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Escrito por: ALEJANDRO MARCOS

Estoy seguro de que, como escritor, has escuchado muchas veces expresiones como: «Estar en Babia», «Tener la cabeza en las nubes», «Pensar en las musarañas» o «Estar a por uvas». Yo, al menos, las he escuchado muchas veces; la mayoría, dichas por mi madre o mis hermanos.

Blog de escritura de Escuela de Escritores, con Lara Coto, Alejandro Marcos, Chiki Fabregat, Jorge Corrales y Mariana Torres

El escritor es un experto en contarse historias a sí mismo, en imaginar escenarios posibles, conversaciones no tenidas y situaciones que jamás han sucedido. Es decir, un experto en escaparse de la realidad.

A mí me sucede a menudo. Mientras hago deporte o me desplazo de un sitio a otro, mi mente se evade y comienza a pensar de manera narrativa en aquello que me preocupa en ese momento o, la mayoría de las veces, en aquello que podría haber sucedido de otro modo. Cuántas veces se nos ha ocurrido la respuesta ingeniosa a una mala contestación o a una pregunta cuando estábamos volviendo a casa. Personalmente, también disfruto mucho imaginando cómo van a desarrollarse situaciones que puede que se den en el futuro (o no, seguramente). Cualquier cosa, parece, con tal de no estar centrado en el momento presente. A veces, incluso, me he descubierto pensando en poner en una novela lo que me estaba contando la persona que me hablaba; por supuesto, sin prestar demasiada atención a lo que me decía.

Como escritores, nos encanta vivir en el tiempo imaginario. Esta semana os quiero hablar de ese tiempo, pero no el de la vida real, no el que empleamos como escritores pensando en cosas que no están sucediendo, sino el que podemos usar en nuestros textos narrativos. Vamos, como siempre, a sacarle algo de partido a nuestra vida para mejorar la escritura.

El tiempo imaginario es aquel tiempo narrativo que no avanza la acción ni nos cuenta cosas que sucedieron en un pasado o que sucederán en el futuro. El tiempo imaginario habla de hipótesis y de alternativas; de aquello que podría ser o que podría haber sido. Por ejemplo:

«Carlos se sentó en su despacho cuando su jefe se hubo marchado. Estaba furioso. Si no hubiera perdido el autobús esa mañana, podría haber llegado a tiempo al trabajo, entonces no le hubieran echado la bronca y habría podido reunirse con los gerentes de esa empresa americana tan importante. Les habría dicho todo aquello que se había preparado y, entonces, habrían contratado su proyecto y no el de la competencia.»

En ese fragmento, lo único que «realmente» sucede es que Carlos se sienta en su despacho y que está furioso. El resto de la narración no ha sucedido nunca, ni en la realidad que compartimos los lectores, ni en la realidad de Carlos. Solo ha pasado en su cabeza. Esa reunión, y el éxito posterior, son acontecimientos imaginarios. En este caso, el personaje se imagina lo que podría haber sido. Vamos a ver a continuación el mismo ejemplo, pero lanzando la posibilidad hacia el futuro:

«Carlos se sentó en su despacho cuando su jefe se hubo marchado. Estaba emocionado. Si llegara a tiempo mañana, podría reunirse con los gerentes de esa empresa americana tan importante. Les diría entonces todo aquello que se había preparado y, sin ninguna duda, contratarían su proyecto y no el de la competencia.»

En este caso la acción real no cambia, tenemos a Carlos sentado en su despacho. Sin embargo, ahora dedica su tiempo en pensar en lo que podría suceder al día siguiente, en armar su propio cuento de la lechera.

Como podéis observar, no he hecho nada raro en los ejemplos, son expresiones y tiempos verbales que todos empleamos cada día. No hay que aprender a usar el tiempo imaginario, sino saber que lo estamos utilizando.

¿Y por qué os propongo usar este tiempo verbal en vuestros textos? Por dos sencillas razones:

  • Usar este tiempo nos ayudará a redondear nuestros personajes en dos aspectos: El primer aspecto que mejorará es el de la verosimilitud del personaje. Los personajes son trasuntos de personas y, como tales, reaccionan y actúan de una forma similar a como lo hacen los seres humanos. ¿Conoces a alguien que no se monte películas en su cabeza? Entonces los personajes también tendrán que montárselas. El segundo aspecto que mejorará es el de la información que posee el lector sobre el personaje. Usar el tiempo imaginario nos permitirá conocer cómo funciona el proceso mental del personaje y saber qué cosas le preocupan o le obsesionan. Al estar construido con verbos y con acciones, suele ayudarnos a ver los actos que al personaje le gustaría realizar o le gustaría haber realizado. Según mi propia experiencia, es la forma más sencilla y menos forzada de transmitir en un texto los pensamientos del personaje.
  • Además, el tiempo imaginario genera visibilidad en escenas estáticas o reflexiones. Normalmente, el tiempo imaginario se emplea cuando el personaje está reflexionando o imaginando algo. Estos pasajes, a pesar de darnos mucha información acerca de la historia o del personaje, corren el riesgo de resultar lentos o abstractos. El tiempo imaginario, al estar compuesto de acciones y verbos, no solo ayudará a agilizar esta parte si lo necesitamos, sino que también hará que generemos una imagen visual en la cabeza del lector. De este modo, nos resultará mucho más sencillo hacer que el lector siga el hilo de los pensamientos del personaje y, por tanto, que comprenda e interiorice mejor la reflexión que queremos hacerle (o la información sobre el personaje que queramos transmitirle).

Como veis, los escritores podemos aprovechar todo lo que nos pasa para hacer literatura con ello. Por eso siempre hay que estar atentos a lo que pasa en nuestro día a día; ya sea en nuestro entorno o dentro de nuestra cabeza. En este caso, pasar mucho tiempo ensimismados en nuestro propio mundo nos ayudará a que nuestros textos ganen en tridimensionalidad y en calidad. Consecuentemente, eso nos hará ser mejores escritores.

Ahora os toca a vosotros. ¿Conocíais esta técnica?, ¿la habéis empleado o la habéis visto empleada alguna vez? Dejádmelo, como siempre, en los comentarios.

Acerca de los autores

Alejandro Marcos, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Alejandro Marcos

Coordina el Itinerario Centauros más allá de Orión de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, en el que imparte clases desde hace casi diez años. Ha publicado las novelas fantásticas El final del duelo, Vendrán del este (ambas con Orciny Press) y Cástor y Pólux (con Ediciones el Transbordador). En enero de 2024 la novela de terror La hora de las moscas con Plaza & Janés. Además ha participado en varios manuales de escritura de Páginas de Espuma y en varias antologías de relato fantástico.

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Chiki Fabregat, fotografía de Isabel Wagemann- IMG2-675

Chiki Fabregat

Coordina el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Escuela de Escritores. Ha publicado más de una docena de libros para infancia y adolescencia, entre los que destacan El cofre de Nadie, premio Gran Angular 2021, Recuérdame por qué he muerto, premio Torre del Agua 2023 o Un hada con el ala rota. También ha publicado, con la editorial Páginas de Espuma y Escuela de Escritores el manual Escribir Infantil y Juvenil.

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Jorge Corrales

Redactor de nuestro canal de Twitter. Es Licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Guion por la ECAM. En los últimos años ha desarrollado su actividad como escritor en redes sociales, donde acumula decenas de miles de seguidores. Cada viernes, los relatos que publica en su perfil personal se convierten en historias virales en Twitter. Entre 2012 y 2022 ha sido profesor de español y Escritura Creativa en la ciudad de Berlín.

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Lara Coto, profesora de Escritura Creativa para Adolescentes en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Ático26

Lara Coto

Lara es la coordinadora del Departamento de Atención al Alumno. Forma parte del equipo de Escuela de Escritores desde 2017, donde se ha formado en cursos de Escritura Creativa, Relato Breve y Proyectos Narrativos. Desde 2021 imparte clases de Escritura Creativa para jóvenes y adultos. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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Mariana Torres, profesora del Máster de Narrativa en Escuela de Escritores - IMG570 - fotografía de Gaby Jongenelen

Mariana Torres

Nació en Brasil en 1981, y reside en Madrid. Es diplomada en Guion por la ECAM y forma parte de Escuela de Escritores, donde imparte clases desde 2004. Su libro de relatos, El cuerpo secreto, fue publicado en Páginas de Espuma en 2015. Como escritora forma parte del proyecto CELA (2017-2019) y de la lista Bogotá 39 seleccionada por el Hay Festival (Bogotá39-2017).

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