Cómo gestionar la envidia literaria

Escrito por: LUCÍA EMMANUEL

Trabajo en la Escuela de Escritores desde hace años y tengo, a mi parecer, una de las tareas más bonitas y más “difíciles” de todas: subir las publicaciones de profesores y alumnos a nuestra página web. Bonita porque me entero de todas las novedades, descubro editoriales nuevas, me quedo embobada con algunas portadas, conozco la trayectoria de todos los autores, amplío mis conocimientos sobre el mundo editorial y todo eso me hace fantasear. Difícil porque a veces tengo la sensación de que todo el mundo está avanzando, de que cada día la gente logra sus metas y yo me estoy quedando atrás; difícil porque choca de lleno con una de mis enfermedades crónicas: la envidia literaria.

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Me gustaría, no sabéis cuanto, no padecer envidia. No compararme nunca con los demás, estar en paz en mi cuerpo y mi piel de escritora. Antes pensaba que eso se curaría a medida que fuese alcanzando algunas metas, pero me he dado cuenta de que no. Cuando cumplo un objetivo, mi cabeza dibuja enseguida nuevos objetivos incumplidos. No funciona así, igual que tampoco funciona la felicidad condicional: “seré feliz cuando tenga esto o esto otro”. La tranquilidad tiene más que ver con una actitud y un diálogo interno determinados.

Por muy desagradable y poco recomendable que sea tener envidia, es algo que no se puede evitar. No se puede huir de ella; de hecho, huir de ella seguramente no haga más que acrecentarla. Entonces, ¿cómo colocar en el lugar correcto todas esas emociones? ¿qué podemos hacer para seguir viviendo nuestra pasión artística sin que los logros de los demás nos bloqueen? A continuación os dejo algunos consejos fruto del autoanálisis para que reflexionéis sobre cómo poder gestionar la envidia literaria.

  1. Acepta la envidia como parte del proceso artístico

La envidia es desagradable, pero también humana. No pasa nada por reconocer que sentimos envidia, deberíamos reconocerlo más en voz alta y compartirlo con los demás. Porque, os cuento un secreto: todos los artistas tenemos o hemos tenido envidia. Incluso los considerados grandes. Si lo compartes abiertamente te darás cuenta de que también le pasa a los escritores y escritoras que conoces y eso te hará restarle importancia a ese sentimiento de culpa que genera la envidia. 

Te cuento otro secreto más: la envidia nos aporta mucha información. Si las cosas no nos importasen, si nos diese igual, si no sintiésemos una pequeña agitación en la tripa al ver gente que hace cosas que nos gustan, esas cosas que soñamos para nosotros, seguramente no seríamos artistas. La envidia, podemos verlo así, refleja la confirmación de un deseo: deseas escribir, deseas publicar, deseas compartir, deseas comunicar y deseas hacerlo bien. Así que abramos las puertas a esa envidia y utilicemos su energía para crear más y mejor.

 

  1. Sé selectivo con aquello que envidias

Igual que las personas golosas deben elegir qué dulces y cuántos dulces comer para que no sea demasiado perjudicial para su salud, las personas envidiosas deberíamos ponernos unos límites. Por mucho que tengamos la tentación de compararnos con cada escritor exitoso que se cruza por nuestro camino, vivir así es insostenible y una auténtica tortura. Pero la envidia en ciertos grados puede ser algo positivo.

¿Qué sería razonable o incluso saludable envidiar?

Para empezar, un buen consejo es no envidiar nunca a otra persona. La imagen de las personas es un constructo que hemos armado en nuestra cabeza, seguramente de forma errónea. Porque solo vemos lo bueno: lo que ha publicado, lo que ha viajado, lo que ha participado en charlas y encuentros, lo aparentemente feliz que es. Pero no sabemos cuánto trabajo y sacrificio le ha costado escribir esas obras, si la experiencia con esas editoriales fue buena y, lo más importante: cómo se siente esa persona. Como dice una amiga de mi hermana: “comparamos nuestra trastienda con el escaparate de los demás”. 

Podemos, en cambio, envidiar su obra, que es algo más tangible y accesible para nosotros. Podemos maravillarnos con una lectura, subrayar una frase que nos ha emocionado, señalar una metáfora bellísima, y pensar: qué envidia, ojalá hubiese escrito yo esto. Envidiar una obra se acerca más a la admiración y el aprendizaje y puede transformarse en creatividad, ya que el trabajo ajeno puede ser una gran fuente de inspiración.

Además, eso hace que afinemos mucho el tiro. En ocasiones, he podido admirar la trayectoria de algunas personas y sentirme abrumada con algunos currículums literarios, pero luego al acercarme a su obra, no sentirme del todo conectada con ella, no porque me parezca mala, sino porque no se parece tanto al tipo de literatura que me gustaría hacer. Entonces me digo: este ejemplo no me sirve del todo y eso es como un dardo tranquilizante para mi instinto envidioso.

Seamos sibaritas con las obras que envidiamos y, una vez las encontremos, vayamos a fuego con ellas, seamos los fans número uno. Y, si tenemos la ocasión, busquemos a esa autora o autor y digámosle cuánto amamos su obra.

 

  1. No sabotees la fiesta literaria

Alegrarse por los logros de los demás es participar de la fiesta literaria, que se vive en comunidad. Tal vez no todos los días estemos preparados, tal vez no siempre seamos fuertes o algunas veces estemos un poco sensibles y no seamos capaces de celebrar lo ajeno. Pero en otros momentos en cambio conseguimos alegrarnos de verdad, con todo el alma, por ese compañero o compañera de camino. Deberíamos vivir los logros como si fuesen colectivos: la comunidad literaria está siendo escuchada, las autoras españolas están teniendo éxito, este tema y este otro tan importantes y tan necesarios se están abordando en los libros, este autor ha hecho algo nunca visto antes, todavía se puede innovar, la literatura puede salvarnos.

No alegrarnos de los logros ajenos es tan absurdo como no celebrar un cumpleaños porque no es nuestro cumpleaños. Celebremos, cántemos, tiremos fuerte de las orejas a los afortunados porque hacerlo de corazón es algo que es muy reconfortante. El día de mañana puede ser nuestro cumpleaños literario y nos gustaría que la gente se alegrase por nosotros, que lo mereceremos igual que ellos lo han merecido.

 

  1. Sé justo contigo y con tus logros

Cuando nuestra cabeza nos lance esos pensamientos automáticos dañinos que no tienen razón de ser, deberíamos frenar y preguntarnos qué le aconsejaríamos a un amiga que nos confiesa esos sentimientos. Cómo vemos a esa amiga desde fuera. Cómo percibimos su vida, lo que ha hecho, lo que no, lo que desea hacer… 

A una amiga nunca le hablaríamos como nos hablamos a nosotros mismos. Más bien reforzaríamos sus virtudes, le daríamos ánimos, le pondríamos un espejo delante para que viese todo lo que ha conseguido y lo que se ha esforzado por ello, le recordaríamos en qué punto estaba hace algunos años y le diríamos también que no sabe dónde va a estar mañana. Le diríamos que sembrase, que siguiese sembrando, que ella a lo suyo por su camino y, sobre todo, le recordaríamos por qué lo hace, por qué es tan importante para ella y lo bien que le hace sentir. A veces nos toca ser con nosotros mismos esa amiga que siempre te apoya.

 

  1. Encuentra nuevos lugares donde sembrar: trabaja para tu yo del futuro

Un sentimiento habitual que precede o acompaña a la envidia suele ser la frustración. A veces necesitas que algo salga, necesitas compartir con el mundo, hablar sobre ese tema que te quema entre los dedos, publicar ese proyecto en el que crees firmemente. Pero la realidad es innegable: aunque el trabajo sea bueno, hay muchísima gente que escribe y eso hace que los tiempos editoriales sean muy muy largos y que nunca sepamos qué o cuándo va a suceder o si un proyecto determinado saldrá algún día adelante.

Entonces debemos levantar la vista de esas semillas sembradas que esperamos ver germinar y echar un vistazo al campo entero. Preguntarnos qué podemos hacer mientras tanto, por qué otros lugares se puede empezar a sembrar. Tal vez comenzar a escribir otra obra que nos ilusione, tal vez crear un blog o publicar extractos en redes y empezar a crear comunidad lectora, enviar algo a un concurso o una revista, acudir a encuentros literarios, conocer a gente del mundo de la literatura… Todo sirve y nunca se sabe dónde puede estar la pieza clave que te lleve el día de mañana a poder compartir tu trabajo o publicar alguno de tus proyectos. 

Trabajemos para nuestro yo del futuro, sigamos allanando el campo, preparando el terreno como si tuviésemos que dar de comer a un campo entero, pensando qué piezas claves serían necesarias si el día de mañana se cumple alguno de nuestros sueños. Podemos recoger algunos frutos cuya maduración no sea tan larga, alimentarnos de lecturas, encuentros, charlas… impartir o recibir talleres, conocer otras personas que están pasando por lo mismo, crea comunidad. Volver siempre al punto de partida: la escritura es lo que somos y lo que queremos hacer. 

 

  1. Busca la paz en la creación

Probablemente la consecuencia más dañina de la envidia sea que nos aleja de nuestro centro creador y eso nos puede llevar al bloqueo literario. En definitiva: hace que dejemos de escribir.

Si la escritura es tan importante para ti, tan esencial en tu construcción como persona, si la convicción es tan fuerte de que ese es tu camino, si te parece un aprendizaje infinito no solo artístico sino personal, si diríais que tiene algo incluso de espiritual, es importante preguntarte qué estás buscando con la escritura.

Las fiestas literarias, las celebraciones, compartir tu arte, es algo maravilloso del mundo de los libros. Si además acaba de sucederte algo increíble, has publicado en tu editorial soñada, tu libro ha llegado a un montón de gente o acabas de firmar ejemplares por primera vez en una feria del libro, puede que te cueste dormir de la emoción. Todo eso es fantástico y desearlo es muy lícito.

Sin embargo, debes saber que la paz del artista se produce en el momento de la creación. Cuando estamos concentrados trabajando estamos completamente alineados con nuestra búsqueda. Por eso lo importante, más que buscar reconocimiento externo, es tratar de volver a nuestro origen, a nuestro centro, conectarnos con la emoción creadora, con un personaje, con una historia. Si existe un lugar seguro para el escritor, es ese. Cuando estamos ahí sentimos tal plenitud que los dardos de la envidia se vuelven inofensivos y esa emoción parece desaparecer.

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Acerca de los autores

Lucía Emmanuel, profesora de Escuela de Escritores - IMG300 - fotografía de Ático 26

Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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