Es escritor, profesor y diseñador narrativo de videojuegos. Autor de la novela Yas (Alfaguara, 2020) y coautor, junto a Roberto Santiago, de más de una docena de títulos de la colección Superhéroes (Destino, 2022-2025), sus artículos y relatos han aparecido en medios como El Confidencial, La Esfera de Papel, Zenda, Eñe, Ámbito Cultural, Escritura e imagen y Drugstore Magazine.
Graduado en Filosofía y en Lengua y Literatura Españolas y Máster en Formación del Profesorado, compagina la escritura de novelas con la enseñanza de Filosofía en un colegio de Madrid. En el ámbito del videojuego trabaja desde 2020 como guionista y diseñador narrativo, colaborando con estudios independientes como Isometric Tako o Codiwans, vinculados a la premiada escuela Level Up!, donde además imparte sesiones y tutorías sobre narrativa interactiva.
Ha sido escritor residente de la XVI Promoción de la Fundación Antonio Gala (2017-2018), y beneficiario de las Ayudas a la Creación Literaria de la Comunidad de Madrid en la modalidad de narrativa (2019) y del programa de Pre-Incubación de Level Up! Game Dev Hub (2022). Varios de los proyectos en los que participa han sido ganadores de subvenciones nacionales y europeas para el desarrollo de videojuegos narrativos.
Actualmente combina su labor docente con la escritura.
Los Ciento Once 1. El partido más importante de sus vidas
Novela
2025
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Destino
Creo que nadie nace escritor. La afición literaria, la sensibilidad, el gusto por contar y leer historias, es algo que en todo caso llega después, unas veces pronto, otras tarde, otras nunca. A menudo en soledad.
Por eso también pienso que es mucho más lo que se puede aprender de la escritura, con la práctica y el acompañamiento adecuados, que lo que un profesor puede enseñar de forma directa: apenas un puñado de técnicas más o menos útiles, en absoluto secretas, que en realidad se dominan con el tiempo. Por el contrario, aprender a escribir es sobre todo aprender a leer, a construir la mirada y la escucha, a prestar atención. También a comprometerse con uno mismo, con lo que hace y con quienes lo leen. Eso es, en mi opinión, lo que de verdad ofrece un taller de escritura.
Cuando hablamos de formas de escritura más técnicas, como la escritura de guiones interactivos, en el sector del videojuego, la cosa cambia un poco. Hay unos conocimientos muy específicos de los recursos, herramientas y métodos de trabajo de la industria que se pueden (y se deben) enseñar y aprender.
Empecé a dar clase porque quería complementar mi trabajo como escritor. Para mí, ejercer la docencia significa acompañar y estar disponible: facilitar, desde la experiencia y el conocimiento, las condiciones para que cada alumno encuentre su propia forma de contar, crear y avanzar.
Como profesor, soy fan incondicional de «la mecánica común a todos los talleres». Tengo una profunda confianza en la cooperación, la comunicación y el esfuerzo compartido como fuentes fértiles de crecimiento y aprendizaje, tanto en lo técnico como en lo creativo. A partir de ahí, cada grupo, cada individuo y cada tema generan formas de trabajo distintas.
Al principio del curso invito a mis alumnos a preguntarse por el lugar que ocupa la escritura en sus vidas. Al término, espero que se sientan capaces de hacerse la pregunta por el lugar que quieren que ocupe en adelante. Esa esperanza requiere compromiso y dedicación, tanto de su parte como de la mía.
Busco un clima de confianza, seguridad y calidez, pero también de propósito. Exponemos nuestros textos y opiniones, nos exponemos juntos, para mejorar, aprender y disfrutar el proceso.
Me gusta profundizar en la relación entre fondo y forma: en la escritura, lo que se cuenta no puede separarse de cómo se cuenta. La forma es el contenido.
Madrugando mucho.
Mis escritores favoritos son Antonio Muñoz Molina y J.R.R. Tolkien, aunque me cuesta mucho elegir. Aprecio en mis lecturas, quizá por encima de todo, la compasión, esa mirada lúcida que busca comprender y dignificar la realidad humana (por eso también Camus, Le Guin, Cervantes…). No puedo callarme que también adoro los cómics de superhéroes. Estos días de otoño de 2025 estoy leyendo Los idólatras y todos los que aman, de Adriana Murad Konings, compañera de esta misma Escuela.
En el campo del videojuego, mis autores favoritos son: Hidetaka Miyazaki (From Software), que en mi opinión ha sabido explotar y perfeccionar la forma específica de contar de este medio; y Larian Studios, quienes no pueden haberlo hecho mejor con Baldur’s Gate 3, que para colmo se sitúa en el universo de Dragones y Mazmorras, es decir, el juego de rol más famoso del mundo, la narrativa interactiva por excelencia. Estoy jugando al Hades II y confieso que tengo el Silksong y el Dispatch descargados y a punto.