El número 5 de la revista Orphanik, la revista anual de crítica de cine, acaba de salir de las imprentas de Aristas Martínez como el mejor remedio cinéfilo en el año de los parásitos. Doscientas páginas de crónicas, reportajes, entrevistas y críticas con lo mejor del año en el mundo del cine escritas por los alumnos del curso de Crítica de Cine que dirige Luis E. Parés.

La portada de este año es para un fotograma de Parásitos, la película de Bong Joon-ho que nos sirve de trampolín para lanzarnos a un extenso reportaje en el que repasamos la relación del cine y los virus. Además, analizamos la era Trump a través del cine estadounidense, viajamos con Jordi Costa a la Berlinale 2020, nos preguntamos si sigue existiendo el cine obrero, estudiamos la influencia de Shakespeare en la filmografía de Kurosawa o interpretamos el papel de la mujer en las películas de Tarantino. Hay más: Wes Anderson, Makoto Shinkai, Zinemaldia 2019… Y otras 50 críticas con lo mejor del año.

Orphanik 5 también está a la venta en la sede de Escuela de Escritores en Madrid o te la podemos enviar por correo postal si completas el formulario que encontrarás en esta página.

 

Editorial de Orphanik 5 por Luis E. Parés

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No hace falta hablar de lo que se sabe, del mismo modo que señalar dos veces lo mismo es crear ruido, y el ruido no ayuda a entender. En estos tiempos muchas palabras que antes eran extrañas se han convertido en familiares. Ahora usamos palabras como pandemia, confinamiento, cuarentena o epidemiólogo, con una naturalidad solo permitida a viejos compañeros de piso. También la palabra plataforma ha potenciado una de sus acepciones antes más remotas. Ahora, cuando la oímos, pensamos en una de esas páginas web o aplicaciones que funcionan como repositorios de películas que podemos ver cuando queramos. Pero no solo son repositorios, también son productores audiovisuales, e incluso creadores de tendencias, prescriptores que no dicen qué ver, qué no ver. El problema con su prescripción es que no sabemos en qué se basa. La palabra logaritmo también se ha vuelto de uso cotidiano. Pero no sabemos si el logaritmo nos recomienda esa película porque es buen cine, o es buen cine porque la recomienda el logaritmo.

El nombre de esta revista viene de una novela de Julio Verne, El castillo de los Cárpatos. Su protagonista, Orphanik, desarrollaba en sus páginas unos ingenios capaces de devolver una ilusión de vida de Stella, una cantante fallecida. Cuando esta aventura comenzó, hace cuatro años, nadie sospechaba que lo que pretendería Orphanik fuese devolver la ilusión de vida al propio cine. Nunca se han visto más películas que durante esta pandemia. Las estadísticas de afiliados a Filmin, Netflix, incluso a otras plataformas más limitadas como Planet Terror o Flixolé se ha incrementado. Y, sin embargo, no podemos decir que la salud del cine sea buena. Porque ya es hora de decirlo: el cine es ante todo una experiencia colectiva, y como tal, ha de ser compartida. Esto no significa que una película se haya de ver únicamente en una sala, significa que una película no debería quedarse solamente en una retina. Ver una película es ocio. Verla, y reflexionarla después, comentarla, es cultura. El momento del cine es incierto, a nivel económico e industrial, y aportar nuestro grano de arena es seguir apostando por vivir el cine como una experiencia, como un acto de conocimiento.

Ha sido un año raro, pero lleno de buenas películas; un curso que se inició con una película llamada Parásitos donde había unos personajes que no podían salir de una casa y ha acabado con todos encerrados en nuestra casa viendo películas en las plataformas. Pero de repente el milagro surge, y por fin podemos ver El cochecito como nunca antes se había visto desde cualquier rincón del país. El viento sopla donde quiere, y mientras haya cine hay esperanza.

Esta revista es un ejercicio de análisis fílmico que nace en el seno del Curso de Crítica de Cine que programa la Escuela de Escritores. Pero todos los que participamos en él sabemos que aunque se llame curso, pretendemos convertirlo en un foro, en un ágora, en un lugar de diálogo, discusión, intercambio de ideas. Porque eso es la crítica: diálogo y reflexión. Solo desde la experiencia del visionado y su contraste con otras experiencias se consigue la legitimidad para analizar las películas. Solo desde ahí podremos saber que lo importante no es decir si una película nos gusta o no, sino explicar un porqué que pueda iluminar algo. En estas páginas se intenta contestar a muchos porqués, y mientras ese ejercicio persista, podremos estar tranquilos, porque uno no se pregunta sobre lo que no importa. Y el cine sigue llamado a ser importante en nuestras vidas, porque nos sigue formulando preguntas, sea desde la sala o desde el sofá.

Luis E. Parés