Pilar Fraile Amador es doctora en Teoría de la literatura, ha sido profesora de filosofía en institutos y de literatura en la UCM. Asimismo ha impartido talleres de narrativa para distintas instituciones, como el Instituto de la Lengua de Castilla y León, la Fundación La Caixa o la UCM. Actualmente se dedica de lleno a la escritura y la impartición de cursos y conferencias.

Como escritora ha cultivado casi todos los géneros. Es autora de las novelas: Las leyes de la caza (Candaya, 2025), Días de euforia, (Alianza editorial, 2020) Premio de la Crítica de Castilla y León y Las ventajas de la vida en el campo (Caballo de Troya, 2018), así como del libro de relatos Los nuevos pobladores (Ediciones Traspiés, Granada, 2014). Como ensayista ha publicado Materiales para la ficción (Editorial Grupo 5, 2017). Ha ejercido la crítica literaria en distintos medios como como Turia, La Verdad, El Cultural o Tendencias 21 y desde 2019 colabora con El País en la sección de opinión.

En el ámbito de la poesía es autora de los libros: Especie, (Bartleby, 2023), Beca de Creación del Ministerio de Cultura en 2022, Falta (Amargord, 2015), Larva seguido de Cerca (Amargord, 2013), La pecera Subterránea (Amargord, 2011) y El límite de la ceniza (Prensas universitarias de Zaragoza, 2006), Premio de Poesía de la Universidad de Zaragoza 2006.

Su obra tiene una importante proyección internacional y ha sido traducida a varios idiomas. Su libro Días de euforia/Euphoria Days fue publicado en 2024 en Estados Unidos por la editorial Great Place Books. Su conjunto de relatos Los nuevos pobladores (The New Tenants) ha sido íntegramente traducido al inglés por Heather Davis y varias de sus piezas han sido publicadas en medios tan prestigiosos como The Paris Review, The Chicago Review, Conjunctions o Brooklyng Rail.

Parte de su obra poética ha sido traducida al inglés por el crítico, traductor y poeta norteamericano Forrest Gander y antologada en Reino Unido y EE.UU en el libro Panic Cure — Poetry from Spain for the 21st Century, (Shearsman Book, London, 2013 y Seismicity Books 2014, EE.UU).

Para más datos se puede consultar su web.

Entrevista a la profesora

Los escritores tenemos de nacimiento una marca que no es más que un deseo, todo lo demás se hace. Ser alumno de clases de escritura comprime el tiempo de aprendizaje, que el caso del escritor es muy largo, y te da herramientas a las que por uno mismo es complejo acceder.

Desde muy joven tuve una doble vocación, la de la escritura y la de la docencia. Llevo tantos años dando clase tanto en ámbitos formales como informales que casi no me acuerdo como empecé, pero, si hago memoria, simplemente parecía el paso más lógico dada mi personalidad.

En mis talleres siempre parto de las capacidades e inquietudes de mis alumnos. Una clase nunca se repite porque se va a adaptando a lo que en cada momento considero necesario para que los alumnos avancen en su camino personal.

Lo que pido de mis alumnos al iniciar es que se muestren abiertos, que parece que no es pedir mucho, pero no es algo a lo que estemos acostumbrados. Lo que querría que hubieran conseguido al terminar es haber aumentado su nivel de escucha, del resto de compañeros, de los textos y, sobre todo, de la realidad y de sí mismos. De nuevo, parece que esto no es gran cosa, pero creo que supone dar un salto en su camino profesional que no es nada sencillo.

Lo que busco es que haya confianza y para ello hago uso de distintas estrategias. El clima ideal es aquel en el que cada alumno se siente libre, desde el respeto, de participar en el crecimiento de sus compañeros.

Es muy difícil resumir todo lo que he aprendido en mis años como docente. Si tuviera que elegir la enseñanza fundamental sería esta: todos somos singulares, no hay dos personas que resuelvan un problema de la misma forma y esa es nuestra riqueza fundamental.

Uno debe de tener un bagaje formativo, eso es innegable: formación humanística, un enorme número de lecturas a sus espaldas y formación técnica, específica. Además, considero imprescindible tener experiencia como escritor y con el mundo editorial, es decir, conocer de primera mano los problemas a los que se enfrentan tus alumnos.

Como he impartido clases de escritura creativa general, de escritura poética y de narrativa te diría que en cada uno de esos campos hay cosas específicas que me parecen esenciales. En las clases de escritura creativa lo primordial es proporcionar al alumno autoconfianza y técnicas básicas, en las de poesía es importante que adquieran distanciamiento con el texto, aprender a ver el mecanismo, y en las de narrativa considero imprescindible aprender a manejar el tono de la narración.

Esta es una de las cosas en con las que uno tiene que lidiar si quiere ser escritor, compatibilizar la docencia, pero también el resto de la vida, con la escritura. Yo he usado distintas estrategias a lo largo de mi carrera, pero la que mejor suele funcionar es la de ponerme un horario en el que quepan todas las actividades y tratar de cumplirlo, cosa, que no siempre es fácil.

Esta pregunta es siempre la más temida para mí, un poco como cuando de niño te decían ¿a quién quieres más, a papá o a mamá? Se necesitan muchos escritores favoritos para hacerse con una voz propia, pero venga, te digo dos, por no dejarte en ascuas: J.M. Coetzee e Irène Némirovsky. Actualmente leo Dime una adivinanza, de Tillie Olsen.

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