Escrito por: JORGE CORRALES
A veces nos olvidamos de dónde vienen nuestras palabras y no solo en un sentido figurado, sino literal. En nuestro oficio trabajamos con herramientas como novela, verso, trama, pero no sabemos el origen de estas palabras y por qué las nombramos así. En este artículo intentaremos descubrir la etimología de los términos que más usamos en la escritura.
Hace unas semanas, me encontraba buscando en un diccionario etimológico una palabra que no tenía nada que ver con la literatura cuando me encontré con la historia del vocablo verso. Una de las historias etimológicas más bonitas que me he encontrado nunca:
Verso es como se decía en latín a las huellas que dejaba el arado sobre la tierra, algo así como surco. Se tomó este significado para verso, porque a los primeros escritores les pareció que las líneas que se trazaban sobre el papiro se parecían a los surcos que dejaban los bueyes y así, este racionamiento tan sencillo, pero tan apegado a la tierra, pasó a formar parte de la poética.
Por otro lado, el primer acto, y el más importante para todos los que trabajamos con literatura, leer, tiene también un significado cuando menos curioso. Viene de la base indoeuropea Leg- que dio lugar al verbo latín legere y que significaba una acción que da sentido a todo lo que hacemos: recolectar. Para los lectores de la edad antigua, lo que hacía un autor era recolectar palabras, es decir, ir recogiendo todas las ideas, historias, personajes que nos dejaba un autor para quedárnoslos dentro de nosotros. Es como si, volviendo al símil agrícola, el escritor sembrara una serie de semillas y los lectores, posteriormente, los recolectasen.
Siguiendo con esta idea de autor, su origen también dice mucho de aquellos que escribimos, porque autor proviene del verbo augeo que hacía referencia a la idea de hacer crecer, aumentar algo. Es decir, el autor es aquel que consigue hacer de una anécdota o una historia pequeña, algo grande, que merece la pena ser contada. Me gusta mucho esta idea de aumentar, porque es nuestra labor. Aunque sea un microrrelato, el objetivo del escritor es hacer que esa historia tenga la máxima importancia posible.
Y para ello tenemos que utilizar el relato, otra palabra muy importante en Escuela de Escritores y de la cuál, yo desconocía su significado original hasta que me he puesto a escribir este artículo. Relatus tiene el prefijo de reiteración re- porque se refiere a algo que vuelve a contarse. Es decir, un relato nació como un hecho que aconteció en la realidad y que, pasado el tiempo, volvía a relatarse para contar las mismas acciones que un día tuvieron lugar. Es interesante ver que el relato no pertenecía al mundo de la imaginación, sino al mundo real, es la ilusión de volver a recrear algo en la cabeza de otras personas que el autor o narrador vio en su momento. Incluso aunque fuera falso, para el receptor es totalmente real.
Y esta definición de relato entronca mucho con la idea de personaje. El otro día me contaba mi querida Chiki Fabregat que un momento que le encanta de dar talleres de escritura para niños es cuando les pregunta si puede existir una historia sin personaje y los niños le responde que sí, ella les reclama una historia en la que no existan personajes y los niños, después de varios intentos, aceptan que no, no puede haber historia sin personajes. Y esto es debido a que el personaje es una acepción exclusiva para diferenciar la ficción de la realidad. Personaje, que proviene del sustantivo griego πρόσωπον (persona), se refería a la máscara que utilizaban los actores griegos en las representaciones teatrales. Así, podían diferenciar a las dos personas que se constituían en el escenario, por un lado, el actor, la persona real y por otro, la máscara, es decir, el personaje.
Y hablando de teatro, esta es una de las etimologías literarias que más me gustan, porque Theatron en griego antiguo significaba lugar para ver. Es decir, no se hace alusión al lugar, sino a la acción. Por lo cual, un teatro podría ser cualquier lugar donde poder disfrutar de una actuación. Esto me hace pensar en las multitudes de lugares donde se han representado obras de teatro durante la historia, desde los carromatos de compañías itinerantes que pasaban por las plazas de los pueblos hasta los corrales de comedia en el siglo XVII. Estoy seguro de que los actores de estas obras soñaban con actuar con un teatro, pero lo que no sabían es que ya lo estaban haciendo, porque el mero hecho de actuar, sea donde sea, ya convierte a ese lugar en un teatro.
Por supuesto, si hablamos de teatro, tenemos que hablar de la palabra trama, las diferentes historias que se cuentan en una misma obra. Bueno, pues este significado es el mismo que se usaba en latín (y ahora en castellano también), pero de forma física. Porque una trama es un conjunto de hilos que se entretejen, tal y como suceden en nuestras narraciones. El telar del mundo físico se traspasa a nuestra obra para crear ese tejido tan particular que es la literatura.
Y para cerrar este compendio de etimologías literarias, me gustaría terminar con el término que más hemos utilizado en este artículo: palabra. El origen de palabra proviene del sustantivo parábola, que en su acepción latina venía a ser trazar un paralelismo con otra cosa, es decir, simbolizar algo. Porque eso es precisamente lo que hacemos los escritores, crear símbolos que representan otras realidades. Y para ello, las únicas herramientas que tenemos a mano son las palabras, por eso es tan importante conocer su origen.
Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).
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Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
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Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.
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Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).
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Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.
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