Escrito por: JAIME BARTOLOMÉ
Ana (nombre imaginario) era responsable de un territorio no muy grande de un conocido banco europeo. Cada viernes tenía una reunión en la que sus jefes le explicaban los objetivos y la situación de su zona de cara a la semana siguiente y cada lunes tenía que aterrizar esos objetivos en mensajes claros y directos para su equipo, incluidos directores de sucursal y personas que trabajan directamente con clientes.
No hace falta ser experto en storytelling para entender cuál es el problema detrás de una rutina así. Tener reuniones muy parecidas cada semana con la misma gente es la receta perfecta para que una reunión se empaste con la anterior y, al final, todo se convierta en un potaje cognitivo que no nos permite recordar si esta era la semana de los seguros o la de las tarjetas.
Cuando empezamos a trabajar juntos en una de las transformaciones narrativas de la Escuela, mi propuesta fue muy sencilla: intenta encontrar algo que haga distinta cada reunión de la anterior. Y sí, cuando decía esto, yo era consciente de que el año tiene 52 semanas y de que encontrar 52 «cosas distintas» es bastante difícil.
Poco a poco, empezamos a descubrir que esas «cosas distintas» tenían que estar conectadas con clientes, con historias concretas que recordasen a su equipo que, en realidad, muchos de esos objetivos tienen consecuencias positivas para los clientes. Al final, «vender» una hipoteca es ayudar a alguien a comprar una casa y fundar un hogar; «vender» un préstamo de empresas supone ayudar a alguien a poner en marcha o ampliar un negocio, y todas esas «ventas» son, en realidad, historias positivas que ayudan a motivar a los equipos.
Porque, aunque parezca mentira, no es extraño que a las personas que trabajan en grandes multinacionales, termine por olvidárseles quiénes son sus clientes o cuáles son los impactos reales de sus decisiones diarias sobre la gente de la calle. Y sí, esos impactos son muchas veces positivos y ayudan a que queramos hacer nuestro trabajo un poco mejor.
Por eso es importante recordar en nuestras presentaciones y mensajes para qué y para quiénes trabajamos. Porque la máxima número uno de la comunicación es «make us care» —Haz que nos importe— y a las personas nos suelen importar las personas. Y si toca hacer una reunión semanal —porque a veces toca y no queda otro remedio— nuestra labor es hacer que al equipo le importe y que recuerden por qué su trabajo es tan importante.
Y ahí es donde el storytelling y un trabajo concienzudo sobre cada presentación semanal puede jugar una labor fundamental. Para evitar repetir estructuras, ideas o hasta mensajes. Para que lo que digamos tenga un impacto real en los equipos y en su desempeño.
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Licenciado en CC. Imagen y Diplomado en Guion y Dirección Cinematográfica por The Los Angeles Film School (LAFS). Profesor de Guion y Storytelling para Escuela de Escritores desde 2003. Consultor Freelance de Storytelling especializado en formación y comunicación interna para clientes como Melià, Grupo Santander, NH Hoteles, ING Direct, Naturgy, Tecnatom, Iberdrola o Volvo, entre otros.
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