En defensa de los saraos

Escrito por: ALEJANDRO MARCOS

Como todo buen escritor, me muevo siempre entre la confianza máxima y el mayor de los síndromes del impostor. Ya hablamos de que la escritura es parecida a una montaña rusa en otra ocasión, pero no deja de maravillarme lo rápido que puede pasarse de un extremo al otro en determinadas ocasiones.

Reconozco que no soy de los que normalmente se piensan que están haciendo algo extraordinario con sus libros y que todo el mundo debería leerlos. Sé hasta dónde llega mi talento y lo más normal es que siempre considere que estoy mejor en un segundo plano que expuesto a críticas derivadas de muchas ventas.

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Todo eso lo dejo ver claramente en situaciones en las que me relaciono con otros escritores. En situaciones como ferias o festivales, lo más normal es que no salude a casi nadie a no ser que esa persona lo haga primero o que ya hayamos tenido contacto con anterioridad. Y no se debe tanto a timidez (aunque también), sino a sentirme pequeñito. Incluso evito saludar a gente que positivamente sé que me conoce para no hacerles pasar incomodidad si no se acuerdan de mí. 

Al final siempre acabo estos eventos en los que no hablo con nadie arrepentido y diciéndome que para la siguiente vez seré un poco más echado para adelante. Porque, al final, cuando me atrevo, siempre son buenas experiencias. Hay gente que se acerca a saludarme y conozco gente nueva y maravillosa. Nunca es un error acercarme a hablar con alguien, aunque no me conozcan. Mi experiencia es que normalmente en esas situaciones la gente suele ser agradable y me he llevado más de una sorpresa con gente que sí sabía quién era yo.

Me cuesta ir a estos eventos (¿qué punto yo allí?), pero jamás me he arrepentido de ir a alguno de ellos. 

Por desgracia, lo queramos o no, la verdad es que ayuda y beneficia a nuestra carrera como escritores. 

Pero hoy no quiero defender esa parte más productiva de las reuniones de escritores, sino la parte más social y psicológica. 

Porque, como ya sabéis porque os lo he dicho muchas veces, el trabajo del escritor es un trabajo solitario y nunca viene mal compartir penas con otros que padecen los mismos tormentos que tú. 

Aunque lo cierto es que no se suele lloriquear mucho en estos eventos, pero sí se comparten situaciones y contextos que pueden ayudarnos en el futuro.

A veces, incluso, de lo que menos se habla es de literatura, pero eso es genial también, sobre todo cuando encuentras a gente a la que admiras y compruebas que son personas como tú.

En general todos estos intercambios lo que hacen es llenarme de energía y de creatividad. Hay ocasiones en las que vuelvo a casa un poco pequeñito porque a pesar de haber compartido espacio con esas otras personas, sigo sintiendo que estoy a otro nivel mucho más bajo. Mi saboteador interno aprovecha para decirme que todas esas interacciones han sido fingidas y que solo he molestado. Es muy complicado separar las emociones de la escritura y a veces corremos el riesgo de que nos pasen estás cosas.

Sin embargo, a pesar de esos pocos días, con el tiempo, la experiencia acaba llevando la contraria a mi saboteador. Hay gente idiota en el mundillo, qué duda cabe, y alguna que otra decepción me he llevado al conocer gente, pero lo cierto es que no es la tónica general. Casi todo el mundo tiene una sonrisa, una palabra amable y verdadero interés en compartir. Al fin y al cabo, es la finalidad de estos eventos.

Y una vez perdido el primer miedo, es más fácil dar otro paso y otro más. Cuando mejor me lo he pasado, ha sido cuando me he olvidado de tratar de impresionar a otros escritores. Es algo muy fácil para mí ya que no suelo hablar de mi faceta de escritor a no ser que me pregunten. En persona, claro, por escrito ya sabéis que es todo lo contrario. 

La humildad es fundamental en estos acercamientos, o eso considero yo. Y una buena cura de humildad siempre es acudir a estas ferias y festivales para conocer gente. A veces te sorprende conocer a una persona cuyos libros ni siquiera sabías que existían o que escribe algo completamente alejado a lo que escribes tú. Y esos intercambios son oro. Ya no hablo aquí de acercarte a escritores que admiras, sino al revés, de mezclarte con gente que está un paso por detrás de ti. Porque sí, siempre hay alguien que está un paso por detrás de ti y que le encantaría haber logrado lo que tú has logrado, por pequeño que sea (o que sientas que es). Y esa gente puede aportarte muchísimo. No ya a nivel de escritor, que también, sino a nivel personal. Y recordad que nosotros trabajamos con las emociones. Además, nunca viene mal recordar el camino que hemos recorrido, los sitios por los que hemos pasado nosotros.

En general, mis experiencias son buenas en ambos sentidos casi siempre. Sin embargo, me sigue costando horrores moverme en esos entornos. Creo que poco a poco, con los refuerzos positivos, me voy soltando más. 

Supongo que lo que quiero decir con este artículo es que no seáis como yo. No me refiero a que vayáis agobiando a otros escritores o que les lancéis vuestro libro a la cara (por favor, no persigas a un escritor con tu libro y, si no os lo piden, no le deis vuestro libro), sino a que os acerquéis a saludar siempre que la situación se preste a ello. Lo normal es que todo el mundo sea agradable si nos encontramos en un entorno distendido de intercambio social. Y, de nuevo, tratad siempre por igual a aquellos que se encuentren en una posición más cómoda en el mundillo como a los que están empezando. 

Aunque a veces pueda hacer que sobrepensemos o que nuestro saboteador interno nos la quiera jugar, os aseguro que merecerá mucho la pena el intento. Eso sí, siempre que se realice desde la humildad y las ganas de compartir.

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Acerca de los autores

Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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Jorge Corrales

Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Autor de las novelas Las chicas del muro (Ediciones B) y El escritor y la espía (Planeta).

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Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Lucía Emmanuel

Licenciada en Física y Máster en Cultura Científica e Innovación. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores. Imparte talleres de poesía y de metáfora y fue alumna de la IX Promoción del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. En 2019 participó en el curso europeo de formación de profesorado de la EACWP. En 2021 publicó su primer poemario, Muro con buganvilla, con la editorial Amargord, reeditado en 2024 por Buenos Aires Poetry. Coeditora y coautora de Escribir Poesía (Páginas de Espuma, 2025).

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Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil. Tama Puia: Los hijos del volcán es su última novela.

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