Algunas reflexiones sobre la poesía infantil

Escrito por: JAVIER FONSECA

La poesía es un bombón relleno que sorprende al romperse en la boca, que despierta los sentidos y las emociones, hace sentir cosas que solo podemos explicar volviendo a ella, nos permite conectar con nuestro yo profundo. También es gozo estético —belleza— y mesa de juegos donde romper con las normas del lenguaje para recrear el mundo y los mundos interiores del poeta y del lector.

Publicaciones Blog Escuela de Escritores 'Al principio era el verso', por Javier Fonseca -IMG915

Es un plato exquisito del lenguaje. La tenemos siempre a mano, pero eso no quiere decir que llegue a todos. Es algo tan raro, tan extraño, que muchos seres humanos pasan por la vida sin llegar a degustarla. Y si bien es cierto que no a todos nos tiene por qué gustar lo mismo, no lo es menos que para rechazar algo hay que conocerlo. Ofrecer poesía a los niños es darles la oportunidad de conocerla para, más adelante, decidir si les gusta o no. 

La infancia es una etapa de descubrimiento, de emociones a flor de piel, de misterios y sensaciones que no podemos explicar, de goce, de juego, de locura, temeridad, pasión. En ella se disfruta con la provocación y la irreverencia. Ese es el espacio en el que se «cuece» la poesía infantil: la emoción, la provocación y el juego. 

Y es que somos animales poéticos. Antes incluso que ser reconocidos como personas o como ciudadanos de pleno de derecho. Porque escuchamos poesía desde antes de nacer: las caricias en el vientre de nuestra madre, sus latidos y los nuestros en diálogo… Y cuando nacemos, nos están esperando las nanas para dormir, las canciones de las abuelas, las retahílas…

La primera infancia, por tanto, es un terreno donde prende la poesía como los dientes de león: por todas partes. El niño crece contemplando, oyendo, saboreando, oliendo y palpando todo lo que tiene belleza o resulta atractivo. Se comunica con el mundo a través de los sentidos: toca, chupa, oye, mira… Y mucha de esa belleza toma forma de nombres, adjetivos, verbos… Se convierte en palabra, antes oída que pronunciada. Oye la voz de su madre, oye risas, gorjeos y «palmas palmitas, higos y castañitas…». Y responde a los estímulos gratos de «cinco lobitos tiene la loba…» con el giro de su mano o se ríe a carcajadas cuando lo mecen al ritmo de «aserrín, aserrán, las maderas de San Juan…». El niño conecta con el mundo oyendo y gozando la primera poesía de su vida. Esta y su hermana, la música, son las primeras expresiones artísticas, la primera aproximación a la belleza, que experimenta el ser humano. 

Porque la etapa infantil es un momento esencialmente de juego. A medida que crece, la relación del niño con el lenguaje se centra en lo lúdico, lo sonoro, y suele acompañarse con parafernalia que facilita la memorización. Es el momento de las jitanjáforas, las adivinanzas sencillas y la musicalidad en los versos. Se tratan temas que responden a la realidad y la experiencia de los lectores/as; estructuras gramaticales simples, composiciones humorísticas… Y todo ello con un marcado sentido del ritmo que aportará el patrón silábico y la rima elegida. Esto no quiere decir que no podamos escribir verso libre para estas edades. En todo caso, si optamos por este, será necesario recurrir y dar protagonismo a otros recursos rítmicos Nos apoyaremos en repeticiones, anáforas, jitanjáforas, aliteraciones… De un modo u otro, sí debe quedar claro y ser uniforme el modelo rítmico elegido. Lo que no podemos hacer es mezclar patrones aleatoriamente. Cualquier cambio de caballo a mitad del río va a provocar un extrañamiento, una ruptura que sacará del vaivén y la música del poema a nuestro público.

Con el tiempo, al ir adquiriéndose las habilidades lectoras, los niños y niñas se abren a la palabra escrita y descubren un mundo infinito de posibilidades de historias. Ya no necesitan de un intermediario que les introduzca en ellas, aunque siguen disfrutando —y nosotros también— compartiéndolas con los adultos. Poco a poco la lectura se hace una actividad más íntima y exigente. Los intereses y los gustos cambian y crecen, la experiencia vital también y con ella el campo de juegos. 

Para la poesía es un momento crítico. El niño que escuchaba y repetía con deleite los versos en su primera infancia ahora busca historias más elaboradas, no solo divertimentos, y ve abrirse un abanico interminable de posibilidades en forma de cuentos y novelas. Y los poemas no pueden competir narrativamente con ellos. Mantienen la frescura y el juego e incorporan un lenguaje de más nivel. Empieza a importar más el significado. Digamos que las ventanas por las que el lector puede asomarse al mundo se multiplican.

A esto se une un hándicap más: toca estudiar poesía. Y entonces, lo que era un juego se convierte en una experiencia nada placentera a través de textos muchas veces desconectados de la experiencia vital y sensibilidad infantiles; en una continuo análisis, cuenta de sílabas, revisión de estructuras, caza de metáforas… Todo esto puede llevar a que el lector infantil pierda su conexión lúdica y emocional con la poesía.

Pero no todo es negativo. La poesía sigue siendo un espacio de libertad. Y junto a esto, tiene a su favor la fuerza de lo directo, de lo que va enfilado a la emoción. Es en este momento cuando entra en juego con más fuerza la irreverencia, la provocación y la transgresión como herramientas para enganchar al lector infantil. Y por su puesto todo ello combinado con poesía más lírica, siempre cercana a su universo, que interpele y/o interprete sus emociones. Es el momento de sembrar en la tierra abonada de la primera infancia.  

Con las palabras nos relacionamos con el mundo, lo contamos, lo interpretamos… y también inventamos otros mundos. El juego más apasionante que podemos realizar con ellas es la poesía. Un poema nos permitirá hacer cosas con las palabras que nunca habríamos imaginado. Si la narrativa es su campo de juegos, la poesía es su parque temático. Es el lienzo donde mejor se siente la belleza.

La poesía infantil nos propone relacionarnos con una belleza despojada de su carácter inalcanzable, puro. Nos enseña que no hay que temer a la belleza de las palabras sino jugar, cantar, escuchar, interpretar, susurrar, crear con ellas…

Probarlas:

(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan;
es decir,
con la boca)

Me basta así
Ángel González

Acerca de los autores

Javier Fonseca, profesor de Escuela de Escritores y del Máster de Poesía

Javier Fonseca

Autor de Literatura Infantil y Juvenil, con más de veinte publicaciones a su nombre o bajo seudónimo (Isaura Lee), entre ellas Pastel de moras, El visitante del otro lado, Zampalabras o Amigos imaginarios. En Escuela de Escritores imparte clases de LIJ y de escritura creativa y relato para jóvenes y adultos, de proyectos y LIJ en el Curso de especialización en la enseñanza de Escritura Creativa y de Poesía Infantil en el Máster de Poesía. desde 2014 es responsable de las recomendaciones de LIJ de la revista cultural Adiós.

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Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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