Escribir historias de mierda

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Escrito por: ALEJANDRO MARCOS

Hoy os quiero hablar de un miedo común que tenemos muchos escritores y que tiene que ver, cómo no, con nuestro querido síndrome del impostor. Hace unos días, una alumna me confió que le preocupaba estar escribiendo una historia de mierda que no le interesara a nadie. Después de asegurarle que eso no era así y que su historia no tenía nada de malo, le dije que tampoco hubiera pasado nada malo si en efecto estuviera escribiendo una historia de mierda.

Entendemos que una historia de mierda es aquella que no le interesa a nadie, cuya calidad literaria es mediocre (o mala) y que se parece, o directamente es una mala copia, de otras historias que ya han sido contadas previamente. No parece una historia que nadie en su sano juicio quisiera escribir, ¿no? Bueno, pues yo creo que las historias de mierda son completamente necesarias para el desarrollo de un escritor. Son imprescindibles, de hecho.

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Cuando estamos aprendiendo a escribir es importante practicar y tener textos terminados antes de lanzarnos con un proyecto que sea un poco más largo o que tenga una importancia mayor para nosotros. Es inevitable muchas veces sentir una conexión emocional con aquello que escribimos y por eso nos cuesta tanto entender que estamos escribiendo algo intermedio, una práctica, un ejercicio, no una obra maestra.

Muchos elementos de mis novelas publicadas están rescatados de otras obras que no llegaron a ser más que esbozos o que se convirtieron en un vertedero de letras. Y sin esas historias yo no hubiera tenido la experiencia y la pericia necesaria para escribir mis otras historias ni hubiera encontrado algunos de los hallazgos que después emplee más adelante. Muchas historias son de exploración, de descubrimiento. No siempre necesitamos escribir para buscar la excelencia o para buscar una publicación.

Además, esas historias que nosotros creemos que son de mierda muchas veces están juzgadas con parcialidad por nuestras inseguridades y nuestro síndrome del impostor. Si algo nos resulta fácil o lo estamos disfrutando (o al revés, si nos resulta complicado y estamos peleando cada palabra) será que algo estaremos haciendo mal.

Tendemos a pensar que aquello que nos interesa no tiene por qué interesarle a los demás. Y es precisamente al contrario. Solo cuando algo nos interesa de verdad y nos apasiona, podemos contagiarle ese entusiasmo y ese interés a los demás. Me encanta que mis amigos me hablen de aquellas cosas que les gustan, aunque yo no tenga ni idea de ellas, porque me las hacen interesantes. Me pasa con un amigo mío que es muy aficionado al ciclismo. Yo no tengo ni idea de bicicletas, pero podría pasarme horas hablando con él de ellas. Y eso es todo porque a él le apasionan.

Eso mismo sucede con las historias. Estoy convencido que muchas de las novelas que habéis leído durante vuestra vida tratan de temas a los que jamás os hubierais acercado de manera voluntaria y, sin embargo, habéis empatizado perfectamente con ella y os han acabado gustando. Y no solo con los temas. Si como escritores estamos interesados y sentimos pasión por una trama o por unos personajes, eso se va a reflejar en la escritura. Lo queramos o no.

Por eso, lo mejor que podemos hacer es no preocuparnos por si estamos escribiendo historias de mierda o no, sino por sentir que aquello que estamos escribiendo es lo que realmente queremos escribir. Eso y formarnos para transmitir esa historia con la mayor calidad literaria, evidentemente. Una vez salimos de ahí, el trabajo ya no es nuestro. Lo que le suceda a una historia después de ser escrita depende de muchos factores y la mayoría son ajenos a la propia historia en sí.

Dicho así suena estupendo y hasta sencillo, pero es algo que cuesta interiorizar y que siempre acecha, sobre todo cuando estamos comenzando una historia o acabando el primer borrador.

Además, la cosa no acaba cuando ya tenemos varios libros publicados y cierta experiencia como escritores. Qué va. Escribir es una montaña rusa y hay temporadas de creatividad y conexión con la escritura, otras de dique seco (de esto ya os hablé) y otras en las que parecerá que hemos dado un paso atrás con todo lo que hemos aprendido.

A veces sentimos que nuestra historia es una mierda porque sentimos que no se entiende, que no es bonita o que no tiene ritmo. Habrá ocasiones en las que alguna de esas percepciones sea cierta, evidentemente, y tendremos que tener la vista lo suficientemente afinada como para saber distinguir esos errores, pero en general se tratará de otra triquiñuela de nuestras inseguridades.

Me pasa lo mismo con los idiomas. A medida que más me adentro en el aprendizaje de un idioma, mayor sensación de que no entiendo nada tengo. Es como si en lugar de seguir aprendido a hablar inglés o seguir mejorando, cada vez lo hablara peor. Y es algo normal en según qué aprendizajes porque somos más conscientes de lo que ignoramos y lo que nos queda por aprender. Pero en ningún caso estamos dando pasos hacia atrás.

Si acaso, el único paso hacia atrás que debemos dar es aquel que nos permita observar nuestra historia de una forma más objetiva, sin dejarnos llevar por nuestras conexiones emocionales ni nuestros sentimientos hacia ella. Es la única manera de saber si esas inseguridades solo son miedos o de verdad hay algo que podamos hacer para mejorar nuestra historia.

Dicho todo esto, yo reivindico las historias de mierda porque sin ellas no habría evolución ni aprendizaje, porque ellas nos ayudan a tener menos presión a la hora de escribir, nos ayudan a escribir libremente y de una forma más disfrutable. Escribamos historias de mierda. Si alguna vez estamos destinados a escribir algo grande o algo especialmente bueno, creo realmente que será mientras estamos escribiendo una historia con la que seguramente dudemos de si a alguien le va a interesar. Las otras son historias escritas con la cabeza (no con la emoción) y eso casi nunca sale bien.

Acerca del autor

Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG675

Alejandro Marcos

Coordina los Departamentos de Formación, Calidad y Relaciones Internacionales. Además, junto a Chiki Fabregat, se encarga del posgrado de formación de profesores. Imparte cursos de escritura desde 2012, es profesor, junto a Javier Sagarna, de la asignatura de Proyectos del Máster de Narrativa. Escribe acerca de narrativa en el blog de la Escuela y codirige, con Daniel Montoya, nuestro podcast. Desde 2019 trabaja como Project Manager en el proyecto CELA.

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