Escrito por: JORGE CORRALES
El otro día, durante un encuentro con editores, Silvia Bardelás de la maravillosa editorial De Conatus nos dio un dato que nos puso los pelos de punta. Los niños han dejado de imaginar. Según recientes estudios, los más pequeños tienen problemas para poder “ver” en su cabeza lo que es narrado en el libro. No se enciende lo que en alemán llaman el cine de la cabeza, Kopfkino, esa máquina neuronal que permite crear imágenes en nuestra cabeza de lo que estamos leyendo, escuchando o escribiendo.
Suena tan horrible como parece. ¿Qué sentido tiene leer Don Quijote si no puedes ver a ese viejo decrépito caer una y otra vez al enfrentarse contra unos gigantescos molinos? ¿Qué gracia tiene leer Crónicas Marcianas de Ray Bradbury si no podemos ver a esos cohetes descender sobre la superficie de nuestro planeta vecino? Normal que los niños se aburran de leer. Si no tienen la capacidad de imaginar, no pueden emocionarse, ni sentir terror o ni enamorarse de ciertos personajes. Como consecuencia lógica, los valores de comprensión lectora, que no de lectura, están por los suelos. Según el informe PISA, el 50% de los alumnos de primaria tienen bajos niveles de comprensión lectora en España y los niveles en todo Europa bajan cada año escandalosamente.
Lo que nos explican los científicos es que la lectura conecta muchas áreas cerebrales, pero principalmente tres: el área del lenguaje, la visual y la emocional. Cada vez que un niño lee favorece que haya más conexiones neuronales entre estas tres áreas y favorece su integración. Es un entrenamiento, a más lecturas, el músculo está más desarrollado y le permite imaginar mejor. Esta es una de las claves que creo que damos por sentadas, imaginar es una habilidad innata y no se tiene que trabajar. Pero nos equivocamos si pensamos eso, la imaginación, como cualquier otra característica del ser humano debe ser puesta a punto para poder utilizarla. Y quizá a una gran parte de la sociedad no le parezca importante que la imaginación se extingan en nuestro mundo, pero… ¿Qué sería de nosotros si no podemos imaginar lo que siente otra persona? Quizás, esa pérdida de empatía sea uno de los grandes problemas de este tiempo que vivimos.
Por supuesto, este problema tiene una relación directa con la sobreexposición a las pantallas. Cuanto más vídeos de Youtube, series de Netflix y shorts de TikTok, el cerebro imagina menos y se acostumbra a que las imágenes sean definidas y en alta definición, pero no creadas por nuestras propias neuronas. Y esto no solo vale para los niños, en adultos también están cayendo los valores de atención y de comprensión profunda.
Sin embargo, la propia Silvia Bardelás nos dio la solución para erradicar este problema de raíz: llevar la escritura creativa a las aulas. No como método para desarrollar un discurso propio o para mejorar la ortografía, sino para potenciar la lectura. Si queremos aumentar los ratios de lecturas y conseguir que la imaginación vuelva a la cabeza de los jóvenes, tenemos que enseñarles a escribir. Esas mismas áreas que fortalece la lectura (lingüística, visual y emocional) son las que mejoran su conectividad a la hora de escribir. Cuanto más escribimos, mejor leemos. Cuanto más inventamos personajes, escenarios, frases en nuestra cabeza, mejor podemos ver, escuchar, sentir a otros autores. El famoso mantra de toda escuela de escritura, para poder escribir hay que leer, también tiene su reverso: para poder leer tenemos que escribir.
Supongo que si algún profesor de colegio lee este artículo, podrá rebatirme con un par de hechos: Los niños escriben desde que son pequeños, sí. Mucho más que generaciones anteriores, puede ser. Los ratios de alfabetización son los más altos en la historia, cierto. Pero yo no estoy hablando de escribir frases sueltas o de realizar un dictado sin faltas de ortografía. Estoy refiriéndome a auténtica literatura.
Y para eso pongo un ejemplo: Mi hijo ha comenzado a escribir sus primeras historias para el colegio y no hay nada que pueda ser más emocionante para un escritor que empezar a compartir con su hijo su pasión. Pero me he encontrado con un obstáculo que no esperaba: Mi hijo cuenta las palabras. Me explico. Cuando escribe una historia siempre tiene ideas brillantísimas (o que a mí me lo parecen porque soy su padre), pero después de desarrollar la premisa dice: ahora solo me quedan 100 palabras para terminar. Y hace un Deus ex-machina en esas 100 palabras y se queda tan contento. Intenté explicarle que toda historia tiene que tener un final acorde a su premisa. Pero le dio igual y me dijo una frase demoledora: a mi profesor le da igual la historia, solo revisa las faltas de ortografía.
Y es ahí donde deberíamos incidir. No da igual. Enseñar a estructurar una historia, conseguir buscar el adjetivo adecuado, hacer que el cerebro se estruje hasta encontrar el final perfecto es un trabajo tan valioso como escribir correctamente. Por eso creo que se debería fomentar desde las aulas. Tener una hora de escritura creativa, pero no para que escriban, sino para que aprendan a escribir. Darles nociones básicas de cómo elaborar una trama, enseñarles cómo algunos escritores consiguen emocionarnos eligiendo determinadas palabras, cómo podemos describir a un personaje por sus acciones. Elementos básicos de la escritura creativa y que podrían dotar a nuestros hijos de un superpoder: la comprensión lectora profunda.
Para acabar este artículo, y ya que estamos en un blog para escritores, quiero que os preguntéis (o preguntéis a algún escritor que tengáis a mano), si recuerda lo primero que escribió en su vida. Pero no si recuerda de qué iba, más bien… si puede visualizar aquel relato en su cabeza, si aún guarda algún fotograma de aquel cine de la cabeza que encendió hace tantos años. En mi experiencia, los escritores suelen guardar esas imágenes y, además, con mucho cariño. En mi caso, recuerdo haber escrito una historia sobre un detective y había un tiroteo. Más de 30 años después, aún puedo describir cómo iba vestido, detrás de qué coche se escondió o cómo era el arma que portaba. Imaginaos la potencia que tiene la escritura, que nos permite recordar con tanta definición, cosas que nunca sucedieron.
Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).
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Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
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Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.
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Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).
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Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.
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