XIII ‘Antonio Villalba’ de cartas de amor (Finalistas)

Me has dicho que no

Autor: Javier Ramos

Me has dicho que no. Y no has podido hacerme más feliz. Ahora no sé muy bien cómo se lo voy a explicar a tus padres, pues, tú ya lo sabes, llevaban detrás de ello tiempo. Bueno, y mi madre, que me ha estado machacando los últimos cuatro meses con tácticas de acoso y derribo constantes. El caso es que entre unos y otros me convencieron. Me hablaban de hacerte sentar la cabeza, de ponerte una bonita jaula de 120 metros cuadrados y vistas a la Gran Vía, a pagar en unos cómodos trescientos sesenta meses, o diez mil novecientos cincuenta días de brillante atadura. Para hacerte feliz, decían convencidos. Tan bonito lo describían y tales eran las caras de felicidad de tu madre y la mía que me enamoré de la idea y me entusiasme tanto… ahora no sé qué les voy a decir…

Recorrí, una tras otra todas las joyerías de Madrid, buscando ese anillo especial que soñaste la noche que pasamos durmiendo al raso del desierto tunecino. Me volví medio loco hasta conseguir aquellas flores que sólo crecen en un rinconcito de la selva birmana y de las que te enamoraste en la loca escapada de varios meses que hicimos recorriendo aquellas latitudes. Tuve que esperar tres meses a que eclosionaran las mariposas como las que te rodearon en los tres inolvidables días con sus mágicas noches que pasamos en el Cabo de Gata. Acepté de buen grado que Nicolás me mirara raro cuando le pedí que me trajera un bote con el aire de Nueva York a la vuelta de su viaje de novios. Esperé con paciencia a que hubiera una noche con luna azul, como el día en que nos conocimos, aquel delicioso error del destino, en las fiestas del encantador pueblecito donde me dejó tirado el coche. Y después de todo esto me dices que no.

Cómo le digo a tus padres que tras la cena, traída por envío urgente del bistró que había debajo del piso que alquilaste el verano que pasaste en París, en la azotea de tu apartamento sembrada de velas blancas, tras todos los regalos, la música, la luna, tras hincar la rodilla como mandan todos los manuales, me miras con tus vibrantes ojos castaños y con tu dulce sonrisa me abrazas y me dices: “No, cariño. Pero recuerda que te encargabas tú de alquilar la caravana para irnos la semana que viene a Casablanca, ¿vale?”. Y vas y me besas y me levantas para ponernos a bailar casi hasta al amanecer mientras me cuentas que hoy has conocido en el autobús a un anciano que te ha hablado de un pueblecito en la costa murciana donde aún existen libres caballitos de mar y que, otra vez, te has perdido paseando en el Retiro y, otra vez, te has puesto a reír.

No sé cómo voy a explicarles que ya eres tan feliz.

Carta finalista de la XIII Edición del certamen de cartas de amor ‘Antonio Villalba’, organizado por la Escuela de Escritores.


Candor

Autor: Cinthia Zaremsky

1 de octubre de 1976

Querida señorita Ema:

Espero poder saber una dirección para mandarle esta carta porque si no me va a agarrar fiebre como dice mi mamá.

Yo le escribo para decirle que la extraño mucho. Que desde que se fue me acuerdo de su cara de día y también cuando sueño y que la maestra nueva no es tan linda como usted que tiene el pelo del color del oro.

En la escuela nadie nos dice nada desde el día que usted vino y escribió en el pizarrón eso que a mí me hizo sentir como que se me apretaban las costillas con la panza cuando usted señorita Ema escribió: Chicos no voy a poder seguir con ustedes en el colegio, los llevaré siempre en mi corazón.

Yo no sé por qué no lo dijo en vez de escribirlo y lo borró rápido cuando entró la directora, pero a mí me pareció que usted estaba por llorar. Yo quise ir corriendo a abrazarla y pedirle que no se vaya y decirle que era la mejor maestra y la más linda de toda la escuela y que yo la iba a ayudar en lo que me pida. Pero no me animé. Yo espero que vuelva pronto porque la extraño mucho y pienso en usted más que antes cuando podía verla todos los días.

Ayer Diego y Julián se pelearon otra vez ¿sabe? y casi le sangra la nariz a Julián porque se le puso toda roja. Usted seño siempre decía que teníamos que hablar sin pelear, que hablando la gente se entiende pero la maestra nueva lo agarró a Diego de la oreja, tan fuerte que lo hizo llorar y lo sacó afuera y le dijo que le iba a mandar una nota a su papá. Usted sabe que el papá de Diego es medio así que le pega mucho y Diego se puso a llorar de pensar en eso y se lo dijo a la maestra pero ella dijo que mejor que así aprendía de una vez a tratar bien a los compañeros. A mí me gustaba seño que usted nos decía que los chicos no somos malos y cómo nos hablaba de la libertad y de los hombres de la patria que habían luchado para defenderla como San Martín y Belgrano y que siempre hay que amar a la patria de uno.
Yo amo a mi patria y también la amo a usted señorita Ema.

Mi mamá me dice: ¡dejá de hablar de la señorita Ema! dice que no tengo que hablar más de usted. Que me olvide. Pero yo nunca me voy a olvidar porque usted nos dijo que la memoria es algo muy importante para los pueblos y si yo me olvido y no le mando esta carta capaz que usted cree que no es tan importante para mí.

Tampoco me voy a olvidar que me dijo que yo tenía lindos ojos y unas alas porque era muy enamoradizo y me gustaba imaginar muchas cosas y que eso era muy valioso en la vida así que yo me imagino que usted se fue porque tuvo que cuidar a su mamá que está enferma o porque tuvo que hacer un viaje y que mañana o pasado va a volver.

La directora no sabe cómo me llamo porque cuando en el patio le fui a preguntar cuando volvía la señorita Ema, ella me miró y me dijo que cuál era mi apellido. Sánchez le dije, Martín Sánchez. Vaya al aula me dijo.

Casi nadie habla de usted y la directora no dijo nada cuando izamos la bandera como dice siempre de alguien si está enfermo o cumple años, sólo la seño de música nos dijo que se habían llevado a su hermano y yo dije ¿cómo que se lo llevaron? ¿quién se lo llevó? Pero no me contestó.

Ayer vinieron los militares con trajes como el de San Martín pero de otro color y entraron a la dirección y la directora llevó una bandeja con masitas.

Cuando se fueron vi que Don Carlos lloraba en el patio y yo le pregunté y me dijo que era por usted.

Yo no voy a llorar nada. Yo la voy a esperar en la puerta del aula y en la de la escuela y cuando icemos la bandera voy a decirle a la directora por qué no dice que hoy faltó la señorita Ema porque su mamá está enferma, porque seguro que es por eso que faltó y no porque los militares se la llevaron como a su hermano y como dice mi mamá que porque andan matando a la gente como usted que habla de la libertad y de que todos somos valiosos en esta vida sin importar la belleza o el dinero.

Cuando reciba esta carta por favor señorita Ema, contésteme cuándo va a volver así la espero con un ramo de jazmines que tienen el mismo perfume que usted.
Martín Sánchez

Carta finalista de la XIII Edición del certamen de cartas de amor ‘Antonio Villalba’, organizado por la Escuela de Escritores.