IA y escritura creativa: ¿competir o aprender?

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Escrito por: BRUNO GALINDO

Que la IA plantea un reto a todo escritor profesional o aficionado es algo que nadie —empezando por la misma IA— se atreverá a poner en duda. Aún en un estadio tan temprano de esta nueva era del automatismo, cualquier usuario convendrá que la capacidad de crear historias y metáforas que nos representen ya no es exclusivamente humana. Los resultados son pasmosos. «Escríbeme una historia sobre un obrero de Vladivostok que asesina al zar», le decimos a Chat GPT. Y Chat GPT nos entrega en cuestión de segundos ese argumento que a nosotros nos hubiera llevado años de estudio, documentación, pruebas, errores, frustraciones y euforias. ¿No nos gusta el final? Ningún problema. Le pedimos diez versiones alternativas. Y diez versiones nos da.

Publicaciones Blog Empresas 'IA y escritura creativa', por Bruno Galindo -IMG915 Zoom

Lo primero que advertimos es que no podemos competir con la IA; ahora ya sabemos lo que sintió Kaspárov cuando entendió que no podía darle jaque mate a Deep Blue porque este programa tenía todas las jugadas del ajedrez. Así la semántica, gramática y léxico —la suma de todo ello: el lenguaje— logran, por la vía socio-tecnológica, un texto convincente (puede que demasiado convincente) capaz de frustrar las ambiciones de cualquiera.

Competir o aprender

Pero, ¿realmente deberíamos competir? ¿O simplemente aprender? La ramplona sencillez con que Chat GPT —por hablar de un programa que todos conocemos— ordena y jerarquiza las ideas ofrece, reconozcámoslo, un recordatorio de provecho. ¿No hay algo que aprender de ese pragmatismo? Claro que sí.

Además, demonizar la IA sería renunciar a un aspecto lúdico que, entre otras cosas, podría darnos esa idea —pienso aquí en los argumentos de ficción— que nos saque del atolladero. La IA puede incluso aportarnos el error del que salga la verdad que nos hacía falta. Los textos del grupo de escritura Oulipo, como las piezas musicales de John Cage, buscaron certezas en esta aleatoriedad que hoy se nos sirve en bandeja. Es un buen uso de todo ello echarle un ojo alguna vez, como el que se tira el I-Ching —como Philip K. Dick cuando escribe su novela “El hombre en el castillo”—, con un fin, un por qué y un compromiso con su imaginación pero también con su propia disciplina de artista. Un golpe de dados nunca suprimirá el azar, escribía el poeta Stéphane Mallarmé. 

El poder del prompt

Lo importante es no conferirle poderes absolutos: es sabido que la IA actual —esto se corrige mientras lees esto— da lo mejor de sí buscando más sentidos que verdades. Es crucial no dejarse intimidar por las capacidades tecnológicas y recordar que son nuestras palabras y sentires los que alimentan a esa entidad. Y es fundamental preservar —hablo desde la ingenuidad, ya lo sé; no ignoro que antes o después sabremos de novelas o poemarios “escritos” con vagancia extractiva a orden de prompt— una ética artística. En el momento de escribir este artículo mantengo que la IA puede ser simplemente un recurso auxiliar más en el cinturón de herramientas del escritor. Que luego sea espejo o sombra dependerá de cada uno.

Acerca del autor

Bruno Galindo, profesor del Máster de Narrativa -IMG570

Bruno Galindo

Escritor, periodista y creador de contenidos de audio. Es productor de podcasts para la Fundación Juan March, donde es autor de Contemporánea, La Biblioteca de Julio Cortázar y Simsalabim. Profesor de Transformación Narrativa para Escuela de Escritores desde 2019, es especialista en texto y oralidad, campo en el que ha trabajado desde principios de los dos mil en festivales, discos y performances. Dirige el festival Palavra.

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