En los últimos años, la narrativa breve en todas sus formas ha experimentado un «boom» en número de autores publicados, editoriales especializadas, antologías, concursos de género y lectores militantes. Lo breve, en todas sus formas, ha inundado todos los rincones de la cultura popular hasta alcanzar a los mismos hábitos de consumo de esas expresiones artísticas (¿o es al revés?): en fenómenos como las webseries; en las listas de reproducción del iPod o Spotify, versión contemporánea del formato single que precedió a la cultura del long play, o en las estructuras y fragmentación de géneros literarios «mayores» como la novela. Parece evidente que la tecnología y los nuevos usos y hábitos culturales y sociales que de ella se derivan han influido en este auge. En Escuela de Escritores nos gusta pensar que en el caso que nos ocupa, el del género del Relato breve, nosotros también hemos puesto nuestro granito de arena.

Desde el inicio, la enseñanza de las técnicas del Relato breve se convirtió en la piedra angular de los planes de estudio de Escuela de Escritores: en los temarios de estas asignaturas reunimos los conocimientos de los primeros maestros que comenzaron a sistematizar la enseñanza del cuento en España; muchos de ellos eran entonces profesores en el Taller de Escritura de Madrid que dirigía Enrique Páez, como Ángel Zapata –y su referencial La práctica del relato– o Alfonso Fernández Burgos. Con ellos se formaron los cuentistas y profesores que crearían estos temarios en Escuela de Escritores y que ahora son autores de referencia del relato contemporáneo: Ignacio Ferrando, Javier Sagarna, Juan Carlos Márquez o Matías Candeira son algunos de ellos.

Los cursos de Relato Breve, en sus niveles de iniciación, permitían y permiten a los alumnos de la Escuela disfrutar de un campo de juego inmejorable para que todas las técnicas narrativas aprendidas en los talleres de escritura creativa cobraran vida en obras acabadas. Para un principiante, son el terreno perfecto en el sentar los cimientos para construir historias sin que el edificio se venga abajo (algo tan habitual entre quienes tratan de escribir una novela al mismo tiempo en que aprenden todas las técnicas narrativas necesarias para poder hacerlo).

En 18 años, cientos de alumnos pasaron por estos cursos de iniciación al Relato breve y la mayoría de ellos se convirtieron en algo que hasta entonces no abundaba tanto: en lectores del género. Otros continuaron en los cursos avanzados y descubrieron la que quizás es la gran singularidad del cuento: una vez dominada la técnica, el relato permitía “desaprender” para saltarse las normas y crear una genuina estética con una libertad artística fuera del alcance de la novela. Y resultó que para muchos de esos alumnos el cuento ya no era un género menor, el tránsito obligado hacia la novela. Son una nueva generación de cuentistas que han pasado por nuestras aulas y que en algunos casos también se han incorporado a nuestro claustro de profesores: Paula Lapido, Patricia Esteban Erlés, Jorge Dioni, Tere Susmozas, Sara Medina, Eduardo Cano, Adrián Gualdioni, Irene Cuevas, Mariana Torres, Javier Pascual, Elena del Hoyo

En Escuela de Escritores seguimos apostando por el género e incorporando a nuestro claustro de profesores a algunos de los mejores autores de Relato breve de la actualidad –como Mónica Ojeda, Carlos Castán, Inés Mendoza, Isabel González o Rubén Abella– y también a teóricos de referencia, como el crítico Fernando Valls, o el editor que probablemente más ha contribuido a la difusión del cuento escrito en español: Juan Casamayor, de Páginas de Espuma.