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Margarita Borrero

Margarita Borrero Blanco (Barranquilla, Colombia), es escritora, periodista y docente. Es doctora en Literatura Europea por la Universidad Autónoma de Madrid y licenciada en Periodismo por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Además, tiene una especialización en documentales históricos por la Universidad Complutense de Madrid.

Su trayectoria profesional incluye el trabajo como periodista bilingüe, correctora, escritora y docente en distintos países: Colombia, Estados Unidos, España e Irlanda.

Entre sus relatos galardonados con el primer lugar destacan: La posición del narrador, primer lugar del Premio de Relato ‘Artífice’, (Loja, Granada), 2007; Menarquia, primer lugar del Premio de Narrativa de Mujeres ‘María de Maeztu’, (Estella, Navarra), 2007; Van Heisen, primer lugar del concurso de cuentos de ‘Villajoyosa’, (Villajoyosa, Alicante), 2009.

Ha sido finalista en los concursos de relatos ‘NH Mario Vargas Llosa’ de 2006, (Madrid) con ‘La buena mujer’; finalista en el certamen ‘Juan Rulfo’ de 2008, (París, Francia) con ‘Átropos’ y finalista en el certamen de relato ‘Max Aub’ (Segorbe, Valencia), 2009 con El cuadro de Van Gogh.

Su obra, El ataúd más hermoso del mundo, resultó ganadora del III concurso de novela corta (2006) del ‘Ayuntamiento de Rincón de la Victoria’ (Málaga) y fue publicada por Editorial Renacimiento.

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Ha sido una gran experiencia conocer a la profesora Margarita Borrero y participar en el Curso Diez Estructuras Maestras. Su propuesta de enseñanza que une el conocimiento sobre narrativa a través de las diferentes formas de construir un relato, el fortalecimiento del diálogo constante con los compañeros e interesantes lecturas permiten ampliar la mirada sobre la escritura. Además, su generosidad, simpatía y ternura enriquecen el proceso de aprendizaje ayudando a no decaer en los diferentes desafíos y seguir considerando nuevos caminos para abordar las historias que nos inspiran. Ha sido un privilegio conocerla y me siento profundamente agradecida de haber participado en uno de sus cursos. ¡Muchísimas gracias por esta oportunidad!

Solange Domínguez, desde San Carlos

La interacción con la profesora, la doctora Borrero ha sido, en mi opinión, el aspecto más enriquecedor del curso. A la amplitud de sus conocimientos une un fondo de lecturas sorprendente. A pesar de su nivel, siempre encuentra palabras comprensivas y de ánimo para el alumnado, en el que vierte un caudal de emoción en el que combina la amabilísima corrección de lo que requiere enmienda con el reconocimiento de los aciertos. Un encaje poco frecuente de sabiduría y calidad humana.

Carmen Pérez Delgado, desde Sevilla (España)

Entrevista al profesor / Entrevista a la profesora

Me gusta una frase de Augusto Monterroso: No recuerdo a ningún escritor que no haya nacido. Después de nacer, requiere constancia y pasión. Desde luego que se puede aprender. Felizmente, el aprendizaje no acaba nunca.

Como profesora considero que mi labor es acompañar a cada alumno en su camino. Aunque proporcione a todos las mismas herramientas, el uso que cada quien hace es personal y único. Siento un enorme respeto por ese proceso y me emociona ver los frutos de sus trabajos. Comencé a impartir clase en Escuela de escritores en 2009. Inicialmente fui profesora de corrección y estilo.

Es una relación feliz. Me encanta trabajar con profesores a quienes admiro y leo con inmenso deleite.

Un creativo es un explorador y por eso me es vital sentirme libre y, a la vez, incentivar el ejercicio de la libertad entre quienes se aventuran en este oficio. Sin embargo, la escritura tiene métodos de probada eficacia que conviene conocer; no se trata de reinventar la rueda. Aparte de la mecánica común a los talleres, mi criterio es ir de la mano de los maestros y crear o promover la creación a partir de ese conocimiento.

A mis alumnos les pido pasión, pues no necesitan disciplina si aman lo que hacen. Cuando comienza un curso es normal que descubran lo mucho que hay por aprender y puede ser abrumador o emocionante. Al final de cada curso dominan técnicas narrativas que les proporcionan seguridad y les permite avanzar con mayor determinación. El nivel de exigencia lo pone cada quien.

Los invito a que señalen tanto lo que les gusta del trabajo de los compañeros como lo que no. Es importante recibir opiniones positivas porque ayudan a afirmar lo que sí funciona. Las críticas ayudan a detectar lo que aún no ha alcanzado su pleno potencial y, en ese sentido, son las que más sirven para madurar una historia. Saber lo que está bien es bueno para el ego, pero entender dónde se deben hacer las mejores es genial para el texto. El clima que promuevo es el de compañerismo. Un aula es un lugar seguro para explorar, equivocarse y reinventarse.

Sin duda es un intercambio. Por muchos años que lleve como docente, cada alumno requiere de una atención especializada y me enseña cómo ser una mejor profesora para él: eso es muy específico. Además, cada quien escribe desde su cosmovisión y es necesario ampliar la mía para comprender lo que están haciendo o quieren hacer. Me resulta inmensamente enriquecedor.

Escuchar, asesorar y hacer las preguntas correctas. A veces, si la historia se estanca, es porque no la estamos viendo desde la perspectiva adecuada. Un cambio de perspectiva lo cambia todo.

Insisto mucho en el correcto uso del lenguaje. También creo que la mejor escritura es multidisciplinaria, pues aspira a la condición de otras artes, como la música. Una prosa cuidada es musical y por eso pido a los alumnos que impriman sus textos y los lean en voz alta. También es importante que haya un buen uso de los sentidos. El ochenta por ciento de la información sensorial que procesa el cerebro humano proviene de la vista y eso debería reflejarse en las páginas, lo que no significa que se desdeñen el olfato, la audición, el tacto y el gusto.

Es, por suerte, un círculo vicioso; cuanto más lees y escribes, más ganas tienes de leer y escribir.

Esa pregunta siempre me hace sufrir porque cualquier respuesta que dé me parece injusta. Pero si tengo que elegir uno solo sería Gabriel García Márquez. Fue el primer autor que me embrujó y quedé enamorada de la literatura para siempre. Nunca estoy leyendo un solo libro. Ahora mismo destaco: HHhH del francés Laurent Binet, Una relación perfecta (Cheating at Canasta), un libro de relatos del irlandés William Trevor y, por último, Akelarre, del colombiano Mario Mendoza, quien fue mi profesor de literatura en la universidad.

Margarita Borrero
Ha sido profesora de:

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