Bibiana Bernal, con su libro Pájaro de piedra ha sido una de las finalistas más jóvenes del Premio nacional de poesía de Colombia.

A los 17 años inició su trayectoria como poeta, también como promotora de lectura y tallerista en escuelas públicas en su ciudad natal. Dichas actividades han sido ininterrumpidas durante 23 años, y han derivado en formación literaria (sobre todo en poesía) con niños, jóvenes y adultos en alianza con escuelas, universidades y centros literarios desde la Fundación Pundarika, entidad que creó y dirige.

Sus estudios iniciales fueron como autodidacta, en compañía de un mentor. Posteriormente realizó la carrera universitaria y obtuvo el título de Licenciada en literatura y lengua castellana. A los 21 años fundó la editorial Cuadernos Negros, que cuenta con dos décadas de publicaciones continuas, amplio reconocimiento y un catálogo de autores colombianos y extranjeros. Su labor como profesora, escritora y editora es reconocida dentro y fuera de Colombia. Ha obtenido varios premios y reconocimientos en los campos en que se desempeña. Es un referente en la edición y difusión del microrrelato en Latinoamérica.

Microuniversos

Minificción
2023

Publicado por:
Cuadernos Negros

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Pájaro de piedra

Poesía
2020

Publicado por:
Valparaíso

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El escritor/la escritora, nace. Creo que algo ya viene, a veces explícito y temprano, o implícito y tardío, en quien escribe. Tal vez ese “nace” se refiera al momento en que se manifiesta el impulso, la necesidad (¿innata?) de escribir. Nacer para la escritura puede darse pronto, cerca de la infancia, o lejos de esta. El escritor, la escritora, nace cuando se manifiesta la pulsión de la escritura. Y para que haya esa manifestación algo debe venir al mundo con él/ella. Sí, quien escribe nace, pero también se hace, debe hacerse después. No basta con traer el “don”, el talento. Es necesario hacer, es decir, es necesaria una disciplina, un oficio en el cual el escritor que nace se haga. Cuando un escritor se hace es porque ya había algo en él para que esto fuera posible. Es justamente por lo anterior que creo que se puede aprender y enseñar a escribir. Si naciste escritora, todas las técnicas, guías, espacios y procesos en torno a la escritura aportan mucho para “hacerte”. De igual manera, cuando se tiene el oficio de la escritura este puede transmitirse a través de técnicas, procesos, herramientas, fórmulas, desde mecánicas y modelos, claro, pero sobre todo desde el asombro, desde la complicidad que este crea entre lectores y escritores. 

Mi labor como profesora significa una oportunidad de compartir, primero, la pasión por la lectura y la escritura y, segundo, la búsqueda inagotable que significa leer y escribir. En tiempos de ligereza intelectual, de recursos digitales que pueden hacernos menos exigentes, mi labor como profesora puede ser ese llamado al asombro en su expresión más orgánica a la hora de crear. 

Empecé a impartir clases a los 17 años, a niños y niñas de escuelas públicas. A pesar de escribir desde la infancia, fue a los 15 años cuando descubrí la literatura en toda su expresión, gracias a un profesor y su taller literario. Esto marcó un antes y un después. La literatura me dio una vida que, de otra manera, no hubiera tenido ni tendría. Así que necesitaba contarles a esos niños que la lectura puede hacer eso; que yo era una niña como ellos, sin muchas posibilidades debido a mi realidad socioeconómica y cultural, y que los libros me ayudaron a leer, escribir, creer y crear otro mundo. 

Tal vez lo peculiar sea mi manera de estar presente, de Estar para el y la estudiante. De entrar en un diálogo cercano que me permite comprender su universo creativo más allá de las mecánicas de los talleres. Esta peculiaridad se debe a mi vocación y a mis búsquedas pedagógicas, desde las cuales estoy “construyendo” una teoría del aprendizaje, la “pedagogía del asombro”, que tiene un enfoque de la enseñanza desde y hacia el asombro. 

Presencia. Apertura. Rigor. Curiosidad. La presencia como una manera honesta de asumir los procesos, sin autoengaños. Apertura, como una disposición para dar lugar a otras perspectivas a la hora de mirar el mundo, la poesía y su escritura. Rigor, en cuanto a la lectura y escritura, de tal manera que no haya conformismo y el nivel de exigencia sea alto. Y curiosidad, sobre todo curiosidad, porque es el motor del proceso creativo. Esto les pido, pero, sobre todo esto procuro despertar y potenciar en ellas y ellos. 

Un clima cálido, cercano, respetuoso, en el cual sea posible la complicidad como una búsqueda conjunta.

Lo esencial: a ser profesora. Por más tenga metodologías, estrategias, modelos, recursos, etc., son los estudiantes quienes me revelan cómo debo acompañarlos en sus procesos. 

La exigencia y la indulgencia, como dos caras de la misma moneda. Esto se vería reflejado en el respeto por el mundo particular de quien escribe, a la vez que se le dan herramientas para ampliarlo, dejando a un lado la necesidad de imponer una verdad sobre la escritura. Una enseñanza desde la horizontalidad, que reconozca las necesidades de cada estudiante en su proceso creativo. 

Le doy un lugar importante a la sensibilidad, a la experiencia sensible, siempre marcando la necesidad de contención. Es decir, una sensibilidad que no deviene en sensiblería, en simple desahogo emocional, y que pasa por la necesaria contención que requiere la intención estética. Esto en particular en las prácticas de escritura y corrección. 

La lectura es el punto de convergencia de mi labor como profesora y escritora. Así mismo, es mi punto de encuentro con los y las estudiantes. Principalmente, somos lectores, así que todo se trata de leer: enseñar, aprender y escribir. De esta manera, ser profesora me mantiene en mis búsquedas literarias, próxima a mis creaciones. 

Uno de mis autores favoritos, al que vuelvo una y otra vez, es el argentino Roberto Juarroz. Porque en su poesía se cumple lo que Antonio Colinas señala, y comparto, como “ideal”: que piensa y sienta a la vez. En su obra la imagen y el concepto dialogan de forma continua y extraordinaria. En la actualidad estoy leyendo Territorios in(di)visibles (2021), dilemas en las literaturas hispánicas actuales, un libro fundamental en la investigación sobre extraterritorialidad y narrativas migrantes en la poesía hispanoamericana contemporánea que estoy realizando. Es particular, el estudio de Vicente Luis Mora que hace parte de este libro. 

Bibiana Bernal, profesora invitada de Escuela de Escritores -IMG570
Olga Lucía Jordán
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