Los hábitos atómicos del escritor: algunos tips para el verano

Escrito por: LUCÍA EMMANUEL

Qué son los hábitos atómicos y cómo los descubrí

Después de más de un año acudiendo a la consulta de una nutricionista, he podido constatar algunas cosas que ya había observado en diferentes ámbitos de mi vida: que la motivación o la fuerza de voluntad no son suficientes para cambiar una mentalidad o comportamiento arraigado a lo largo de los años, que la vida tiene sus sube y baja y nunca va a mantenerse estable por mucho tiempo en una situación ideal y favorable con tus propósitos, que tomarse descansos y no hacer siempre “todo bien” es muy necesario, pero es importante saber volver al camino lo antes posible, y, la última de todas, directamente relacionada con este artículo: que lo pequeño cuenta y es acumulativo. 

Estoy hablando de alimentación, sí, pero también de escritura. Estoy hablando, básicamente, de cómo se comporta nuestra psicología frente a aquello que repetimos y repetimos constantemente un día tras otro: nuestros hábitos. 

Blog "Los hábitos atómicos del escritor" por Lucía Emmanuel - IMG915 Zoom

Después de haber probado seguir unos menús, haber instalado algunas buenas prácticas como comer más pescado y verduras a la semana, haber perdido peso y haberlo vuelto a ganar por el estrés de una mudanza, haber dejado el gimnasio al que no conseguía ir y haberme apuntado a bailar un día a la semana, haber observado mi ansiedad con la comida y esos momentos permisivos que se terminaban convirtiendo en días de «todo vale», haber constatado que desde que soy madre y no dispongo de mi tiempo, mi rutina es mucho más sedentaria… llegué a través de un libro que me recomendó mi nutricionista a los hábitos atómicos.

Hábitos atómicos es un libro superventas que trata sobre cómo nuestra vida está regida por nuestros hábitos y nos explica cómo podemos hacer para modelar nuestros hábitos hacia los propósitos deseados, esto es, cómo introducir buenos hábitos y quitar los malos. En definitiva, cómo las pequeñas cosas que hacemos día a día pueden suponer a la larga cambios significativos y eso se puede traducir también en nuestros proyectos artísticos. 

Antes de seguir con el artículo, quiero aclarar que no vengo a vender aquí ninguna técnica infalible ni milagrosa, pero sí diré que este libro me ha ayudado a desbloquear algunas barreras mentales, me ha quitado mucha ansiedad gracias a comprender los procesos y me ha hecho encontrar pequeños caminos por los que seguir cuando estaba estancada. También quiero comentar que, aunque el verano no parezca el mejor momento para establecer hábitos, ya que estamos lejos de nuestra rutina, a su vez libera ciertos espacios que permiten precisamente introducir cosas nuevas que podrían llegar para quedarse. 

No puedo resumir todo el libro, pero sí me gustaría extraer algunas ideas que pueden ser extrapolables para la escritura y dar algunos tips concretos para el verano. 

Lo pequeño cuenta y es acumulativo

Una de las primeras anécdotas que aparecen en el libro es el caso de un equipo de ciclismo que estaba en su peor momento hasta que llegó a sus vidas un nuevo entrenador y empezó a introducir muchas pequeñas mejoras, como un maillot que no tuviese tanto rozamiento con el aire, unos asientos más cómodos,… Con el paso de los meses y con mucho esfuerzo y trabajo, esas pequeñas mejoras empezaron a notarse y el equipo alcanzó los mejores resultados deportivos de su historia.

Un profesor del Máster de Narrativa nos dijo una vez que si queríamos ser escritores debíamos escribir todos los días durante varias horas. Ya en su momento, me pareció casi imposible, ahora que tengo un trabajo a tiempo completo, estoy maternando y paso sola con mi hijo algunos fines de semana, eso es una utopía completa. ¿Significa que como no dispongo de demasiado tiempo ya no puedo escribir? En absoluto. De hecho, si he conseguido sacar adelante proyectos literarios, ha sido por dos motivos principales: persistir con el tiempo y juntar los pequeños trocitos de lo hecho a lo largo de muchos muchos días. O lo que yo llamo “hacer la hormiguita”. Y es que la escritura me ha enseñado que todo lo que se hace sirve en algún momento. 

En mi camino saludable, desde que leí el libro me suelo tomar el café a quince minutos andando del cole de mi hijo, en lugar de al lado del cole, y hago diez minutos de ejercicio todas las noches y todos los días saco de casa una manzana para merendar. 

Para instalar un nuevo hábito, es muy importante que aquello que se haga nos tome muy pocos minutos al día y requiera muy poco esfuerzo. Porque algo sencillo de hacer es mucho más probable que se instale que algo que requiera más esfuerzo y, con el tiempo, los beneficios de esa pequeña acción te pueden llevar a que esos hábitos tomen más forma, peso y tiempo en tu vida. 

Tip para el verano:

  • Haz una lista de pequeñas cosas que podrías hacer en tu camino de la escritura y ponerlas en práctica este verano. Por ejemplo: escribir páginas matutinas durante diez minutos, leer quince minutos al día, hacer un reto al día de algún libro de escritura o anotar ideas nuevas durante cinco minutos al día. Aprovecha que tu rutina se va a ver removida durante el verano para probar cosas nuevas. 

Las cuatro leyes para instalar un buen hábito

Hábitos atómicos señala que para crear un buen hábito hay que cumplir las siguientes leyes: hacerlo obvio, atractivo, sencillo y satisfactorio. 

Supongo que quien escribe es porque le resulta algo atractivo y satisfactorio, sin embargo, introducir una dinámica regular de escritura en tu vida puede no resultar tan obvio o tan sencillo. 

Algunos consejos de James Clear, el autor de Hábitos atómicos, para hacer algo obvio y sencillo son: 

  • Llevar un registro de hábitos para observar tu conducta y ver dónde puedes hacer pequeñas modificaciones.
  • Hacer anotaciones con intención de implementación. Esto sería, darle a los nuevos hábitos un lugar y una hora precisa. 
  • Establecer una “serie de hábitos” donde los nuevos hábitos se enlacen con los antiguos. Por ejemplo, después de levantarme y ducharme, voy a escribir diez minutos todos los días antes de tomarme el café. 
  • Diseñar el espacio para que sea favorable con el nuevo hábito que quieres establecer. ¿Que quieres sentarte a escribir todos los días? Pues deja la mesa preparada la noche anterior. ¿Que quieres leer más? Pues deja libros en diferentes rincones de la casa. ¿Que quieres dedicar un rato al día a pensar en tu nueva novela? Pues coloca el corcho con posits sobre tus personajes bien visible delante de la mesa del comedor.

Igual que es más fácil que vayamos al supermercado que está cerca de casa, que quedemos con alguien que tiene nuestros mismos horarios o está en nuestra misma fase vital o que comamos más fruta si previamente la hemos dejado preparada en la nevera, lavada y cortada. 

Al fin y al cabo, no son otra cosa que la repetición de caminos aprendidos que nos funcionan porque son sencillos de llevar a cabo. 

Tip para el verano:

  • Recoge un registro de hábitos de escritura que has tenido durante el curso y piensa qué es lo que más has echado en falta. Elige un hábito concreto que desees implementar este verano y dale un espacio, un tiempo, un lugar y un momento concreto dentro de tu nueva rutina veraniega. Elige un proyecto nuevo para explorar en verano, practica escritura libre, haz ese curso que tanto te gusta y no has tenido tiempo de hacer… lo que sea que te produzca placer.

Las cuatro leyes para quitar un mal hábito

Si lo que queremos es eliminar (o reducir al máximo) un hábito no deseado, hay que seguir las siguientes leyes: hacerlo invisible, poco atractivo, difícil e insatisfactorio.

¿Que no quieres comer galletas en casa? No las compres. ¿Que quieres consultar menos las redes sociales? Instálate una aplicación que limite el tiempo. ¿Que no quieres ver la tele por inercia? Pues desenchúfala después de verla y quítale las pilas al mando. O, si lo prefieres, sustituye la tele por un proyector, que hará que cada vez que quieras verla tengas que encenderlo, conectarlo a un dispositivo, etc… 

Todos los escritores que conozco acusan siempre de falta de tiempo para escribir o para leer y, es verdad, en este mundo atropellado siempre falta tiempo para todo aquello que tenga que ver con la creatividad. Pero también es verdad que perdemos mucho tiempo en cosas debido a los tiempos que corren: estamos al día de todas las series, miramos el teléfono por inercia y perdemos horas y horas en redes sociales…

Por otro lado, casi todos los escritores que conozco están obsesionados con encontrar el equilibrio vital que les permita poder seguir escribiendo. Esto, inevitablemente, pasa por evaluar la vida en su conjunto y darnos cuenta de aquellas actividades que nos están quitando tiempo de escritura y de lectura o de aquellas malas prácticas que nos influyen directamente en la escritura. Si nos acostamos tarde y dormimos poco, eso repercute en nuestra energía. Si tratamos de estar hiperconectados y responder al minuto a todas las demandas, estamos alimentando una fuente de estrés que nos aleja de nuestra esfera creativa. Si nuestra vida es una acumulación infinita de tareas y nunca nos permitimos aburrirnos o disfrutar del no hacer, difícilmente habrá espacio para que fluya la imaginación y las ideas. Si nuestra alimentación es insana y nuestro modo de vida excesivamente sedentario, eso repercute en el estado de nuestro cuerpo, nuestra autoestima y nuestra confianza, seguramente en detrimento de aquello que más nos gusta hacer: escribir.

Si bien el verano nos saca de las rutinas que nos ordenan la vida, también es verdad que nos alejan de nuestras acciones viciadas y pueden ser la ocasión perfecta para desconectarnos de lo tecnológico, ya que tal vez estamos en otro lugar (o en el mismo de siempre, pero con otros planes y otras temperaturas), no vemos tanto la tele, no nos apetece consultar tanto móvil, no está tan mal visto no dar tantas señales de vida.

Tip para el verano:

  • Aprovecha la desconexión tecnológica como impulso para conectar con actividades que fomenten la imaginación, la creatividad o el bienestar. Sal a pasear todas las noches por la playa, nada diez minutos al día, bájate al parque con un libro por las tardes, practica meditación o yoga cinco minutos por la mañana y, si tienes niños y no puedes hacer ninguna de esas cosas durante el día, traslada ese momento intransferible para ti a esas en las horas últimas del día en que ya están dormidos o llega a acuerdos familiares para poder regarlarte esos momentos.

Cuando termine el verano, piensa cuál de los hábitos o pequeñas acciones nuevas han podido llegar para quedarse.

Disfruta de comer helados y de las frutas veraniegas. 

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