XII Edición de Relatos en Cadena (Finalistas)

En esta página se irán publicando los resultados semanales de la XII Edición de Relatos en Cadena. Cada lunes, sobre las 18:00 en el programa La ventana de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.

Además, los microrrelatos finalistas de cada mes se publicarán en la revista Cuentos para el Andén.

Navega por los siguiente enlaces para acceder a las bases, la frase de la semana y la información completa del concurso.


Ganadores mensuales

Mes Autor Título Fecha
Septiembre  Eva García Martín  Ecos  01/10/2018
Octubre María Antonia Ramos Prada  La otra dimensión  29/10/2018
Noviembre Elena Bethencourt Rodríguez Corazoncito  26/11/2018
Diciembre Nuria Rozas Álvarez Delicatessen 31/12/2018
Enero  Patricia Collazo  Perseidas  28/01/2019
Febrero  Juan Antonio Morán  Cumpleaños feliz  25/02/2019
Marzo  Paloma Hidalgo Díez  Las cosas de la vida  25/03/2019
Abril  María Gil Sierra  Me quiere  29/04/2019
Mayo  Susana Revuelta Sagastizábal  El mago  27/05/2019
Junio  Alberto Jesús Vargas Yáñez  El piso de abajo  02/07/2019
Final Anual  María Gil Sierra  Me quiere  08/07/2019

Semana 33: Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas

Fecha: 25/06/2019 | Relatos recibidos: 678
Ganadora
Amparo Martínez Alonso
Empanadillas

Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. Continué con mis deberes. Las obleas se quedaban secas. La abuela vació mi plumier en la mesa. La goma de borrar. El sacapuntas. Dos canicas. Cuatro clips. Sonreía. Le acerqué los huevos duros y la lata de atún. Mamá me dio un manotazo. Tiene que rellenarlas ella sola. La abuela me miró. Sus ojos estaban asustados. Empuñó el rotulador rojo. Tiró el plumier a los pies de mamá. Se apoyó en la encimera. Me agarró de la mano. Voceó. Tienes empanadillas en la fresquera. Mi hija y yo nos vamos. Juro que si vuelves a tocarla te mato otra vez.

Finalistas

Miguel Ángel Flores
Dentro de lo malo

Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. Las sobremesas con la tía Carmina siempre habían sido lo mejor de volver en verano. Sesiones repletas de picardía. De rencillas antiguas, amorosas y de otras. De líos, revelaciones y misterios. De comadreos del pueblo. A veces aparecían repentinos pellizcos de posguerra, de hambre, disparos y traiciones, que la fundían a negro. Pero pronto remontaba rescatando otras risas del pasado con las que salpicarnos a todos en el presente.
Era triste ahora verla así, sonriendo muda sin dientes, como un bebé vestido de oscuro. Dolía. Entonces, alguien dijo: lo bueno es que también se le habrá borrado la guerra.

Gustavo Jiménez Martín
Feliz cumpleaños

Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. Bueno, miento, en realidad nos la sudó. Pensábamos llenar las botellas con recuerdos suyos, así, en plan esotérico; rollo del Richard, que ahora se ha vuelto moñas. En lugar de eso, llenamos las botellas con licor gallego de garrafón, cortesía del Jorge, unos porros, música a todo volumen de Reincidentes, y nos pusimos hasta arriba. Qué puto desmadre. Tomás nos miraba impasible desde su silla de ruedas, mientras un hilillo de baba le caía por la comisura de la boca. Creo que era de envidia. Pero estaba contento. Lo sé.


Semana 32: Cuando acabes la dejas fuera

Fecha: 17/06/2019 | Relatos recibidos: 663
Ganador
Pablo Núñez
Memorias

«Cuando acabes la dejas fuera de tu habitación». Así rezaba una nota pegada a la portada sin adornos de la única novela del geriátrico. Hacíamos cola en la puerta del que la estuviera leyendo para agarrarla en cuanto la soltara. Todos teníamos la virtud de la paciencia y no incordiábamos a nadie aunque la tuviera más horas de las deseables, pues sabíamos que era fácil perder la noción del tiempo entre sus historias. La última noche que Agustín se la llevó a su cuarto, oímos cómo refunfuñaba porque las páginas estaban en blanco. Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas.

Finalistas

Rafa Olivares
Dependientes

Cuando acabes la dejas fuera para que se seque y se le vaya el olor a formol. Luego la ponemos en la silla de ruedas y la llevamos al banco a sacar la pensión.

Raúl Clavero Blázquez
Artista

—Cuando acabes, la dejas fuera —ordena, entregándole la paleta de colores.
La mujer la recibe con un suspiro, ansiosa por terminar el retrato. Está convencida de que es su mejor obra, y de que nadie, antes que ella, ha conseguido plasmar al óleo todos los matices de una sonrisa.
—Aún no me ha dicho qué firma he de poner esta vez.
—Leonardo, Leonardo da Vinci —responde el hombre, antes de cerrar, de nuevo, la puerta de la celda.


Semana 31: Me llamarán para que baje a cenar en familia

Fecha: 10/06/2019 | Relatos recibidos: 719

Ganadora
Sara Pinto Herranz
Cosas de la vida moderna

¿Me llamarán para que baje a cenar en familia?, se preguntaba. Miraba al reloj de forma instintiva, sin poner atención a la hora. Recién duchada y con ropa limpia, esperaba sentada a los pies de la cama, controlando el nervioso movimiento de sus piernas, secándose las manos en la falda. Su corazón se aceleró al oír los pasos subiendo por las escaleras. Con una sonrisa resplandeciente recibió a su hija, que con desdén le dejó una bandeja en la mesilla de noche, diciendo: ” Cuando acabes la dejas fuera”.

Finalistas

Nora Arias Bujanda
Familia feliz

Me llamarán para que baje a cenar en familia, el único momento del día en que los veo. Hoy mamá estará radiante cuando anuncie con una sonrisa enorme que vamos a tener un hermanito, y una vez más, todos tendremos que demostrar cuanto nos alegramos. Solo espero que no pase como la última vez. El que iba a ser mi hermano temblaba cuando dijo “Quiero irme a mi casa”. No hubo gritos pero la fiesta de bienvenida se terminó y a nosotros nos mandaron a la cama con otra lección más aprendida. Porque eso es lo que nunca jamás hay que decirles a papá y mamá.

Gregorio Vega Cuesta
El inquilino del cuarto

Me llamarán para que baje a cenar en familia. Siempre es igual con los vecinos. Al principio me miran mal; un hombre solo, sin novia, sin amigos. Al cabo de un mes parece que me conozcan de toda la vida: «Cualquier cosa, ya sabes dónde estamos». Así hasta que llega Nochevieja: «Cómo vas a cenar solo. Faltaría más. Para algo somos vecinos». Ojalá pudiera negarme, pero siempre acabo cediendo. Todo irá bien al principio: una cena excelente entre risas y brindis, las uvas preparadas… Entonces sonarán los cuartos, avisos funestos de que ninguno de mis anfitriones llegará a oír la última campanada. Y otra vez a buscar alquiler.


Semana 30: Ya tengo los pies fríos

Fecha: 03/06/2019 | Relatos recibidos: 1.217

Ganador

Alberto Jesús Vargas Yáñez
El piso de abajo

Ya tengo los pies fríos. A través del suelo puedo sentir ese paisaje helado que se instala en el piso de abajo cuando él llega. Soy capaz entonces de escuchar, como si huyeran el uno del otro, pasos que van y vienen cada cual por su lado. No se hablan. Ponen la televisión. Cierran una puerta. Abren algún grifo. Ni una palabra que evidencie que existe una convivencia entre ambos. Yo intento concentrarme en mis libros hasta que den las nueve. A esa hora, como todos los días, me llamarán para que baje a cenar en familia.

Finalistas

Lluis Talavera
Cambio climático

Ya tengo los pies fríos, pronto estaré tiritando. Me pongo el abrigo antes de acostarme, como cada noche desde que cortaron la luz, pero hoy unas voces interrumpen el silencio. A medida que me acerco al salón para averiguar qué ocurre, la temperatura aumenta paulatinamente hasta convertirse en un calentamiento global y persistente. Unos desconocidos charlan junto a un radiador eléctrico que funciona sin problemas. Tal vez debería asustarme, aunque lo primero que me llama la atención es que no saben mi nombre de pila. Querría decirles que es Consuelo. Suena extraño que se refieran a mí como “la pobre señora que vivía antes aquí”.

Paz Alvar Artamendi
El juego

Ya tengo los pies fríos, pero sigo llamando. Tres toques y una pausa. Esa era la señal para que Guille abriera la caja. Bajar por turnos al foso y acostarnos junto a ella mientras Lucas ponía en marcha el cronómetro. Cuando me ha tocado a mí entrar en el ataúd, el record estaba en minuto y medio. Llevaré dentro más de dos horas, golpeando la tapa con los nudillos. Sus risas han ido alejándose y todo estaba en silencio hasta que la vieja me ha cogido la mano. Deja ya de hacer ruido
y duérmete, ha dicho acurrucándose a mi lado.


Semana 29: Sí, soy su esposa

Fecha: 20/05/2019 | Relatos recibidos: 692

Ganadora

Susana Revuelta Sagastizábal
El mago

Sí, soy su esposa. Fui la mujer bala en sus primeros shows, casi me quemo la lengua con queroseno al escupir fuego y tengo la tripa llena de cicatrices, de tanto ensayar lo de partirme en dos con el serrucho.
Una noche en un cabaret perdí una oreja cuando me lanzaba sables, pero yo, muy profesional, simulé que era parte de la actuación. El público aplaudió entusiasmado de lo hiperrealista que quedó, su fama se extendió y pudimos ¡por fin! contratar una ayudante.
En mi última función decidió hacerme desaparecer. Y aquí estoy, esperando que acabe el truco, que ya tengo los pies fríos.

Finalistas

Manuel Menéndez Miranda
Peces de hielo

Sí, soy su esposa. Gracias, todavía estoy intentando asumirlo, hace apenas tres horas que hablé con él, cuando me llamó para avisarme que la reunión acabaría tarde. No, no tengo ni idea de quien era la chica que ocupaba el asiento del copiloto. Sí, me duele en el alma, como comprenderá, pero por mucho que usted confíe en una futura recuperación, es un gasto enorme y no podemos permitírnoslo, tengo que pensar en el futuro de mis hijos. No, no espere por mí, estoy preparando la cena de los niños y mañana madrugo, puede desenchufarlo ya. Despídame de él por favor, gracias.

Álvaro Corcuera Ruiz
La esposa

“Sí, soy su esposa”, me repetía a mí misma de camino al hotel. Entramos al vestíbulo cogidos de la mano y la joven recepcionista nos regaló una sonrisa maravillosa. Tras tomar nota de nuestros datos, nos ofreció la llave de la habitación mientras yo andaba ensimismada leyendo panfletos turísticos para disimular mis nervios, hasta que escuché su voz. “Almudena, ¿vamos?”, y con esa naturalidad que me caracteriza le respondí: “Claro, Padre”. Nos miramos los tres y de inmediato agaché los ojos, entrelacé mis manos y a punto estuve de ponerme de rodillas, como hago cada vez que me acerco a él en el confesionario.


Semana 28: De toda la vida

Fecha: 13/05/2019 | Relatos recibidos: 719

Ganador

Javier Puchades Sanmartín
La llamada

De toda la vida se sabe que no pueden ser buenas noticias si a las cuatro de la madrugada suena el teléfono. Aquel sábado, comenzó a hacerlo justo al entrar en casa cuando regresaba de cenar con unos amigos. Al atravesar el pasillo, observé que las gemelas dormían ya en su cama. En principio, no tendría de que preocuparme, a no ser que llamasen de la residencia de mis suegros. Cuando entré al comedor, mi mujer estaba sentada en el sofá. El auricular le temblaba en la mano y entre sollozos la escuché decir: «Sí, soy su esposa».

Finalistas

Alberto Jesús Vargas Yáñez
Sin tonterías

De toda la vida en este pueblo hemos bebido agua del pozo y lo vamos a seguir haciendo diga lo que diga el de Sanidad. Allí lo hemos tirado a él con todos sus papeles. No nos andamos con tonterías. Sólo faltaba que dejáramos de usar el agua precisamente ahora que todos estamos con diarrea.

Jorge Romero López
Los tiempos cambian

De toda la vida cuando recibías la visita de la muerte significaba que todo se había acabado, por lo tanto, señora, cierre usted el frigorífico y vayámonos. ¡Y por favor, deje ya de enseñarme lo sano que come y las facturas del gimnasio!


Semana 27:  Me queda un regusto amargo en la boca

Fecha: 06/05/2019 | Relatos recibidos: 1.098

Ganador

Iñaki Goitia Lucas
El imbécil

Me queda un regusto amargo en la boca al leer tu nota de despedida. Al principio no me siento aludido, acostumbrado a oír de tus labios un “idiota” o un “bobo”, pero siempre en tono cariñoso. El “cabrón” y el “hijo de puta” que se te escapan en la cama se explican por el contexto. Pero ese “Adiós, imbecil” seco, pegado al frigorífico… Cojo un lápiz y pongo la tilde que falta en la e de “imbécil” mientras doy un sorbo a la cerveza. Llanas que no terminan en vocal, en n, ni en s. De toda la vida.

Finalistas

Felipe Antonio Borrella Vaquero
Últimas voluntades

Me queda un regusto amargo en la boca con cada cucharada. Y mira que le dije que lo hiciera sin que yo me diera cuenta. Espero que al menos acierte con las flores y el epitafio.

Rafa Olivares
Conversaciones en la catedral

Me queda un regusto amargo en la boca al despedirme. Me lo he encontrado por casualidad, delante de la catedral, después de treinta años sin vernos.
–¡Cómo ha cambiado la vida, Anselmo!
–¡A mí me lo vas a decir!
Durante más de dos horas hablamos de todo. De la infancia, de gastronomía, de los coches que tengo y he tenido, de Bolsa… Me invita a compartir su comida pero rehúso, ya es tarde y me esperan en casa para la cena. Y allí le dejo, dando cuenta de unos tomates revenidos, restos de pizza y un par de plátanos marrones que ha rescatado del contenedor.


Semana 26: Temblamos

Fecha: 22/04/2019 | Relatos recibidos: 647

Ganadora

Puy Moya Arina
Pinto, pinto gorgorito

Temblamos con el crujido del primer escalón. Aguanto la respiración, y me molesta que Angelillo gimotee bajo las sábanas, no me deja escuchar. ¡Ese es el peldaño diez, el roto! Solo le quedan dos más. Ya está en el pasillo. Ahora veinte pasos. Uno, dos, tres, cuatro. ¿Para?, no, sigue. Fernando y el Rubio no. Seis, siete, ocho, nueve…. Caralisto y Renacuajo, no. Once, doce, trece, catorce, quince. Ese chirrido es que ha girado el pomo. O Miguelón o Piesplanos. Suelto todo el aire de mis pulmones de golpe, aliviado, pero me queda un regusto amargo en la boca.

Finalistas

Alberto Moreno Sánchez-Izquierdo
Mi madre es una zombi

Temblamos cuando la vemos así. Comienza a perder peso, a palidecer, y apenas la vemos. Y casi mejor, porque si me cruzo de noche con ella en el pasillo, despeinada, en chándal, con esas ojeras… luego soy incapaz de dormirme. Papá, que durante esos largos periodos tiene que encargarse de absolutamente todo, siempre nos dice que no nos preocupemos. Que se le pasará. Que el día menos pensado mamá saldrá de su agujero para anunciarnos que ya se acerca el final. Que pronto terminará de escribir su novela.

Silvina Palmiero
Verdad o reto

Temblamos cada noche desde la del incidente. Los médicos aseguran que el trauma no es físico, que nuestra mente reproduce una y otra vez la hipotermia que casi nos manda a nosotros también al más gélido infierno. Pero mi hermana y yo sabemos que, en verdad, es ella. Es ella quien nos hiela la sangre, para recordarnos que no olvida que fuimos nosotros los que la retamos a nadar sin ropa en el lago congelado.


Semana 25: Yo no la he escrito

Fecha: 15/04/2019 | Relatos recibidos: 754

Ganadora

Carmen de la Rosa
Infierno doméstico

Yo no la he escrito, madre. Borra esa frase de la pared antes de que él regrese, dice ella. Froto con jabón y un cepillo cada letra roja, cuando termino, la frase vuelve a aparecer: “Aquí vive el diablo”. Mi madre también frota, frenética, ahora la pared entera rezuma sangre que nos empapa las manos y la ropa, que se derrama por el suelo del salón mientras se oye la llave girar en la cerradura de la entrada, después un portazo, y el sonido de las pezuñas de mi padre contra las baldosas del pasillo, acercándose. Temblamos.

Finalistas

Alberto Moreno Sánchez-Izquierdo
Una nota para el profesor

Yo no la he escrito, repite el enésimo alumno interrogado antes de volver al aula. Todos mienten, está seguro. El joven profesor sustituto necesitaría el consejo de algún colega más experto, pero los pasillos están desiertos. Debe calmarse, pero la nota bulle en su cerebro, paralizándolo. Y todo irá peor cuando entre y vea que la clase ha cambiado por completo, hasta sus propios alumnos. Cuando compruebe estupefacto que nadie percibe su presencia. Ni siquiera ese desconocido profesor que ahora le sustituye, y que acaba de descubrir otra nota en el cajón, idéntica a la suya. Con las dos mismas perturbadoras palabras: «Estás muerto».

Juan Pedro Agüera
¿Una broma pesada?

—Yo no la he escrito —dijo un chico distraído.
—Ni yo —alegó otro, socarrón—. No sé escribir algo así.
—Ahora resulta que se escriben solas —ironizó el profesor, enfadado.
—Es una posibilidad cuántica—dijo una chica, pensativa.
—No digas sandeces, los residuos cuánticos fueron eliminados hace años —replicó el profesor.
—Eso dice la versión oficial —replicó la chica, contestataria.
—Da igual —expresó el profesor resignado—, la clase queda suspendida.
Los alumnos abandonaron el aula, dejando al profesor abatido. En sus manos, una nueva carta de su esposa, muerta durante la guerra cuántica.


Semana 24: El nombre de mi hermana

Fecha: 08/04/2019 | Relatos recibidos: 835

Ganador

Nicolás Jarque Alegre
Correspondencia

El nombre de mi hermana apareció en la lista de fallecidos y me callé. Mi padre se moría y pensé que la esperanza lo mantendría con vida. Durante un tiempo así fue hasta que la falta de noticias casi me deja huérfana una noche. Al día siguiente le dije que la habían encontrado viva. Desde entonces he escrito centenares de cartas dirigidas a mi padre que yo misma le leía. En todas ellas, mi hermana desde un hospital de Buenos Aires se despedía anunciando un reencuentro próximo. Papá murió el lunes. Hoy ha llegado una carta de mi hermana. Yo no la he escrito.

Finalistas

Alberto Jesús Vargas Yañez
Mi niña

El nombre de mi hermana está siempre en boca de todos. No solo es rubia, guapa y tiene unos hermosos ojos azules, además es aplicada y saca buenas notas. Todos la adoran. Por eso mi muñeca se llama como ella, porque se parecen mucho. Sin embargo, mi niña de juguete no es tan melindrosa ni se pasa el día quejándose de dolores a pesar de ser a ella a quien le clavo todos los alfileres.

Lluis Talavera
Maleza

El nombre de mi hermana no se puede mencionar en casa. Sentenciada por mi padre a buscar marido y un lugar donde echar raíces y dar nietos, empezó a languidecer miserablemente, hasta que un día apareció con los pies hundidos en la tierra, los brazos metamorfoseados en ramas y con una espesa capa de hojas por cabeza. Eso cuenta mi abuela. No sé si es cierto, pero al llegar el verano, mi padre planta cada día su silla bajo el árbol del jardín y contempla las pequeñas flores que crecen, siempre tardías. No como haría el poeta, sino como quien ve florecer su propia sangre.


Semana 23: El último día de vacaciones

Fecha: 01/04/2019 | Relatos recibidos: 1.233

Ganadora

María Gil Sierra
Me quiere

El último día de vacaciones Alberto se acercó a mí y me entregó un sobre. No dije nada. Nunca sé qué decirle. Dejé a mis amigas y me fui sola camino del río. Lo abrí y saqué una hoja escrita a mano. Era una carta de amor, breve, con algunas faltas de ortografía. Pero no importaba. Era la carta del chico de mis sueños. Me tumbé sobre la hierba, cerré los ojos e imaginé que sus labios rozaban mi boca. Después guardé la carta. El sobre no. El sobre lo partí en pedacitos hasta que desapareció el nombre de mi hermana.

Finalistas

Nicolás Jarque Alegre
Fuera de temporada

El último día de vacaciones vuelven a coincidir en el aeropuerto de Manila. Esta vez ninguno de los dos se esconde del otro; es más, parece como si se alegrasen de protagonizar esta curiosa jugada del destino. Se saludan y pronto entablan una conversación cada vez más íntima. Ella se siente atraída por él y él por ella. Los dos están dispuestos, se excitan. La mente es libre de dejarse llevar, pero por mucho que se esfuercen, su oportunidad pasó hace un mes, al principio del verano.

Alex Merino
Raro

El último día de vacaciones papá se anuda la soga al cuello, mamá calienta el horno a una temperatura óptima para meter la cabeza y mi hermana Rosa, que es gótica, amenaza con correr desnuda por el bosque y cortarse las venas a la luz de la luna. Es el estrés post-vacacional, sucede en las mejores familias. Yo, para no desentonar, me paseo por la casa con aire taciturno y la escopeta de caza en la mano, pero es puro teatro. En realidad, la vuelta al colegio me hace feliz. Es una rareza que tengo. Espero que nunca se enteren, el disgusto podría matarlos.


Semana 22: Tengo pensado hacer varios peces de colores

Fecha: 18/03/2019 | Relatos recibidos: 732

Ganadora

Paloma Hidalgo Díez
Las cosas de la vida

Tengo pensado hacer varios peces de colores también, me explica mi hijo en cuanto entro en su cuarto, enseñándome los dibujos de dos estrellas de mar, tres caballitos y una medusa, para pegarlos en la ventana de su habitación, que sé que al abuelo le gustan mucho las cosas del mar. Y si me da tiempo antes de que te vayas a verle al hospital, añade sonriente, sin imaginarse lo que he venido a decirle, le dibujaré una caracola, igualita a la que nos encontramos mientras paseábamos juntos por la playa El último día de vacaciones.

Finalistas

Ana María Abad García
Adornos

Tengo pensado hacer varios peces de colores para que adornen el cuarto del bebé. Los colgaré en el techo, sobre la cuna, y bailarán cuando entre la brisa por la ventana. También pondré unas conchas, aquéllas que recogí en la playa el verano que nos conocimos. Ya verás qué bien va a quedar. Así nuestro pequeñín estará contento y no echará de menos el mar. Estoy deseando que empiece a respirar por la nariz, seguro que estará mucho más guapo sin esas horribles branquias.

Pedro Luis Puiggros Flores
Sirenas

Tengo pensado hacer varios peces de colores para montarlos en el curricán a ver si mañana tenemos suerte y pescamos otra sirena.
Menudo revuelo se armó en casa cuando llegamos con ella. Mi madre muy enfadada quería que la devolviéramos al mar, pero mi padre, después de varios minutos de gritos y amenazas, consiguió que aceptara ponerla en la bañera. Él se encarga de cuidarla y no quiere que nadie la toque.
Espero que la próxima sirena sea solo para mí.


Semana 21: Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente

Fecha: 11/03/2019 | Relatos recibidos: 651

Ganadora

Margarita del Brezo
Reciclaje

Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente en su pequeño pecho en cuanto apreté el botón del on. Segundos después abrió los ojos, estiró perezosamente las aletas, se ahuecó las escamas de plástico y aprovechó una ola atrevida para sumergirse en el mar. Sonreí con pena al ver cómo se marchaba, pero no voy a dejarme llevar por la melancolía y con las bolsas de unos grandes almacenes que pesqué ayer, ya tengo pensado hacer varios peces de colores.

Finalistas

Miguel Ángel Flores
Gigante interior

Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente en el pecho de Matías. De acero gris rabia y lana trémula deshilachada. Aún caminó unos metros más sin llegar a girarse. En la sien, sístole de coraje, diástole de temor. Pero alguien tiró con tanta fuerza de la mochila que llevaba a la espalda, que hizo que perdiese el equilibrio y cayera al suelo. Desde abajo miró uno a uno a los que jaleaban y reían. Entonces, lenta, muy lentamente fue levantándose. Cuando estuvo de pie, el niño medía más de tres metros. Mucho más. O así lo recordaron de por vida aquellos que recibieron su merecido.

Luis Arévalo Fernández
Futuro rural

Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente; Luis había creado a la primera oveja biónica. Dulcita era igual a la de su sueño. Daba leche pasteurizada, fulminaba a los lobos con descargas eléctricas y no necesitaba pastor gracias a su GPS integrado.

Luis no dudó un segundo antes de subirla a la camioneta. Al llegar a aquel pueblo fantasma, no encontró a sus vecinos, los que se burlaban de él cuando anunciaba que estudiaría robótica en la Politécnica. Tampoco quedaba nada de los verdes prados donde habría sido pastor. Lo único que se escuchaba era una oveja preguntando con balidos su primera orden.


Semana 20: Esas alas de plástico servían para volar

Fecha: 04/03/2019 | Relatos recibidos: 1.193

Ganadora
Eva Mª Gutierrez Alonso
La creación

Esas alas de plástico servían para volar, así que decidieron amarrárselas fuerte a la espalda. Con ellas dieron el cuerpo por terminado; sólo faltaba ocuparse de la cabeza. Les pareció que la vieja linterna iluminaría bien sus pensamientos. Después de pintarle la cara, se la encajaron bien en el pedazo de tubería del cuello. Una vez completada, llegó el momento decisivo. Eva cerró los ojos al soplar sobre su pecho. Dentro, un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente.

Finalistas

Enrique Mochón Romera
Día 4

Esas alas de plástico servían para volar sólo los días impares: una circunstancia que a él, particularmente, le costaba asumir. Adormilado todavía en la cama, las miraba colgando del perchero. Hacía mucho que había solicitado el cambio en la oficina de suministros, aunque esas cosas iban tan lentas que, a veces, incluso se planteaba contravenir las normas. Miró la hora y se levantó a preparar café. Ella, melena al viento y mejillas enrojecidas por el frío, no tardaría en pasar junto a su ventana. Sus miradas se cruzarían, como de costumbre, y ella sonreiría tímidamente, alejándose luego veloz hasta perderse con sus resplandecientes alas de metacrilato.

Vicente Fernández Almazán
Precariedad laboral

Esas alas de plástico servían para volar y ganarse la vida honradamente. ¡Aquello era currar! Cada día nos ordenaban lanzarnos por la ventana del despacho, con ese uniforme y esas plumas como de almacenes chinos. Recuerdo cómo tomaba carrerilla mientras imaginaba la productividad que podía ganar por un looping, una buena costalada sobre la acera. ¡Y sin coger bajas, que hasta me nombraron funcionario del año! Eran otros tiempos… Pero tú, hijo mío, ya eres “jumping manager”, tienes alas radiantes de policarbonato y unos jefes cordiales, pendientes de ti, apostados tras la mirilla de sus rifles; y, sin embargo, no te veo muy contento.


Semana 19: Los padres de Tomas insistían en recuperar al estúpido de su hijo

Fecha: 18/02/2019 | Relatos recibidos: 679

Ganador
Leonardo Martínez Expósito
Juguetes

Los padres de Tomas insistían en recuperar al estúpido de su hijo, pero éste, en el colmo de su sentido común, no se dejaba apresar. Después de varias horas infructuosas decidieron arrojar la toalla. Es inútil, se dijeron, nunca debimos convencerle que esas alas de plástico servían para volar.

Finalistas

Rafael Bravo Arrizabalaga
Mala estrella

Los padres de Tomás insistían en recuperar al estúpido de su hijo con un testimonio tan parcial que los convertía en sospechosos. Según ellos, su hijo estaba tan limpio de sangre como de conciencia, y sólo se le podía acusar de iluso. La responsable era Sara, una niña delgadita, de ojos negros, que vivía en la calle Prozna, dos portales antes del suyo; y que a cambio de permitir a Tomás jugar con ella, le había obligado a coserse en el abrigo una estrella amarilla como la suya.

Asier Susaeta Díez de Baldeón
Crisis existencial

Los padres de Tomas insistían en recuperar al estúpido de su hijo para la causa aristotélica. Aquella situación era muy frustrante para ellos, que siempre habían caminado por los senderos del empirismo en familia, pero, desde el accidente, Tomás había virado hacia el racionalismo más radical. Parecía no querer practicar la observación ni asimilar aquella nueva realidad, así que ahora sus padres se pasaban el día discutiendo con él; «Es solo una fase rebelde», razonaban para tratar de calmarse cuando lo veían flotar por los pasillos gritando «¡Cogito ergo sum, cogito ergo sum!». Su madre le hubiese dado un buen bofetón de no ser ella tan ponderada y ambos tan etéreos.


Semana 18: Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás

Fecha: 11/02/2019 | Relatos recibidos: 697

Ganador
Juan Antonio Morán Sanromán
Cumpleaños feliz

Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás. En cinco años de “mago a domicilio” era la primera vez que me fallaba un truco. Debía ser el arcón nuevo que compré en el bazar, o la variación del conjuro “meigas de la noche, ninfas del día… devolvednos la alegría”… Estaba el rubio de la gorra blanca, la pecosa de las coletas, y los dos hermanos pequeños. Sin embargo en lugar del protagonista del cumpleaños —chillón, caprichoso y engreído— había aparecido una princesita de rasgos orientales que nos ofrecía golosinas con gesto sonriente. Pero los padres de Tomas insistían en recuperar al estúpido de su hijo.

Finalistas

Guillermo Ramos Romero
Los ojitos de Tomás

Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás. Mis padres trataron de engañarme, pero yo sabía que no estaba allí. Tomás era diferente, me buscaba con sus ojitos blancos y no se asustaba. Cuando lo soltaba en el cuarto de juegos, tropezaba con todo y me hacía reír. Con cuidado de no aplastarlo, lo cogía por la cinturita y lo zarandeaba; él movía sus bracitos de una forma muy graciosa.
Anoche, mientras intentaba dormirme, escuché a mis padres hablar de él.
—¿Qué has hecho con el juguete?
—Lo he devuelto a la aldea.
—Mejor —dijo mi madre —. No es bueno para un gigante encariñarse con humanos.

Jorge Ramos San Martín
Pequeños detalles

Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás, él siempre se quedaba fuera, observando a través del ventanuco, y avisaba cuando se marchaban los soldados. Justo después mamá abría la puerta del sótano acogiéndonos entre sus brazos, aliviada, y transmitiendo la calma necesaria para que, de algún modo, siguiéramos con nuestras vidas.
Hasta que un día los soldados se fueron entre sonoras carcajadas, la puerta no se abrió, y Tomás dijo que ahora él era mamá; pero yo no le creí, porque temblaba al abrazarnos.


Semana 17: Cuando se ausentaba de casa

Fecha: 04/02/2019 | Relatos recibidos: 1.244

Ganador

Lluís Talavera
Inocente

Cuando se ausentaba de casa, nuestro padre siempre nos recordaba que teníamos prohibido jugar al escondite sin que le hiciéramos demasiado caso. Fue en uno de esos días que desapareció mi hermano Tomás. Al principio pensamos que quería gastarnos una broma, pero jamás lo volvimos a ver. Las malas lenguas comenzaron a murmurar que papá era violento mientras mamá juraba que le conocía bien y jamás haría daño a uno de sus hijos. Yo sé que es cierto, porque me escondí en el sótano y ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás.

Finalistas

Manuel Montesinos Moreno
Los caprichos del patrón

Cuando se ausentaba de casa lo hacía siempre con noche cerrada. Sin hacer ruido recogía el vuelo largo de los vestidos que le regalaban, para no arrastrarlos, y salía de puntillas, descalza, con los zapatos de tacón alto en la mano que solo se ponía cuando llegaba a la puerta de la casa grande. Allí la esperaban el señor y sus amigos. Era un relámpago de belleza pensaba su esposo que siempre se hacía el dormido y lloraba la deshonra en silencio.
Mañana su hija cumple los quince, un sirviente ha traído ropa de su talla y él por fin ha decidido cargar la escopeta.

José Ramón Calvo Míguez
Inocencia

Cuando se ausentaba de casa me preocupaba un poco. Yo le ayudaba a preparar la balsa y cargaba las provisiones; luego me abrazaba y se hacía a la mar. Lo perdía de vista en el horizonte y tardaba días en regresar. Buscaba barcos, me explicaba. Yo nunca había visto un barco, ni a otras personas más que a nosotros, aunque él aseguraba que vivían al otro lado del mar. Regresaba siempre agotado y malhumorado. Entonces yo lo cuidaba, sin importarme que esos barcos y personas que buscaba solo existiesen en sus historias.


Semana 16: Habría cogido alguna vez un hilván

Fecha: 21/01/2019 | Relatos recibidos: 647

Ganador

Miguel Ángel Flores
Puntadas sin hilo

Habría cogido alguna vez un hilván de pespuntes perfectos si le hubieran dejado. Se embelesaba observando cómo daban puntadas en la tela. Le serpenteaba la lengua entre los labios intentado conducir las agujas en sus manos. “Venga, vete un rato a darle patadas a un balón”, soltaba cualquiera de las vecinas. Entonces bajaba la cabeza y era ella la que contestaba: “no, es que no se encuentra hoy muy bien para irse a correr”. Y sabía que eso era todo lo que su madre podía hacer por él. Eso y dejar el costurero a su alcance cuando se ausentaba de casa.

Finalistas

Manuel Montesinos Moreno
La modista del doctor

Habría cogido alguna vez un hilván, pero esto era otra cosa. Unir todas aquellas partes de los cadáveres intentando que no pareciera un cuerpo zurcido era una tarea realmente difícil. Darle un aspecto casi humano o conseguir que no provocara repugnancia mirarlo exigiría, además, un experto maquillador de muertos si quería hacerse un trabajo profesional. Pero las prisas no son buenas compañeras, la tormenta se acercaba y el doctor ya tenía las manos en el interruptor. Cuando el rayo cayó todos los pespuntes saltaron, los dobladillos se abrieron, los miembros volaron por los aires y tuvimos que volver a empezar.

Alfonso Cabaleiro Caride
Demasiado tarde

Habría cogido alguna vez un hilván de los trabajos de costura que se traía a casa, pasado la aspiradora o tendido la ropa en vez de bajar al bar a ver el partido con los amigos, si se lo hubiera pedido. Quizá salir a cenar o incluso regalarle algo, quien sabe. El precocinado paró de girar y el timbre del microondas lo sacó de sus pensamientos. Llevaba cinco minutos peleando con aquella arruga maldita de la camisa y todavía seguía allí, como sonriendo ante su impotencia: estaba a punto de atizarle con la plancha.


Semana 15: Me quedé dormido hilvanando constelaciones

Fecha: 14/01/2019 | Relatos recibidos: 662

Ganadora

Almudena López Molina
Callo en el corazón

«Me quedé dormido hilvanando constelaciones», dictó el profesor para que los alumnos practicaran el análisis morfosintáctico. Era una de aquellas clases de educación para adultos y, mientras anotaba despacio, minuciosa, la anciana sintió el callo en el dedo corazón por su eterna negativa a usar dedal. Se preguntó si el autor de aquella frase, si alguno de esos literatos que vierten su mirada poética al mundo desde la distancia de una constelación, habría cogido alguna vez un hilván.

Finalistas

Enrique Santos Arévalo
Aullido interestelar

Me quedé dormido hilvanando constelaciones y diseñando galaxias de formas diversas hasta que los miles de millones de estrellas y planetas quedaron flotando por el Cosmos en estable equilibrio. Está claro que mi subconsciente no admite el Caos, hermano. Pero lo más sorprendente ocurrió al final del sueño: en un minúsculo planeta un ridículo animal bípedo aullaba desafiante exigiendo la inmortalidad. En principio cogí mi rayo pensando fulminar de inmediato tamaña osadía, pero, ¿no crees, Poseidón, que resultará mejor dejarle vivir para así divertirnos un ratito con él y su descendencia? Reconoce que esta eternidad sin distracciones resulta ya algo monótona…

Salvador Terceño Raposo
Pensamientos para el olvido

Me quedé dormido hilvanando constelaciones, anhelando estrellas fugaces a las que tramitar mis solicitudes, conmovido por la grandeza del inabarcable Cosmos. Las ovejas emitían lúgubres balidos, con una cadencia armónica de tonos menores y el perro respiraba rítmicamente. Cierta inquietud me agitaba a ratos, impidiendo un sueño profundo. Yo utilizaba el desvelo para pensar en ella, en su sonrisa campesina, sus cejas rapaces y su mirada de laguna atardecida. Pensaba también en su tacto de tarde estival y en sus hombros blancos y simétricos como dunas. Me desmadejaba recordar su boca pulposa. Pero luego olvidé toda esa cursilería porque, total, solo soy un pastor.


Semana 14: Ordenó sin pestañear

Fecha: 07/01/2019 | Relatos recibidos: 646

Ganadora

Patricia Collazo
Perseidas

Ordenó sin pestañear que no pestañeara. —Eso es imposible, papá. Tarde o temprano, se nos cerrarán los ojos —dije mientras los abría mucho para seguirle el juego. Estábamos mirando las estrellas recostados en el prado de la casa del pueblo. Era verano. —Si los mantenemos abiertos, este momento durará para siempre —aseveró enigmático. Entonces no lo comprendí. Hoy, mirando su nombre en la lápida recién estrenada, quisiera poder pestañear y borrarlo. Pestañear para regresar a aquella noche de verano en que con su brazo bajo la cabeza, me quedé dormido hilvanando constelaciones.

Finalistas

Joaquín Valls Arnau
Futilidad

Ordenó sin pestañear que, como leales miembros de la Armada Imperial, debían prestar aquel servicio a la nación. Además del comandante, en la base solo quedaban tres pilotos para un único aparato en condiciones de volar. Adelantándose a sus compañeros, el teniente Tomizawa corrió a subirse a la carlinga del cazabombardero. Al despegar decidió no conectar la radio. Oculto entre el mar de nubes, al poco rato avistó un portaaviones norteamericano. Tras acariciar la fotografía de su joven esposa, se lanzó en picado. Eran las ocho en punto de la tarde. Unos minutos antes habían anunciado la rendición de su país.

Alberto Jesús Vargas Yáñez
Orquídeas

Ordenó sin pestañear a su secretaria que se encargara de lo de siempre. Cada vez que por compromisos laborales tenía que llegar tarde a casa, o se veía obligado a no asistir a una comida familiar o a cancelar la cena de su aniversario o la del día de San Valentín, enviaba a su mujer, a modo de disculpa, una orquídea. Era, desde hacía demasiado tiempo, una rutina más. Hoy al llegar a casa, descubriría que ella había acabado prefiriendo al mensajero, aquel que tantas veces le llevó la flor.


Semana 13: Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato

Fecha: 24/12/2018 | Relatos recibidos: 558

Ganador

Agustín Frago Fernández
Semper Fidelis

Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato, el rey se dio cuenta de que necesitaría otra prueba más para elegir a su nuevo verdugo. Acreditada su destreza, tendrían que demostrar algo más importante: su lealtad. “Tráiganme a los primogénitos de cada uno”, ordenó sin pestañear.

Finalistas

Marta García Valdés
Cine de terror

Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato, el director tuvo una idea brillante. Estaba harto de actores mediocres que no sabían morirse de forma creíble. Esta vez la toma quedaría perfecta.

Asier Susaeta
La siembra

Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato a cliente del día, hice un cálculo rápido de las dimensiones del ataúd que necesitaría. Así, en cuanto rodó su cabeza, comencé a seguir por la plaza el rastro del llanto desconsolado hasta localizar a la reciente viuda y sus siete hijos. Entonces me presenté, les transmití mis condolencias y ofrecí unos servicios funerarios que ella rechazó entre sollozos. Suele ocurrir con las familias humildes. Y es que no siempre se acierta en este negocio; seleccionar víctimas de buena posición ya resulta suficientemente complicado como para —además— predecir quién pagará por el crimen. Ni que yo fuese adivino.


Semana 12: La fastidiosa mosquita con su lengua veloz

Fecha: 17/12/2018 | Relatos recibidos: 589

Ganador

Victor Manuel Sanguino Mateos
La mano de la princesa

-La fastidiosa mosquita con su lengua veloz… – dijo el visir.
-… dejó en la comida un rastro atroz – contestó el caballero.
-Enhorabuena – dijo el califa – Puede ser la peor rima de todas las que han presentado los candidatos. ¡Guardias, el tratamiento habitual!.
– “Maldita sea, éste era mono” – pensó la princesa – “¿No ha de haber un caballero con algo de cultura en todo el orbe? ¿Por qué no tuve un padre amante de los combates?” – se lamentó, mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato.

Finalistas

Agustín Frago Fernández
La enmoscada

La fastidiosa mosquita con su lengua veloz me contó que en realidad se llamaba Ramón y me pidió ayuda. Y ahora soy yo el que revolotea por el salón mientras él se bebe mi cerveza.

Joaquín Valls Arnau
Abdicación

La fastidiosa mosquita con su lengua veloz lame la espesa sustancia sin que él haga nada por espantarla. Sentado a la mesa, una noche más cena únicamente puré de patata. En pocos meses ha perdido la mitad de las piezas de la boca, mientras se iban desprendiendo las baldosas del baño y la escayola de los techos. Desde que murió su esposa no repara ni repone nada. Anhela que se le caiga ya la última muela, convencido de que con ella lo harán también las pocas tejas que todavía siguen en su lugar, y el edificio entero se desplomará sobre él.


Semana 11: Lo sé, soy un nostálgico

Fecha: 10/12/2018 | Relatos recibidos: 630

Ganadora

Nuria Rozas Álvarez
Delicatessen

—Lo sé, soy un nostálgico —le susurró el príncipe a la princesa mientras le guiñaba un ojo.
Entretanto, ella miraba, con angustia, a los comensales de ambos lados de la mesa, y pedía al cielo que nadie hubiera visto a su marido atrapar a la fastidiosa mosquita con su lengua veloz.

Finalistas

Jaime Martínez Postigo
Independizarse

Lo sé, soy un nostálgico, por eso la idea de vivir solo, por más que insistieran mis padres, nunca me sedujo. Así que tuve que buscar una solución. Mirar fotografías no es comparable con ver a mamá sentada en su mecedora, a papá tendido en su cama sin roncar, a la tía Clara en el sofá con su gatito dormido en sus piernas o al tío Julián en el garaje sentado al volante de su descapotable de época. Sentía pasión por ese coche y no podía separarlo de él. Al fin y al cabo se lo debía, el fue quien me enseñó a embalsamar

Pablo Fernández Bartolomé
Huesos de aceitunas

Lo sé, soy un nostálgico al otro lado de la mirilla. El jefe siempre me lo reprocha, pero cuando los veo pasar por la acera de enfrente con las carteras llenas de libros y sus uniformes escolares recuerdo aquellos días en que jugábamos en la plaza a montar tirachinas con cuellos de botellas y globos de colores. Los huesos de aceitunas eran entonces la munición. Ahora contengo la respiración mientras van cayendo, uno tras otro, creando una siniestra formación en la acera. Cuando separo el dedo del gatillo ya nadie se mueve al otro lado de la mirilla. Otro nostálgico día en la oficina.


Semana 10: Intuyo que los científicos irán desapareciendo

Fecha: 03/12/2018 | Relatos recibidos: 990

Ganadora

Trinidad Noguera Gracia
Zoológico

Intuyo que los científicos irán desapareciendo, igual que desaparecieron los escritores y los músicos. Las especies más frágiles se extinguen antes. Por eso yo he conservado en mi colección un ejemplar de cada una, incluso les he creado un hábitat adaptado a sus necesidades: al poeta le echo libros frescos cada día y al violinista le he puesto junto al comedero un Stradivarius que me costó bastante caro. El astrónomo ahora quiere un telescopio; le he dicho que no sea imbécil y mire por la escotilla de la nave. Estos bichos dan mucho trabajo, pero es curioso observarlos.
Lo sé, soy un nostálgico.

Finalistas

Rosa Pastor Carballo
Agujeros negros

“Intuyo que los científicos irán desapareciendo”. Se hizo un silencio reverencial entre el público que llenaba la sala. Fue la última frase de Rainer Weiss, premio Nobel de física. Por arte de magia, en su lugar apareció un conejo blanco.

Susana Revuelta Sagastizábal
Perdidos

Intuyo que los científicos irán desapareciendo. Unos devorados por los lobos al salir a buscar leña, otros desangrados de un botellazo en la cabeza debido a alguna trifulca por el abuso del vodka. El resto de frío o hambre, al agotarse las provisiones. ¿Cómo iban a imaginar al refugiarse en aquella cabaña de ensueño, a orillas de un lago y rodeada de frondosos bosques de abetos, que se verían atrapados por la peor ventisca del siglo? En una ventana empañada un superviviente escribe «Help» con un dedo y yo, extasiado con la escena, agito de nuevo la esfera de cristal para que siga nevando.


Semana 9: Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar

Fecha: 19/11/2018 | Relatos recibidos: 715

Ganador

Jovino Manuel Fernández Escudero
Empirismo

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar a los científicos. Habían afirmado que su ingestión transmitiría a los comensales las facultades del desdichado. Algunos crecieron, otros engordaron, otros se robustecieron, otros se hicieron más atléticos. Yo percibo que mi inteligencia está experimentando un incremento exponencial. Intuyo que los científicos irán desapareciendo.

Finalistas

Francisco Veiga Calvo
Madre no hay más que una

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar a mamá, esa es la verdad. Ni siquiera lo hicimos por el sabor de la carne humana sino porque ella nos insistía mucho en una dieta variada. Al día siguiente la gente del pueblo nos estaba esperando frente a la casa con hoces, guadañas, picas, estacas y antorchas, nada que no hubiéramos visto antes. Tras la ventana veía como nos esperaban con evidente nerviosismo. Al poco mamá emitió desde la cocina un rugido tan alto y tan tenebroso que se dieron a la fuga. Habíamos dejado sin recoger los cubiertos y platos del desayuno. Siempre nos resultó difícil contentarla.

Bruno Barquilla Marín
Cuándo se perdió el miedo

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar, pero ni siquiera eso funcionó. Cada luna llena nos preparábamos a conciencia, salíamos del denso bosque y rondábamos los caminos, olisqueando la brisa nocturna. Con el pelaje erizado, los ojos brillantes, las fauces entreabiertas mostrando unos colmillos enormes, acechábamos a los paseantes desprevenidos, y nuestros aullidos helaban la sangre. Pero a la gente no le importaba, las noticias no hablaban de nosotros, no cundía el pánico. Al final hemos tenido que resignarnos y aceptar lo evidente: ya nadie cree en los hombres lobo.


Semana 8: Para que luego digan que los monstruos somos nosotros

Fecha: 12/11/2018 | Relatos recibidos: 612

Ganador

Alberto Jesús Vargas Yáñez
Malvenidos

Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. En el pueblo nos recibieron muy mal. Desde el primer momento sufrimos el rechazo. No solo se negaron a atendernos en el colmado o a servirnos en la cantina, ni siquiera admitieron a nuestros hijos en la escuela. Todo el esfuerzo que hicimos por integrarnos fue inútil, nos aislaron como apestados sin darnos la oportunidad de demostrar que no somos como ellos temen. Antes de marcharnos y sin renunciar por ello a empezar una nueva vida como ogros vegetarianos, nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar.

Finalistas

Mateo Martínez Isaac
Los otros monstruos

Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Yo solamente pretendía enseñarle la salida, era evidente que aquel individuo estaba perdido, cuando le cogí del brazo y él me soltó un tortazo que me hizo rodar todos los huesos por el suelo del cementerio.

Juan José Ramos Medina
Inquilinos

¿Para que luego digan que los monstruos somos nosotros? Prefiero evitarlo… Nos quedaremos en casa, cerraremos puertas y ventanas y permaneceremos a oscuras hasta las doce de la noche. Si llaman a la puerta nos mantendremos inmóviles allí donde estemos, al igual que si alguien nos grita desde la calle o intenta trepar por el muro para mirar por la ventana del porche. Después de la medianoche, encenderemos todas las velas del pasillo y podremos volver a la cotidianidad: tú seguirás colándote por los recovecos de las cañerías del sótano y yo, como siempre, silbaré mis viejas canciones agazapado entre las cortinas del cuarto de los niños.


Semana 7: Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias

Fecha: 05/11/2018 | Relatos recibidos: 1.058

Ganadora

Elena Bethencourt Rodríguez
Corazoncito

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. Sus padres se habían comprado un libro para enseñarle a dormir con un método infalible y llevaban noches dejándole llorar. Primero cinco minutos, luego diez y así hasta que aprendiera a dormir solo.
Una noche el niño sollozó y sollozó. Papá no vino, mamá tampoco. Lloró más y más fuerte. Finalmente, se hizo el silencio, pero solo porque yo mismo salí de debajo de la cama y me lo llevé con mi familia al inframundo. Para que luego digan que los monstruos somos nosotros.

Finalistas

Luciano Montero Viejo
Contratiempo

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. Le cerramos los ojos y lo cubrimos con una sábana. Entonces encontramos una carta en la que nos acusaba de haber querido siempre a su hermano más que a él. Este hijo, siempre con sus problemas de autoestima, siempre inventando historias. Cogimos el teléfono e hicimos tres llamadas. La primera a la policía, para informarles del lamentable suceso. Las otras dos a la parroquia y al restaurante para decirles que tendríamos que demorar algunos días la primera comunión de Alberto. Con razón se dice que las desgracias nunca vienen solas.

José Luis Chaparro González
Sigue vivo

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. Cuando lo vimos estrellarse en el callejón, lo desnudamos a toda prisa y tiramos su cadáver en un contenedor. Me coloqué su traje, su máscara y su capa, y esperé a que llegaran los primeros curiosos para alejarme. Más que nada, para que siguiera viva la esperanza.


Semana 6: Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño

Fecha: 22/10/2018 | Relatos recibidos: 728

Ganador

Alberto Corujo Corteguera
El deslenguado

Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, los vecinos del pueblo caímos sobre el buhonero y el saco de semillas que pretendía vendernos como milagrosas. Estábamos desesperados y éramos pobres, pero no idiotas. Y los largos años de sequía se habían cobrado también las últimas gotas de piedad que algún día regaran nuestros corazones. Le arrancamos su lengua de charlatán, le atiborramos la boca con un puñado de falsas semillas mágicas y lo enterramos vivo.
Hoy, apenas unos meses después, hemos puesto su nombre al rico vergel que ha florecido en el valle. Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias.

Finalistas

Gustavo Charles González
El método científico

‘Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño’, decía. Y me miraba sonriente. Media hora después las abejas me cosían a picotazos mientras él tomaba notas. Así era mi padre: riguroso, obsesivo y egoísta.
A mí, aquel ajetreo de comprobarlo todo, hasta sus expresiones más triviales, me parecía absurdo y humillante. Como cuando me regalaba zapatos nuevos y se pasaba el día haciéndome preguntas, o dejaba pasteles en la puerta de mi colegio, cronómetro en mano. O cuando se coló en casa de nuestro vecino Pedro. Un día, distraído, exclamó: “¡Pitar a Iniesta es como pegar a un padre!”. Esa vez me miró, y se desfiguró su sonrisa.

Joaquín Valls Arnau
Primum vivere

Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, así nos precipitábamos mi hermano y yo al exterior cada vez que escuchábamos un nuevo estruendo en las proximidades. Mientras tanto, mamá y la abuela permanecían en el sótano paralizadas por el miedo. Unas semanas antes del fin de la guerra y con ella de los bombardeos sobre nuestra ciudad, durante una de nuestras misiones relámpago lo perdí de vista. Al día siguiente hallé su cuerpo entre los escombros del edificio que habíamos visitado. Y esparcidos por el suelo, un par de relojes, dinero, los alicates y también varias muelas de oro dentro de uno de sus bolsillos.


Semana 5: Tan misteriosamente como apareció, se cierra

Fecha: 15/10/2018 | Relatos recibidos: 648

Ganadora

Sofía de Encarnación Fernández
El otro lado

Tan misteriosamente como apareció, se cierra, y los atónitos transeúntes palpan el muro hermético, preguntándose si se trata de un espejismo colectivo o de verdad se ha abierto la pared y han podido observar esa otra vida, sus propias vidas, en una realidad paralela y ajena a la conocida. ¿Estaríamos juntos si hubiera acudido a la cita? ¿Así sería mi vida si le hubiera dicho que no a papá? Miles de preguntas sin respuesta anidan en sus cabezas, martilleando y removiendo sueños, miedos y dudas enterradas durante años, como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño.

Finalistas

Vicente Suárez de Góngora
Migraciones

Tan misteriosamente como apareció, se cierra. La brecha espacio-temporal deja como único rastro en nuestras pantallas las docenas de naves de refugiados del futuro que escapan de su destrucción. La base lunar donde se les retiene está saturada. Y siguen llegando. Pero parece que la solución puede estar cerca: nuestros científicos están a punto de encontrar la forma de abrir brechas al pasado. Las deportaciones al siglo XXI comenzarán en breve.

Christian Fernández Alonso
Estigmas

Tan misteriosamente como apareció, se cierra la llaga de mi mano derecha. Lo mismo sucedió ayer con la del pecho, aunque ambos pies aún me sangran. Duelen, pero no tanto como los trallazos de la espalda, que también parece que van cicatrizando. La doctora Lavalle parece demasiado joven para dar un diagnóstico, pero aventura que tal vez se trate de un carcinoma epidermoide. Que no me preocupe, que estas cosas suelen sanar solas. Sor Anunciación, mientras me hacía la cura, me ha preguntado si creo en Dios. Yo le he dicho que no. Me ha dado un paracetamol y me ha recomendado que beba mucha agua.


Semana 4: Comienzan a acumularse en la superficie del planeta

Fecha: 08/10/2018 | Relatos recibidos: 1.810

Ganadora

María Antonia Ramos Prada
La otra dimensión

Comienzan a acumularse en la superficie del planeta: negros, blancos, a cuadros, de rayas, cortos, largos… Nadie sabe por qué desde hace varios años, con un ruido ensordecedor y repentino, a veces se abre un torbellino en el cielo, escupe un calcetín y, tan misteriosamente como apareció, se cierra.

Finalistas

Salvador Terceño Raposo
La franja cobriza

Comienzan a acumularse en la superficie del planeta las luces celestes y cobrizas del atardecer, en esa amplia franja que separa la mitad iluminada de la que ahora duerme su noche azul y fresca. Imagino el contraste: los millones de humanos ajetreados, trajinando nerviosos de casa al trabajo, del centro comercial al psicólogo. Los millones de seres en penumbra, roncando, acechando o masturbándose ante el ordenador. Imagino esa transición púrpura, azafranada, de la que nadie habla, y en ella los amantes buscando dónde incendiar sus vidas. Los ancianos recordándose sus pastillas mutuamente, mirando fotos antiguas. Y te imagino a ti mirando al firmamento, esperándome como si pudiera volver.

Marta Currás Martínez
Optimizando el método

‘Comienzan a acumularse en la superficie del planeta las frondas secas de las plantas que reducirán su metabolismo durante la estación fría. Sus tonos cobrizos resultan idóneos para el cortejo amoroso y me pregunto, Catalina, si querrías degustar conmigo una decocción de los frutos, tostados y molidos, de varias especies de rubiáceas’ Por más que releía la nota arrugada, Germán no entendía por qué también ella la había tirado a la papelera sin mediar palabra. Frustrado, encendió el microscopio electrónico, tratando de no pensar en la cara que pondrían los de administración cuando solicitara, por cuarta vez aquel trimestre, que cambiaran a la encargada de limpiar el laboratorio.


Semana 3: Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde

Fecha: 24/09/2018 | Relatos recibidos: 692

Ganadora

Paula Palacios García
Un regalo del cielo

Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde, puede verles a lo lejos. Esta vez serán unos siete. Se parecen todos tanto, que es difícil contarlos. Aunque gigantes y macrocéfalos, son muy lentos y, por tanto, fáciles de cazar. La piel blanca no se come pero, una vez retirada, la carne es rosada y jugosa. Comparados con los alimentos del subsuelo, es lo más sabroso que han probado nunca. Cada vez llegan más y eso es bueno. El problema es qué hacer con los residuos que traen, con aquel montón de cachivaches que ponen NASA por todas partes y que Comienzan a acumularse en la superficie del planeta.

Finalistas

Esperanza Tirado Jiménez
Despedida

Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde, sacude un poco los raquíticos arbustos.
Los demás le apremian con maldiciones y blasfemias.

–Aquí no hay nadie -les responde-. Debe haberse caído. Si ha llegado al fondo, poco quedará. Ya se encargarán los buitres de sus huesos.

Mientras las voces se alejan, él se queda unos segundos más, sosteniéndole la mirada.

Yolanda Nava Miguélez
El monstruo

Acercándose un poquito más al barranco dónde se esconde el monstruo, lo llama esperando que la escuche, que sea compasivo y vuelva con ella a casa, a ocupar su lugar debajo de la cama.


Semana 2: ¿Me oyes?

Fecha: 17/09/2018 | Relatos recibidos: 725

Ganadora

Eva García Martín
Ecos

¿Me oyes?… yes… yes… yes… Su amigo inglés es el único que está siempre dispuesto a escuchar esas cosas malas que le suceden en la escuela. Por eso cada tarde se las cuenta acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde.

Finalistas

Luciano Montero Viejo
Náyade

‘¿Me oyes?’ susurraba el loco cada tarde asomándose al brocal del pozo, y después se entregaba a largas y sentidas parrafadas. Los transeúntes, familiarizados durante años con la escena, desviábamos piadosamente la mirada. La noche de su muerte nadie acudió a velar su cuerpo, pero las cámaras del tanatorio registraron la imagen de una joven con túnica y jacintos en el pelo que entró de madrugada, lloró junto al cadáver y dejó un rastro de humedad salpicada de musgo y anémonas de luz.

Asier Susaeta Diez de Baldeón
Proceso de comunicación

¿Me oyes?, pronuncia el emisor, de pie y con una mano apoyada en el cristal de la cabina telefónica. Esas dos palabras llegan hasta el micrófono del auricular que sujeta con firmeza y salen disparadas por la red. A pesar de que solo cincuenta metros separan ambos extremos, la frase recorre cientos de kilómetros de cableado y ondas electromagnéticas para reproducirse al otro lado, en un móvil. El mensaje es claro, la voz no pierde ni un ápice de personalidad; es reconocible para la receptora que, ovillada en el suelo del baño de su casa, se mantiene en silencio.


Semana 1: El bául de los juguetes está cada vez más vacío

Fecha: 10/09/2018 | Relatos recibidos: 655

Ganador

Alberto Muñoz García
Gemelas

El baúl de los juguetes está cada vez más vacío. Un día desapareció el yo-yo. Otro, la peonza y, luego, el xilófono. Anoche escuché el llanto de La Fea, nuestra muñeca favorita. Me levanté y vi la tapa del baúl abierta. Cada día te llevas un tesoro. Sé que eres tú, que aún andas deambulando por la casa. ¡Me vas a dejar sin nada! ¿No tienes ya bastante? ¿No te da vergüenza, hermana? ¿Por qué no descansas ya y me dejas en paz? Tú caminabas por la barandilla del balcón y si yo te empujé, que no me acuerdo, fue sin querer. ¿Me oyes?

Finalistas

Juancho Plaza Gómez
Aprender a volar

El baúl de los juguetes está cada vez más vacío. Desde que brotaron las alas en la espalda de los niños, revolotean todo el rato de un lado para otro. Entran y salen por las ventanas de su habitación, casi siempre sin permiso. Su padre y yo cenamos solos muchas noches y cuando por fin llegan a casa, justifican su desgana contando que han cazado alguna paloma distraída o una bandada de estorninos. Intentamos restaurar la antigua disciplina, los viejos horarios, que su habitación estuviera siempre recogida, los hábitos de estudio; sin lograrlo. Muchos padres han llenado de barrotes las ventanas, pero un canto plomizo tapiza de amargura la ciudad.

Paloma Casado Marco
El monstruo

El baúl de los juguetes está cada vez más vacío. Después de la próxima mudanza no voy a tener más remedio que volver a llenarlo, todo sea por el bien de mi hijo. Es el reclamo con el que atraigo a los niños a nuestra casa para que pueda jugar con ellos. Le duran tan poco…