Una historia en evolución

Concurso de microrrelatos

Concurso de microrrelatos: "Una historia en evolución" 2025 -IMG1024
Bases de concurso Microrrelato

Una historia en evolución

Concurso de microrrelatos

Certamen

La evolución de la especie humana es una historia de cambio permanente, o, mejor dicho, las historias de millones de individuos que enlazan un final abierto tras otro para continuar un relato de vida donde lo dejó su antepasado.

El Museo de la Evolución Humana (MEH) y Escuela de Escritores te invitan a celebrar el XV aniversario del museo uniéndote a esta historia en el concurso de microcuentos Una historia en evolución.

Este relato comienza hace 40.000 años en la sierra de Atapuerca de la mano del escritor Lorenzo Silva, que imagina el encuentro de nuestros dos protagonistas, Nea y Sap. Buscamos los mejores microrrelatos que, con un máximo de 100 palabras, completen esta historia compartida, que es la historia de todos. 

El ganador recibirá 1.500 euros, una visita guiada a los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca y al MEH, y un curso online de un mes en Escuela de Escritores. También premiaremos con 500 euros, una visita a los yacimientos, al museo y un curso presencial en la Escuela de Escritores de Burgos al mejor microrrelato presentado por los residentes en esta provincia.

Acta del jurado

El jurado de la primera edición del concurso de microrrelatos Una historia en evolución, presidido por Jesús Pérez Saiz, director de Escuela de Escritores de Burgos, y formado por un representante del Museo de la Evolución Humana y profesores del claustro de Escuela de Escritores, se reunió el martes 3 de junio de 2025 para seleccionar el microcuento ganador y los finalistas de las dos categorías de esta convocatoria en la que se presentaron 458 textos entre los pasados días 8 de abril y 8 de mayo de 2025.

Los microcuentos presentados a concurso debían continuar el siguiente microrrelato escrito por Lorenzo Silva:

Nea miró al Otro. Para simplificar, lo llamaremos Sap, aunque en ese momento, para
ella, era sólo eso: el Otro. Eran otras sus facciones, otra su complexión y, sobre todo,
otra su mirada. La luz que había en los ojos de él, aun pareciéndose a la de los suyos,
era distinta. A ratos, parecía más fría y astuta. A ratos, más ardiente e infantil. A falta
de sonidos que para ambos significaran lo mismo, tenían que arreglarse con eso. A Nea
le gustó lo que veía, a la vez que la inquietaba. Y sintió que a él le ocurría igual.

Todos los textos presentados fueron objeto de una primera lectura realizada por profesores del claustro de Escuela de Escritores, que seleccionó 15 textos: 10 en la categoría general, de la que se seleccionó un ganador y 9 finalistas, y 5 en la categoría para residentes en la provincia de Burgos, de la que se seleccionó un ganador y 4 finalistas, dejando por tanto desiertos los otros 5 previstos de esta categoría, por no encontrar textos de calidad suficiente para completar 10.

Estos 15 microrrelatos fueron evaluados en la reunión del jurado final, que se celebró el pasado 3 de junio y que acordó:

Declarar ganador del primer premio del concurso Una historia en evolución al microcuento titulado Intercambio, presentado a concurso por Sara Barberá Sánchez, de Torrejón de Ardoz (Madrid), que recibirá mil quinientos euros (1.500,00 €) en metálico, una visita guiada a los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca, una visita guiada al Museo de la Evolución Humana y una matrícula gratuita en un curso online de escritura de un mes de duración organizado por Escuela de Escritores durante el curso 2025/26.

Declarar ganador del premio especial para residentes en la provincia de Burgos del concurso Una historia en evolución al microcuento titulado La pintura, presentado a concurso por Víctor Eusebio Saiz Castaño, de Burgos, que recibirá quinientos euros (500,00 €) en metálico, una visita guiada a los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca, una visita guiada al Museo de la Evolución Humana y una matrícula gratuita en un curso presencial de escritura de un mes de duración en Escuela de Escritores de Burgos, durante el curso 2025/26.

Declarar como finalistas los siguientes 9 microrrelatos:

La otra Edad de Hielo, de Elena Bethencourt Rodríguez, de Playa de Los Cristianos
(Tenerife).
Involución, de Carlos Sánchez Salazar, de Zaragoza.
Viaje ancestral, de Nerea García García, de Lejona (Bizkaia).
El origen de todo, de Rosalía Guerrero Jordán, de Valencia.
Carne de hermano, de Carles de Castro Almirall, de Terrassa (Barcelona).
La franja, de Juan Antonio Morán Sanromán, de San Vicente del Monte (Cantabria).
Historia de piedras, de María Victoria Martínez Resina, de Ponferrada (León).
La evolución de Lía, de Maruja Torres Manrique, de Leganés (Madrid).
Te regalo el mar, de Ignacio Hormigo de la Puerta, de Isla Cristina (Huelva).

Los autores de estos 9 microrrelatos recibirán un curso online de escritura de un mes de duración organizado por Escuela de Escritores durante el curso 2025/26.

Declarar como finalistas de la categoría especial para residentes en la provincia de Burgos los siguientes 4 microrrelatos:

El encuentro, de María Cristina Casado Alcalde, de Burgos.
Tallándose un futuro, de Jesús Antonio Rodríguez Ibáñez, de Burgos.
Un paso adelante, de Sonia Marcos Naveira, de Burgos.
Más allá de la necesidad, de Roberto Porres García, de San Mamés de Burgos (Burgos).

Los autores de estos 4 microrrelatos recibirán un curso presencial de escritura de un
mes de duración en Escuela de Escritores de Burgos, durante el curso 2025/26.

Resolución

Inicio: 08/04/2025 12:00
Fin: 08/05/2025 23:59

Fallo: 12/06/2025 12:00

Primer premio: Intercambio, de Sara Barberá Sánchez

Nea alzó la mano. Sap imitó el gesto. Dedo con dedo, midieron la distancia del miedo.
Después, ella mostró una piedra tallada: afilada, precisa. Sap ofreció una cuerda
trenzada de fibras y saliva. Intercambiaron los objetos con solemnidad que ninguno
entendería hasta mucho después. Esa noche, junto al fuego, compartieron carne y

silencio. A la mañana siguiente, Nea se marchó. Sap volvió a su grupo con una
herramienta nueva y una palabra extraña en la boca. Nea con una mirada ajena
gestándose en su vientre.

Premio especial (provincia de Burgos): La pintura, de Víctor Eusebio Saiz Castaño

Las nubes cargadas se aconchan sobre el valle y Sap recoge del suelo una piedra negra
que mancha y huele a grasa podrida. Pinta trazos en el peñasco, unas líneas antojosas
y quebradizas. El dibujo esboza un mamut estrafalario: la cola roma, la cima picuda
que corona su cráneo, la trompa recia, los colmillos desmesurados y la barriga
engordada por la roca prominente. Nea se agacha y recoge del suelo un polvillo rojo en
el que escupe. Frota la untura por la panza que parece hincharse con el color.
Comienza a llover.

Finalista: La otra Edad de Hielo, de Elena Bethencourt Rodríguez

Compartieron fruta, hogueras y roces. Tuvieron dos hijos. Uno cazaba como ella, otro
pensaba como él. A su vez, esos hijos tuvieron descendencia. Pasaron siglos. Milenios.
Sus sangres mezcladas cruzaron glaciares, océanos y tierras. Su legado genético
continuó. Ganaron y perdieron batallas. Vivieron aventuras y desamores.
Y así, generación tras generación, ha seguido la cadena hasta llegar al presente, a la
pareja que formamos tú y yo: dos infelices que, desde hace meses, solo se comunican
con monosílabos, afilan sus lanzas, y no les queda fuego para reavivar el amor.

Finalista: Involución, de Carlos Sánchez Salazar

Nea cogió su smartphone y comenzó a teclear con fluidez gracias a unos pulgares
hiperdesarrollados fruto de siglos de evolución. Sap agachó su fornido cuello y dejó que lo envolviera el brillo que emanaba de su terminal, hipnotizado por lo que iba
apareciendo en la pantalla. Junto a unos caracteres, que no le eran del todo
desconocidos, aparecía un video de unos monos tocándose los genitales. Entonces Sap miró fijamente a Nea y ambos comenzaron a emitir unos gruñidos muy semejantes a la risa. Al mismo tiempo, al otro lado del río, un grupo de monos los observaban curiosos.

Finalista: Viaje ancestral, de Nerea García García

Sap alargó el brazo para establecer contacto. Ella, desconfiada pero fascinada, se aventuró a olfatear a cierta distancia ese extraño cuerpo vestido con una resbaladiza yvbrillante piel de color blanco. Alzó el dedo índice para tocar su rostro lampiño, pero
algo transparente y rígido que le cubría la cabeza se lo impidió. «Soy Sap» repetía él
señalándose el pecho. Pero ella, absorta por la curiosidad, y perdiendo toda cautela,
comenzó a acariciarle la sorprendente indumentaria. Fue entonces cuando Sap
decidió quitarse el casco presurizado y el traje, para reconocerse con Nea y respirar
juntos el aire de los antepasados.

Finalista: El origen de todo, de Rosalía Guerrero Jordán

Sap alargó la mano y acarició su rostro. Nea dio un paso atrás, pues nunca nadie la
había tocado así. Pero, ante la mirada inocente y sorprendida de Sap, acercó su cara y dejó que los dedos de Sap recorrieran su rostro. Mientras lo hacía, Sap acompañaba las caricias con un sonido, que Nea repitió.

Cuando consiguió pronunciarlo bien, Nea cogió una manzana de un árbol cercano y se
la ofreció a Sap, al tiempo que sus labios emitían una sílaba. Sap lo repitió. Ambos
rieron y, después, compartieron la manzana.

Enroscada en una rama, la serpiente les observaba.

Finalista: Carne de hermano, de Carles de Castro Almirall

Nea alargó la mano y Sap no retrocedió. Compartieron el muslo de un reno cocido al
punto. Él comía rápido; ella, con cierta cautela. Luego, Sap señaló los huesos
blanqueados que estaban junto al fuego en la entrada de la cueva. No eran de reno ni
de otro animal. Nea lo supo por la forma del cráneo. Por el silencio ensordecedor. Por
la sonrisa torpe que él le ofreció, como si no entendiera o no le importara. Nea sintió
hambre y miedo al mismo tiempo. Pensó en su hermana desaparecida. Y masticó
despacio y con delicadeza.

Finalista: La franja, de Juan Antonio Morán Sanromán

Nea, aunque sabe que ninguno la entiende, vocifera indignada. Les reprocha su
arrogancia. Su grupo lleva generaciones recorriendo el desfiladero para cazar, para
vivir. Les desafía con su lanza y les amenaza con romperles el cuello si tocan la pieza
que acaba de abatir. Solo desea continuar su camino.

Sap, con expresivos gestos, intenta convencerla de que lo mejor será que deje allí el jabalí, que salga del desfiladero y que se lleve a los suyos, que las cosas han cambiado. Ya sin confianza en encontrar términos que lo resuelvan, Ben prepara su arco para terminar con tanto aspaviento absurdo.

Finalista: Historia de piedras, de María Victoria Martínez Resina

No sentó nada, pero que nada bien la relación entre Nea y Sap. Unos decían que les habían robado una hembra y otros protestaban por tener que admitirla. Decidieron arreglarlo de la mejor manera posible: a pedradas. Poco importaba la relación que brotaba entre los jóvenes. Importaba el territorio, la caza, hacer mejores lanzas y flechas. En el pensamiento de un sabio surgió una idea: como sigamos así nos extinguimos…

Finalista: La evolución de Lía, de Maruja Torres Manrique

Cuando Lía activa ese antiguo texto de 1998 intenta imitar, sin conseguirlo, esas formas de mirar con luz de Sap. Le parece un poder extraordinario de atención conjunta que nunca experimentó.

Adora igualmente ver secuencias de humanos bailando, haciéndose nudos con el pelo o sacando de sus dedos una flor. Montones de gestos registrados que le eliminaron, al no mejorar la competitividad de su memoria.

Pero Lía no desiste. Quiere indagar en aquello que llamaron creatividad. Y ha probado a desconfigurarse, dejándose activos solamente un lenguaje exclamativo y la función de dibujar.

Y sorpresivamente ¡se ha puesto a tararear!

Finalista: Te regalo el mar, de Ignacio Hormigo de la Puerta

Subyugado por sus arrebatadores arcos superciliares y un prognatismo mediofacial
que encontraba sumamente atractivo, Sap sintió el impulso irrefrenable de regalarle a
aquella criatura su posesión más preciada, una caracola. El único recuerdo que
conservaba del hogar que había dejado atrás.

Nea la tomó entre sus manos, le dio vueltas, la olisqueó y, llevada por la curiosidad,
acabó por acercársela a la oreja. Pudo escuchar entonces el arrullo de un mar que
jamás llegaría a conocer. Una sonrisa le iluminó el rostro.

De haber nacido trescientos noventa y cinco siglos más tarde, Sap habría inmortalizado
aquella sonrisa en un soneto.

Finalista (provincia de Burgos): El encuentro, de María Cristina Casado Alcalde

Nea observa desde la cueva. El Otro camina erguido. Se cubre con pieles distintas.
Cuando sus miradas se cruzan, ambos se quedan quietos. Ella gruñe muy quedo: lo
amenaza; él deja en el suelo una figura pequeña, tallada en hueso, y retrocede. Nea
espera hasta que lo ve alejarse y sale para recogerla. La figura representa a una mujer
que se le parece, aunque Nea percibe que no se trata de ella como también intuye que
el Otro no está aquí para atacar. Al día siguiente, el Otro encuentra frutos secos junto a
la mujer de hueso.

Finalista (provincia de Burgos): Tallándose un futuro, de Jesús Antonio Rodríguez Ibáñez

Sap cogió dos piedras redondas y se las enseñó a Nea. Chocó una contra otra y
saltaron lascas. Buscó otras dos piedras y se las dio a ella. Nea las chocaba, pero no se
rompían. Se miraron. Sap decidió no renunciar a ella. Cogió las piedras y las tiró. Luego le acarició la cara, la cogió de la mano y tomaron el sendero que los llevaría a la cueva.
«A ver qué dicen mis padres cuando vean que no sabe tallar», pensó Sap.

Finalista (provincia de Burgos): Un paso adelante, de Sonia Marcos Naveira

Nea inspiró y extendió su brazo derecho. Después de una exhalación, y como si
quisiera tocar su reflejo en el agua, Sap hizo lo mismo con su brazo izquierdo. Una
chispa saltó entre sus dedos y Nea vio cosas que jamás comprendió. Vio a muchos
como Sap abalanzarse unos sobre otros. Vio caer piedras enormes que se convertían
en fuego al chocar con el suelo. También vio a dos niños que jugaban. Sus ojos estaban
llenos de algo que parecía ser esperanza. Nea tuvo miedo. Aun así, dio un paso
adelante y tocó la mano de Sap.

Finalista (provincia de Burgos): Más allá de la necesidad, de Roberto Porres García

Un solitario trueno fue el único aviso. El agua empapó sus pieles y el cierzo los enfrió cruelmente. Una pequeña cavidad sirvió como improvisado refugio. Encontraron los restos acartonados de un felino que utilizaron de inmediato para hacer un pequeño fuego. Se desnudaron rápidamente, desprendiéndose de la humedad y el frío. Sin disimulo observaron el cuerpo del otro, retirando la mirada cuando estas se encontraban. Compartieron su escasa comida junto a las llamas y, a medida que estas se reducían, se fueron aproximando con forzada indiferencia. Sólo los rescoldos los alejaban de la oscuridad cuando buscaron el calor humano.

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