Nos gustan las historias que acaban bien, y especialmente si tienen que ver con la salud (la nuestra, la de quienes nos rodean y hasta la de nuestros personajes). Pero nadie dijo que escribir desenlaces así fuera fácil: escribir sobre la felicidad sin repetir los tópicos mil veces dichos y las generalidades vacías de la menor emoción verdadera es un desafío irrenunciable para todo aquel que quiera ser escritor.
Por eso, en esta III edición del concurso 200 pulsaciones, en Roche Farma España y Escuela de Escritores buscamos el mejor microcuento donde la salud, sus profesionales y los pacientes sean los protagonistas de una historia con final feliz, y recompensamos vuestra creatividad con un premio a la altura del reto: 2.000 euros al mejor microcuento de 200 palabras.
Para hacéroslo un poco más fácil os proponemos esta frase de inicio con la que deberán comenzar todos los microrrelatos que se presenten al concurso: “Ahora ya no temía a las batas blancas”.
El jurado del concurso estará formado por profesores del claustro de Escuela de Escritores y presidido por Lorenzo Silva. Podrás mandar tu propuesta del 15 de octubre al 26 de noviembre de 2025.
Los tres microrrelatos ganadores recibirán los siguientes premios:
Además del premio en metálico, los tres recibirán un curso online de Escuela de Escritores.
Inicio: 15/10/2025 10:00
Fin: 26/11/2025 23:59
Fallo: 15/01/2026 12:00
Ya tenemos ganador en el III Concurso de Microrrelatos ‘200 pulsaciones’ que organizamos Roche Farma y Escuela de Escritores.
Nuestro jurado, presidido por Lorenzo Silva, ha elegido el microcuento titulado Hipótesis del buen paciente, presentado a concurso por Xavier Lama, de Santiago de Compostela, como el mejor de los ¡2.689 textos! presentados al concurso. Para él son los 2.000 euros del primer premio.
Los 1.500 euros del segundo premio se los lleva Lucía Angulo Castillo, de Madrid, por Los días buenos; Agujero de gusano, escrito por Antonio Tocornal Blanco, de Son Servera, ha sido el microrrelato clasificado en tercer lugar y premiado con 1.000 euros. El ganador y los finalistas recibirán además un curso de Escritura Creativa en Escuela de Escritores.
Desde Roche Farma y Escuela de Escritores queremos agradecer a todos los participantes la gran acogida que habéis dado a esta iniciativa y animaros a seguir expresando vuestras emociones a través de la creación literaria.
A continuación podéis leer los tres microrrelatos.
Ganador: Hipótesis del buen paciente, de Xavier Lama
Ahora ya no temía a las batas blancas. Había aprendido que, si uno respira frente al estetoscopio, el médico puede oír una crisálida luminosa palpitando entre las costillas. Antes de cruzar la puerta del consultorio alisaba sus miedos como quien plancha una sábana invisible. Nunca miraba la camilla: temía que lo invitara a quedarse. Al preguntarle qué sentía respondía con metáforas, porque la precisión mortifica y él prefería dolerse con estilo.
Cuando la enfermera comprensiva le ajustaba el brazalete imaginaba que le tomaba el pulso del alma. Si la aguja se acercaba cerraba los ojos: cada pinchazo era una puerta diminuta al asombro. Si el doctor de palabra mesurada fruncía el ceño, comprendía que pretendía leerle el destino en los glóbulos rojos.
Sonreía al termómetro, aunque no demasiado: los instrumentos se enamoran con facilidad. Cuando lo acostaban pensaba que flotaba en una nube de anestesia y latidos prestados.
Antes de irse agradecía a los virus por su visita; sin ellos nadie se acordaría de su cuerpo. Cerraba la puerta con cuidado: otro paciente podría despertar en su piel. Y al partir concluía, con íntimo gozo, que la salud no puede ser una enfermedad bien vestida.
Segundo premio: Los días buenos, de Lucía Angulo Castillo
Ahora ya no temía a las batas blancas. Viene a verme tres veces al día. No puedo verlo, pero huele a mandarina. Me desnuda con mucho cuidado porque le da miedo dañar mi cuerpo insomne. Los días buenos, como hoy, sus dedos rozan mi espalda al desatar el nudo de mi camisón de lunares. Después me pasa la esponja lentamente, sin prisa. Nunca descuida ninguna de mis extremidades. También me cambia la bolsa del suero y cura la herida por la que el líquido entra en mi cuerpo. Pasa una gasa en círculos por la piel de mi antebrazo y algunas veces casi me dan ganas de abrir los ojos. Y me habla, pero solo de cosas felices. Me cuenta las historias de los libros que lee y los títulos de las películas que se estrenan cada semana. Las rupturas de los famosos y las palabras nuevas que aprende su hijo pequeño. Su voz es suave, como sus dedos. Yo me aferro a ella como a una cuerda. Y tiro.
Tercer premio: Agujero de gusano, de Antonio Tocornal Blanco
Ahora ya no temía a las batas blancas. Sabe que en el hospital ya no tiene nada que hacer y pidió que la enviasen a su casa.
La anciana se levanta de la cama y abre la puerta del frigorífico. No es que tenga apetito, es que necesita matar el tiempo. En lugar de comida, encuentra una escalera que desciende. Sin pensárselo, comienza a bajar los escalones. La puerta se cierra tras ella, pero la luz no se apaga; es una luz fría, luz de frigorífico. Cuanto más baja, más ligera se siente. Cuando llega abajo —no se sabe cuántos escalones ni cuánto tiempo después—, se encuentra con el lado interior de otra puerta de frigorífico. La empuja con cautela y sale a la cocina de la casa de su infancia. Huele a leña y a harina. Su madre, que lleva más de cincuenta años muerta, amasa un pastel para hornear; su pastel favorito. Cuando ve a su hija, le pregunta divertida qué hacía dentro de la nevera, y si ha merendado ya. La niña, en lugar de responderle, se empina para llegar a la encimera y le pregunta a su madre si puede chupar el molde.
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