Laura García de Lucas

Laura García de Lucas es poeta y profesora de escritura creativa. Su primer poemario Vasija (2019) fue ganador del Premio Iberoamericano Rey David de Poesía Bíblica. Este poemario ha sido traducido al portugués. En 2022 publica Paisaje: cuerpo (Ediciones Amargord), un libro en coautoría con Luis Luna. También ha aparecido publicada, en otras, en las antologías 52 semanas (Entropía Ediciones, 2019),  O sangue dos rios – poetas homenageiam Fernando Namora (2019), Libro Rojo Vol.12 (2021) y El ciego que ve, homenaje a Antonio Colinas (2021). Ha participado en múltiples talleres de formación y creación poética en  Escuela de Escritores (Madrid) y en la Fundación Centro de Poesía José Hierro (Getafe, Madrid). De 2016 a 2018 coordinó el recital Semillas de Poesía en Madrid (España), con el objetivo de acercar la poesía contemporánea a los no lectores habituales de este género. Desde el 2018 es integrante del proyecto artístico Prostíbulo Poético con su alter ego La Barruntos. En el 2020 profundizó en la relación entre poesía escénica y performance con el Taller de Teoría de la Performance  del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá (Colombia). También ha participado  en diversos espectáculos de poesía y festivales de poesía, como el Encuentro de Promotores de Poesía (La Habana, 2020) o el Festival de Poesía Oeiras (Portugal, 2021) En 2021 realizó el Posgrado de Especialización de Enseñanza de la Escritura Creativa de Escuela de Escritores y  Universidad de Alcalá. Es miembro de la asociación de mujeres poetas Genialogías, que promueve y divulga la poesía escrita por mujeres en España.

Vasija

Poesía
Sociedad Bíblica
2019

Paisaje: cuerpo

Poesía
Amargord
2021

Entrevista a la profesora

Creo que ahí dos conceptos diferentes, porque sí que pienso que se nace escritor. Me explico: la pasión de escribir (y también la de leer) es algo que se percibe desde pequeño. Normalmente los escritores entienden rápidamente que la escritura es el medio por el que quieren expresarse. Pero lo que está claro es que, salvo contadas excepciones, se nace mal escritor. Y es normal, porque las técnicas se aprenden, se desarrollan y se perfeccionan a lo largo de la vida, como en cualquier otra disciplina. Y pongo un ejemplo simple: de pequeño de pueden encantar los pasteles, y te puede encantar meterte en la cocina. Pero necesitas ir a una escuela de repostería, probar muchas recetas ajenas, hacer muchas elaboraciones fallidas y unas cuantas horas cocinando para convertirte en un buen pastelero. Con la escritura pasa exactamente lo mismo.

Ser profesor es estar continuamente caminando en una senda muy luminosa, porque no dejas de compartir el trayecto con los alumnos. Ver su progreso es increíblemente gratificante.

Uso mucho el humor. E intento dar muchas referencias de lectura y culturales, porque creo que la escritura se desarrolla con un estímulo constante y multidisciplinar.

A mis alumnos les pido que vengan con muchas ganas de aprender y con cierta apertura mental porque hay muchos tópicos alrededor de la poesía que van a caer. Y cuando termino siempre les pido y deseo poder seguir leyendo su poesía.

Voy a caer un poco en ese lugar común que tanto odiamos los profesores de escritura, pero es que sólo puedo decir que me enseñan tanto como yo a ellos. Es muy enriquecedor conocer otras maneras de ver y expresar el mundo.

Escucha, empatía y transmisión

Hay dos temas que me interesan especialmente. Una es la búsqueda e investigación alrededor del lenguaje. La segunda es divulgación de voces de autores que han quedado relegados por el canon, y que, por regla general, suelen ser mujeres.

Escribiendo por las noches y en los medios de transporte. Ah, y si estoy bloqueada hago las mismas tareas que propongo a mis alumnos. Pero eso nunca se lo cuento 😉

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