¿Para qué sirve un librero?

Escrito por: JORGE CORRALES

Mi librero de confianza, Óscar, escribió un pequeño libro llamado Tardes en la Librería en que cuenta pequeñas anécdotas que le sucedieron en la librería. Nada trascendental, ni épico, solo momentos insignificantes que ni los propios protagonistas recordarán (los lectores son por una vez los protagonistas), y como único hilo conductor es que ocurrieron rodeados de libros. En una de las reflexiones sobre su librería, Óscar escribe algo a lo que le llevo dando vueltas todos los días. El espacio de la librería es mucho más de lo que parece. Como la famosa Tardis de Doctor Who, uno cree que tiene un tamaño a simple vista, pero cuando entra, es casi infinita. Porque dentro de cada libro hay cientos de lugares, de paisajes, de edificios. De modo que en un espacio reducido, tenemos todos los espacios del mundo.

Blog "¿Para qué sirve un librero?" por Jorge Corrales - IMG915

Y es que si algo he descubierto en estos años presentando mis novelas en diferentes ciudades es que, las librerías, son básicamente espacio. Quien dijo aquello de el saber no ocupa lugar, no tenía una librería. Todas las librerías del mundo tienen un número finito de libros que pueden vender, que está subordinado a los metros cuadrados de sus paredes. A  más libros quieres vender, más espacio tienes que tener. Por eso, cuando un librero elige un libro, no solo está premiando esa novela, a esa colección de relatos, poemario o ensayo, también está relegando ese lugar para otros posibles libros. Al final, tener una librería, consiste en saber ocupar los espacios.

El otro día, hablando con Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma y una de las personas que más saben de libros en este país, dijo una frase que encierra una gran verdad «El buen librero no es el que sabe vender, sino el que sabe comprar». Es decir, aquel que tiene una buena librería es aquel que consigue tener en sus estanterías los libros que van a ser vendidos antes de que nadie sepa que van a ser «los más vendidos». Por eso el buen librero es un espécimen difícil de encontrar, un mirlo blanco, porque ejerce como oráculo para quien pregunta, pero también como una Moira que teje el destino de cada libro.

Y es curioso como, precisamente el espacio, ha sido el culpable de que nuestra querida Librería Tipos Infame eche el cierre. Los metros cuadrados que ocupan los libros de esta insigne librería del barrio de Malasaña de Madrid valdrán más si no son ocupados por libros. Suena incongruente, pero es así. Ropa, cafés o personas, da igual lo que haya allí a partir de febrero, pero tendrá mayor margen de beneficio. El suficiente para pagar el alquiler que los libreros no pueden pagar. Es irónico pensar que el principal enemigo de una librería no sean las nuevas tecnologías, ni las grandes cadenas, sino el metro cuadrado.

Sin embargo, nosotros (especialmente todos los que acudimos a la Escuela de Escritores de Madrid, apenas a 700 metros de nuestras aulas) nos quedaremos sin mucho más que una librería, nos quedamos sin todos los espacios que nos ofrecen, todos esos «otros lugares» que había dentro de los libros. Y quizás eso sea lo que necesitemos ahora más que nunca, transitar otros espacios.

Desde hace tiempo me vengo dando cuenta que solo visito tres páginas web al día. Sé que esto parece inconexo con el mundo de las librerías, pero trataré de explicarme. En los albores de Internet, hace unos veinte años, mi noche perfecta era abrir una pestaña en mi explorador y empezar a saltar de tema en tema. Comenzar, por ejemplo, con los referentes de una película que me había gustado, que me llevaban a un autor ruso que trabajó en el Cabaret Voltaire cuyo trabajo  se relacionaban con unos poemas de Huidobro colgados en las paredes del Reina Sofía. Como nacido no digital, aquella irrupción del poder tener toda la información en la mano, dio alas a mi curiosidad. Así que leía de todo y sin orden lógico. Una especie de caos informativo perfecto para una persona curiosa como yo. Pero aquello cesó. En los últimos años, dejo que sea el scroll infinito de las redes sociales el que decida qué información voy a recibir. Es decir, mi curiosidad es saciada a base de algoritmo… y me he dado cuenta de una cosa. Siempre me muestras los temas que me interesan. En principio esto debería ser una cosa buena, ¿no? Pues no, o al menos a mí no me vale, porque limitan mucho mi mundo. En vez de expandir mi mente, la hacen más estrecha. Mi imaginación siempre transita los mismos espacios.

Por eso, me gusta hablar con los libreros.

Porque me enseñan nuevos espacios. Unos que no conozco, que nunca podía haber imaginado y en los que, gracias a ellos, puedo entrar.  

Mi mujer siempre me dice que cuando hablo de libros con otra persona, no decimos nada. Solo pregunto si lo ha leído y si la respuesta es afirmativa, sonrió mucho, lo alabo quizás, y no digo nada más. He tratado muchas veces de explicarle por qué lo hago, pero creo que hoy, escribiendo este artículo, he encontrado la respuesta: porque he transitado los mismos espacios que esa otra persona. Es como si hubiéramos estado juntos, de alguna manera, y por eso no hace falta decir nada más. Ya lo hemos vivido todo.

Borges soñaba con una biblioteca infinita, yo con una librería. No porque me guste quedarme con los libros, sino porque en la biblioteca hay que permanecer en silencio y a mí me gusta hablar de libros, casi tanto como leerlos. Por eso me gustaría poder pasear por las estanterías y tener a alguien al lado que me fuera comentando qué libros le han apasionado, horripilado o encantado.  Con el cierre de una librería, no solo desaparece un espacio para la cultura, sino que se borra la posibilidad de que los lectores lleguen a nuevos lugares. Por eso, desde aquí, me gustaría dar las gracias. A los Tipos Infames, a los libreros de pueblos pequeños, a los que se arriesgan con presentaciones a los que irá poca gente, a los que suben y bajan cajas sin entender por qué, a los que se asan en las ferias del libro y, en general, a todas esas personas que luchan por un espacio pequeño, para que nosotros tengamos mucho más espacio en nuestra cabeza.

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Acerca de los autores

Jorge Corrales, escritor - fotografía de Nines Mínguez -IMG570

Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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Lucía Emmanuel, profesora de Escuela de Escritores - IMG300 - fotografía de Ático 26

Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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