Ismael Ramos (Mazaricos, 1994) es escritor en lengua gallega.

Su primer libro de cuentos, A parte fácil (Xerais, 2023), fue publicado en catalán por Angle (La part fàcil) y en castellano por Las afueras (La parte fácil). El relato “A lebre”, incluido en este volumen, le valió en 2026 el prestigioso Premio O. Henry en Estados Unidos, convirtiéndose en el primer escritor del estado en obtenerlo.

Es también autor de tres poemarios: Lixeiro (Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, Xerais, 2021), Lumes (Premio Javier Morote, Apiario, 2017) y Os fillos da fame (Premio de Poesía Johan Carballeira, Xerais, 2016). Dos de ellos disponibles en español: Ligero (La Bella Varsovia, 2021) y Fuegos (La Bella Varsovia, 2019).

Ha participado como ponente en festivales y encuentros nacionales e internacionales sobre pensamiento, cuento y poesía. Y ha sido residente en la Faberllull, la Residencia Literaria Finestres y la Residencia 1863.
Su obra, traducida a numerosas lenguas como el húngaro, el inglés, el italiano, el finlandés o el portugués, y publicada en diversas revistas y antologías internacionales, articula una mirada profunda sobre la ruralidad, la precariedad y la memoria. Graduado en Lengua y Literatura Españolas y Máster en Estudios de la Literatura y la Cultura, actualmente trabaja como profesor y colabora con medios como elDiario.es, donde publica periódicamente reflexiones sobre política, sociedad, ecología o salud mental.

Entrevista al profesor

Si bien puede que el talento —prefiero llamarlo «visión»— tenga algo de innato o de forjado en algún tiempo remoto e incognoscible, soy un firme defensor de la adquisición de la técnica y la posibilidad del aprendizaje en lo que se refiere a cualquier disciplina artística. No hay escritora o escritor sin lecturas, es decir, sin maestras y maestros.

Les pido que incorporen la escritura a la vida. Que la empleen como una herramienta diaria y no solo como escalpelo para lo literario. En este sentido, el punto de partida es trabajar siempre con materiales en bruto. El objetivo, pulir, acertar a decir, señalar con la mayor precisión posible. La exigencia no es algo que yo establezca, sino un requisito para quien pretende aproximarse a la creación.

Me gusta que el lugar de trabajo —la conversación— sea un espacio de confianza. Es imprescindible establecer un diálogo honesto y constructivo.

Es importantísimo transmitir confianza. La escritura es una tarea en la que los momentos de soledad se alternan con las conversaciones y los cuidados de quienes nos sostienen. Un profesor de escritura debe pasar a formar parte de esa red. También es fundamental la delicadeza a la hora de entrar en una obra en construcción. La ternura y la firmeza. La escucha y la espera.

Me gusta despojar a la escritura de su vertiente más mercantilista, es decir, aprehender la técnica sin tener que responder a moldes y modelos. Que la escritura sea una práctica y no una ilusión. Que sea un oficio. Quisiera que el alumnado comprenda la importancia de desautomatizar el lenguaje y emplearlo para codificar una nueva visión de la realidad: la suya.

Entre las muchas escrituras que me acompañan, algunas de mis predilectas son las de Louise Glück, Thomas Bernhard, Marilynne Robinson, W. H. Auden, Ali Smith… Si tengo que pensar en algo que las una, se me ocurre hablar de cierta potencia vital, de un texto vivo que se abre al mundo.

Ahora mismo estoy leyendo Balladaz de Sharon Olds.

Ismael Ramos, profesor de Escuela de Escritores -IMG570 - fotografía de P. Ramos
P. Ramos

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