habría ahorrado muchos años de observación. Porque a ser profesor también se aprende siendo alumno, observando cómo lo hacen otras personas y viendo lo eficaces que son sus clases tanto para ti como para tus compañeros. Como el curso no existía, tuvimos que crearlo. Siempre con la intención de centrarnos en los estudiantes, en arrojar seriedad y profesionalidad a una profesión que hoy en ocasiones puede resultar confusa. Porque hay mucha gente ahí fuera que no es consciente de lo peligroso que es para la carrera de un alumno, o para su realización personal, el dar clases de escritura sin ninguna formación, sin haber observado lo suficiente a otros profesores o haber encontrado un método docente que seguir. Por desgracia sé de casos de estudiantes que, tras alguna clase, han abandonado la escritura para siempre.
Ese es mi mayor miedo, convertirme en el tipo de profesor que te hace abandonar la escritura o que te provoca un bloqueo. Y para eso es importante no tomarse las clases como lecciones para que cada estudiante se acerque a mi baremo de literatura o a mi idea de calidad. Al revés. Soy yo, como profesor, el que tengo que acercarme y entender sus objetivos. Y, afortunadamente, el tiempo me ha dado la razón no solo con mis alumnos, sino con la cantidad de egresados de nuestro curso de formación de profesores (del que estamos ya preparando la séptima promoción, que se dice pronto) que están dando clase, llenando el mundo de estudiantes satisfechos, alcanzando sus objetivos de escritura. Nada mejor que eso para tenerme contento y orgulloso de mi labor docente.
Ya están abiertas las plazas de la VII Promoción (2026-2027) de Capacitación Docente en Escritura Creativa. Un programa para conocer el oficio de la enseñanza de la escritura creativa.
Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.
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Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).
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Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
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Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).
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Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.
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