La lista de propósitos

Escrito por: CHIKI FABREGAT

El año empieza en septiembre. 

Vale, a lo mejor no es una verdad tan universal y habría que matizar esa frase, pero lo cierto es que quienes tenemos algo que ver con la enseñanza lo vivimos así. Y cuando digo «algo que ver con la enseñanza» me refiero a profesorado, alumnado, quienes conviven con profesores y alumnos y, si me apuras, esa persona que sufre la vuelta al cole  de esa otra persona a la que aún no se atreve a llamar pareja porque tres cenas y dos desayunos puede que no sean suficientes. En resumen, muchos de nosotros hemos afilado los lápices, hemos preparado los cuadernos nuevos y hemos disfrutado la nochevieja docente porque, sí, el año empieza en septiembre. Y con el año nuevo llega también la lista de propósitos. Y la lista de lecturas. Y la lista de objetivos. Y la lista… 

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Total, que a mediados de septiembre llevamos una nube negra de frustración y enfado sobre la cabeza porque es imposible cumplir con el millón y medio de cosas que nos hemos propuesto. También hay un poquito de culpa en esa nube, quién mejor que una misma para culparse por no haber abarcado lo inabarcable. 

Ya está.

No lo hagas.

No te martirices.

Rompe ahora mismo todas esas listas.

Mira la estantería o esa pila de libros pendientes que tienes sobre la mesita y elige uno porque te llama la atención, porque asoma más que los otros o porque es finito y lo puedes terminar en un par de sesiones de lectura. Vuelve sobre el cuaderno que tan primorosamente has decorado y escribe lo que te pase por la cabeza, la descripción de ese muchacho con el que has soñado, el diálogo de esos dos a los que has visto en el metro, la declaración de amor de ese personaje que te ronda la cabeza desde hace meses. o la lista de la compra. O no escribas nada. Déjate llevar. Olvida que quieres escribir. Olvida que quieres ser escritora.

(Ahora es cuando me desalojan del despacho y me sustituyen en todos mis cursos. Lo sentimos, Chiki ya no trabaja aquí.)

En realidad, es muy bueno hacerse propósitos y marcarse objetivos si son realistas, si podemos abarcarlos. Hay pocas cosas tan satisfactorias como un objetivo cumplido (el helado de pistacho, tal vez). Pero los objetivos demasiado optimistas, demasiado ambiciosos, generan frustración. Y en la escritura es facilísimo marcarse metas muy difíciles a las que, de momento, no tenemos opción de llegar. 

Tengo que publicar mi primera novela antes de los treinta (dice alguien de veintiocho).

Tengo que ganar un premio. Qué digo uno, EL PREMIO. Tengo que ganar el premio más importante del género en el que yo escribo (aunque no tenga un proyecto terminado, eso es un detalle sin importancia).

Tengo que hacer la escaleta antes de navidad y terminar la novela antes de mayo, para corregirla en junio y enviarla en julio a ese premio, ya sabes, el que tengo que ganar.

Esto que he escrito no son exageraciones ni parodias. Vale, un poquito exagerado a lo mejor sí es, pero creo que he pronunciado variantes de todas esas frases en algún momento. Y lo de la escaleta tiene gracia, porque yo no hago escaletas nunca, así que ponérmela como objetivo es lanzarme a la piscina del fracaso en un salto carpado con doble tirabuzón. Por qué no. Ya lloraré después. 

Este septiembre me he propuesto seguir publicando la definición un tanto particular de una palabra a la semana en Instagram. No es algo nuevo, no intento adquirir un nuevo hábito, sino mantener el que ya tenía el año pasado y que empezó de forma un poco casual. Es algo cortito, no me lleva más de una hora, los domingos, y es gratificante porque me divierte hacerlo y porque hay quien dice que le gusta leerlo. Combo doble, me divierto y obtengo recompensa inmediata. También me he propuesto tomar nota de lo que leo. Me compré un diario de lectura monísimo en Galicia porque la parafernalia también nos ayuda con los propósitos. Pero lo importante de esto es que no supone un cambio enorme en mis hábitos lectores, voy a leer lo mismo, aunque apuntaré el título, lo que me ha parecido y si hay algo que no quiero olvidar. En vacaciones empecé a publicar fotografías de las portadas de mis lecturas, me he propuesto seguir haciéndolo.

Como veis, no tengo nada en contra de los propósitos de año nuevo y yo también me hago los míos, solo creo que debemos elegir a qué nos comprometemos con nosotros mismos para no abocarnos al fracaso y la frustración. Estoy convencida de que los hábitos, que al final es lo que persiguen casi todos los propósitos, son más fáciles de integrar en las rutinas sin vamos poco a poco. No voy a proponerme escribir a diario, porque antes de que acabe el mes de septiembre lo habré incumplido y me sentiré fatal. Pero si consigo durante un par de meses escribir todas las semanas, tal vez en navidad me proponga incrementar la frecuencia a dos veces a la semana. De hecho, si veo que ya estoy escribiendo tres veces a la semana, tal vez me proponga subir a cuatro, pero sin forzarme a retos imposibles. 

Siempre que escribo un artículo de estos que salen de la tripa, tengo la sensación de que no aporta nada. No hablo de cómo crear un personaje, no doy consejos para hacer un diálogo perfecto ni desvelo el secreto de los tres actos. Son consejos y reflexiones de mi relación con la escritura y precisamente por eso, porque es MI relación con la escritura, no hay que tomárselos demasiado en serio. Si te funciona de maravilla hacer listas enormes de propósitos y obligarte a cumplirlos, adelante. Cuentas con mi apoyo, con mi aplauso y con mi hombro para llorar si hay algún bache. Pero si eres de los otros, de los optimistas que se frustran después, date permiso para ir poquito a poco, para marcarte propósitos tan pequeños como un suspiro. Date permiso incluso para no cumplirlos, aunque sean pequeños. Revisa tu lista cada trimestre, cada mes, cada semana. Dice mi amigo Alejandro (que sabe de esto muchísimo) que no le debemos nada a la escritura. Y es verdad. Pero sí nos debemos a nosotros mismos respeto. Quiérete, no te hagas daño. No siembres hoy la semilla de la frustración de mañana. Ese sí es un buen propósito.

¿Quieres escribir?

Acerca de los autores

Chiki Fabregat, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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Jorge Corrales, escritor - fotografía de Nines Mínguez -IMG570

Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Lucía Emmanuel, profesora de Escuela de Escritores - IMG300 - fotografía de Ático 26

Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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