I Palabras y emociones

4 de diciembre, 2012

Finalizado el plazo para la votación del público y reunido el Jurado del certamen de Relato corto Palabras y emociones, organizado por el Instituto Galene y Escuela de Escritores, se acordaron otorgar los siguientes premios: Premio del Público, con 88 votos, al relato Andares, presentado a concurso por Bárbara Sanchiz Cameselle; Premio del Jurado, por unanimidad de su cuatro miembros, al relato Andares de Bárbara Sanchiz Cameselle.


Acta del concurso

Finalizado el plazo de recepción de los trabajos enviados al Concurso de Relato corto “Palabras y emociones”, se habían recibido un total de 99 relatos que cumplían los requisitos de las bases. Estos textos fueron objeto de una primera lectura por parte del claustro de profesores de Escuela de Escritores, en la que se seleccionaron los siguientes tres relatos finalistas:

  • “Andares”, presentado a concurso bajo el pseudónimo Anne Bonny y cuya autora es Bárbara Sanchiz Cameselle.
  • “Estoy contento”, presentado a concurso bajo el pseudónimo Ungaretti y cuyo autor es Salvador Blanco Luque.
  • “Últimos momentos”, presentado a concurso bajo el pseudónimo Izzy y cuya autora es Isabel Coronado Díaz.

Estos tres relatos se sometieron a votación del público entre los días 20 y 27 de noviembre con el siguiente resultado:

  • 88 votos para el relato “Andares”.
  • 53 votos para el relato “Estoy contento”.
  • 10 votos para el relato “Últimos momentos”.

“Andares”, presentado a concurso por Bárbara Sanchiz Cameselle recibirá el Premio del Público del Concurso de Relato corto “Palabras y emociones”: podrá elegir entre un curso de escritura trimestral a través de Internet en Escuela de Escritores o un curso online de “Experto en Psicopatología y Psicodiagnóstico” del Instituto Galene.

Estos tres relatos finalistas fueron objeto de discusión y valoración por parte de los miembros del Jurado del certamen, formado por Macarena Chías Ojembarrena y José Zurita Díaz, directores del Instituto Galene, y los profesores de Escuela de Escritores Ignacio Ferrando y Germán Solís, que acordaron por unanimidad otorgar el Premio del Jurado al relato ?Andares?, presentado a concurso por Bárbara Sanchiz Cameselle.

El Jurado quiere felicitar a los ganadores y a los finalistas, así como a los 99 autores participantes, por el trabajo realizado y agradecerles su participación.


Ganador

Bárbara Sanchiz Cameselle
Andares
El martes no puedo venir, me dijo, tengo psicoterapia, a partir de ahora vendré los miércoles. Después me dio un beso y me dejó allí, como cada martes, desnuda sobre la cama. Me quedé sola pensando que “ahora” follaríamos los miércoles.

Aún tumbada, miré por el ventanal que había junto a mi cama. Me gustaba ver cómo su silueta desaparecía al bajar la calle, con sus andares de oso, como si pensara demasiado dónde pone cada pie. Camina raro, me dije, y lo imaginé en el psicoanalista, contándole lo que me decía después del orgasmo de que su mujer le hacía la vida imposible y esas cosas en las que yo asentía, pero no escuchaba. Esos rollos no interesan a nadie, estoy casi segura de que ni siquiera a los psicoanalistas. Se me ocurrió que si yo fuese psicoanalista, primero follaría con el paciente y, luego, me quedaría mirando por la ventana, porque mi gabinete tendría una ventana, asintiendo sin escuchar, pero estudiando cómo camina la gente en la calle. Eso sí que es interesante. Si acaso les haría andar mientras hablan y observaría con minuciosidad cómo echan una pierna hacia delante, cómo apoyan el pie y se impulsan para estirar la otra antes de plantar el otro pie. Es un acto muy curioso en el que nadie se fija. La gente anda raro, a lo avestruz o a lo hormiga, mecánicamente o dando saltitos, así, hacia delante, creyendo saber a dónde van, aunque estoy convencida de que ninguno lo sabe.

No soy guapa. Pero él decía que follaba bien. Sería eso. En ocasiones, mientras observaba los andares raros de la gente cuando se iba, me preguntaba por qué me dejaba follar todos los martes. Quizá, con el cambio a los miércoles, era hora de pedirle que me dejase veinte pavos por cada: ¡oh, nena, qué gusto! Lo pensé. Después, como siempre, me entraron ganas de ir al baño. Así que me levanté y fui como los cangrejos. Lo hacía a menudo. Lo de andar así. Tampoco sabía por qué. Y a pesar de conocer perfectamente los recovecos de mi casa, antes de llegar, me tropezaba con los quicios de las puertas y otras cosas. Incluso volvía a la cama caminando hacia atrás. Es más emocionante o una tontería. Yo qué sé. Luego, solía cubrirme con el edredón, pero dejaba un agujerito para seguir mirando por la ventana. Nunca descubrí a nadie que caminase sin mirar. Esa mañana también pensé que quizá fuera yo la que debería ir al psicoanalista andando así. Aunque estaba segura de que eso no interesaría tanto como lo de que por qué follaba con un oso los martes. Pero yo no tenía respuestas. Solo sabía que me abrazaba con sus enormes brazos, que se ponía encima de mí, me atrapaba sin posible escapatoria, como si no existiese otro martes. Y, entonces, solo entonces, dejaba de preguntarme por qué la gente anda raro.

“La felicidad no es una posada en el camino,
sino una forma de caminar en la vida.”
Viktor Frankl

Finalistas

Salvador Blanco Luque
Estoy contento
Los martes no puedo venir —me dijo—, tengo psicoterapia. Semanas después, mientras nos comíamos un helado de chocolate con Lacasitos, en ese parque que me gusta tanto, me dijo que había cambiado la psicoterapia por clases de salsa, pero que aún así, el horario no le permitía llevarme al entrenamiento, que lo sentía, que sabía lo mucho que me gustaba el fútbol y lo bueno que era, pero que no podía, era imposible. Y yo no es que me enfadase, no es eso, mamá. Me alegraba mucho de ver a papá feliz. Me gusta ver a papá contento.

Al mes siguiente, casi al final de la temporada y cuando estábamos a punto de clasificarnos para la copa, me dijo, muy triste, es verdad que estaba triste porque tenía la barbilla apretada y ese agujerillo que se le forma en el centro cuando papá está triste, ¿tú sabes cuál es, verdad, mamá? Me dijo que los jueves tampoco podría llevarme al entrenamiento porque debía asistir a las clases de salsa, nivel avanzado. Antes de marcharse adoptó esa pose de boxeador que solo hace conmigo, ¿sabes cuál es, verdad, mamá?, pues esa, me golpeó el hombro y me dijo que era un máquina, que seguro marcaba dos o tres goles el próximo partido. Le dije que no pasaba nada, que bailaba muy bien. Es verdad, mamá. ¡Papá, baila súper bien! Yo le he visto bailar en el salón de su casa con esa mujer, los fines de semana que me he quedado a dormir con él. ¡Qué bien baila!, alza los brazos, gira para un lado, para el otro, agarra a la mujer y la sube hasta el techo? Y ellos se ríen mucho y se abrazan y se dan besos y yo también me río.

Me gusta ver a papá contento. No me gustaba verle enfadado y triste como antes. Ahora está contento, aunque no pueda llevarme al entrenamiento y las dos últimas semanas no haya podido venir a verme jugar el partido del sábado. Aún así, me gusta que esté contento. Aunque cuando marqué el gol que nos clasificó para la copa no estuviese en la grada, aplaudiéndome y riendo y levantando los brazos como antes, como hace ahora cuando baila. Me gusta ver a papá reírse y ser feliz cuando marco goles, me gusta mucho. Yo solo quiero que papá esté contento, mamá. Y ahora lo está y yo también estoy contento, y también estoy muy contento porque tú también estás contenta y me haces unos dulces muy ricos los sábados. Pero mamá, si papá y tú estáis contentos, y yo también estoy contento. ¿Por qué? ¿Tú sabes por qué ya no me gusta el fútbol como antes?

Isabel Coronado
Últimos momentos
Los martes no puedo venir —me dijo—, tengo psicoterapia. Fue por eso que atrasamos el fin del mundo hasta el miércoles. Yo no entendí su necesidad de ir a terapia un día antes de que se acabe el mundo, él simplemente dijo que lo necesitaba, que era por su propio bienestar; y aunque yo no terminé de comprender el porqué, lo acepté. Honestamente me sentí decepcionado, martes hubiera sido un muy buen día para el fin, era la fecha perfecta, supongo que tengo que conformarme con lo que es y no pensar en lo que hubiera podido ser.

Y, como cualquier otro plazo que ha existido o existirá, el día llegó. Nos preparamos de forma minuciosa, nos alimentamos sustanciosamente, una muy buena última comida; tomamos el suficiente líquido, como para no sentir sed por un tiempo relativamente prolongado; nos vestimos adecuadamente, ropa cómoda pero un tanto elegante, calzado que permita el libre movimiento y además sea resistente; nos hicimos de unas linternas, por cualquier cosa, nunca se sabe cuando se puedan necesitar, en fin, reunimos todo el material que pudiera contribuir a encarar de la mejor manera el suceso que estaba por llegar.

Claro que también hubo despedidas, que me hicieron recordar cuanto las odio, últimos abrazos, últimos besos, últimas palabras, últimos consejos, personas llorando, personas riendo, personas pidiendo perdón y personas otorgándolo, la nuestra fue una despedida en forma, tal y como debe de ser, sin ningún elemento faltante.

Después de tan emotivo momento, nos dirigimos directamente hacia el fin, sin voltear atrás, sin titubear, estábamos preparados o al menos eso pensábamos. Al llegar al lugar acordado, todo el peso de lo que estaba a punto de ocurrir cayó sobre mis hombros, las dudas y las añoranzas ocuparon totalmente mis pensamientos, los abrazos y los besos no dados, las palabras no dichas, las personas que ya no volvería a ver, sabía que ya no había marcha atrás, el fin iba a llegar, pero fue en estos últimos minutos cuando verdaderamente comprendí lo que significaba. Al ver a mi compañero de esta última aventura, sentí envidia de él, se veía tan calmado, no parecía tener algún remordimiento, él verdaderamente estaba listo. En ese momento desee haber ido, como él, a psicoterapia los martes. Nuestras miradas se encontraron por una última vez, él estaba sonriendo, a través de esa sonrisa me transmitió toda su tranquilidad. Y, a la señal acordada el fin comenzó.