Doctora en Filosofía y escritora. Su tesis, titulada Entre el límite y lo ilimitado, trata sobre lo sublime en la obra de Kant y fue realizada con una ayuda FPU. Ha publicado las novelas Terminal (Milenio, 2020), Estaré sola y sin fiesta (Lumen, 2021) y Los Escorpiones (Lumen, 2024).
En 2018 fue becaria de la Residencia de Estudiantes de Madrid para la escritura de Estaré sola y sin fiesta, y en 2025 de la Real Academia de España en Roma para el desarrollo de una nueva novela.
Colabora habitualmente con medios como El Mundo y Babelia, y ha impartido cursos de escritura creativa en universidades, centros culturales y escuelas de escritura. También trabaja como guionista para Buendía Estudios.
Es traductora de los Diarios alfabéticos de Sheila Heti y ha realizado trabajos como correctora y lectora para diferentes editoriales. Ha participado como ponente y profesora invitada en talleres, seminarios y jornadas sobre narrativa contemporánea, escritura y filosofía. Reside en Madrid y desarrolla su actividad profesional en el ámbito editorial, universitario y audiovisual.
Entrevista a la profesora
Me sugiere una idea romántica de la escritura, que no comparto del todo. Escribir implica talento, sí, pero también trabajo, lectura y práctica. Se puede aprender a escribir y, sobre todo, se puede enseñar a leer mejor, que es la base de la escritura.
Es una forma de compartir un oficio solitario y abrirlo al diálogo. Empecé a dar clases por invitación, y descubrí que me ayudaba a pensar sobre mi propia escritura y a acompañar a otros en la suya.
Me enfoco más en las estructuras que otros compañeros de profesión, y me gusta leer en voz alta.
Me recuerdan que cada voz es distinta y que la literatura sigue siendo una búsqueda. Me enseñan a no dar nada por sentado.
No ser destructivo con los textos de nadie, y a la vez ser capaz de mostrar qué no funciona.
En la relación entre forma y contenido, en cómo un texto dice lo que dice. También en la importancia de la reescritura, que es algo que a mí me costaba muchísimo cuando empecé.
Para mí es muy natural, porque cuando comencé a escribir era profesora, aunque de filosofía y no de escritura creativa. Siempre he hecho las dos cosas a la vez.
Me gustan mucho los posmodernos americanos, y ahora mismo estoy leyendo Maniac, de Labatut.