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Nacido en Madrid, en 1969. Después de media vida dedicado a otros menesteres, en el año 2014 decide dar rienda suelta a su vocación y hacer lo que siempre ha querido hacer: escribir. Rompe con su vida profesional y se matricula en el Master de Narrativa de la Escuela de Escritores, donde termina su primera novela, que obtiene la clasificación de Sobresaliente por el profesor y escritor, Ignacio Ferrando.

Antes de eso, durante años fue alumno de talleres de escritura creativa, relato y novela en escuelas de escritura como el Taller de Escritura de Madrid, Fuentetaja, etc. y con escritores de prestigio como Ángel Zapata, Javier Sagarna o Espido Freire.

Desde entonces ha impartido talleres de escritura creativa para jóvenes y para adultos, realizando labores de asesoramiento y corrección de novelas para diversos autores noveles. Actualmente trabaja como gestor del espacio cultural Cafebrería ad Hoc, de  Pozuelo de Alarcón, donde es también asesor cultural y profesor de escritura creativa para Escuela de Escritores, tanto para adultos como para jóvenes.

Ha publicado relatos en diversas antologías y su primera novela está en vías de publicación.

Si alguien que como yo nunca haya escrito relato breve y quiera aprender mucho en nueve meses (desde luego trabajando), os recomiendo a nuestro profesor A. Marín. ¿Por qué? Pues por sus conocimientos, por su dedicación feliz a esta tarea de enseñarnos a escribir, por las lecturas y correcciones profundas de nuestros textos. Inmisericorde es, porque no nos pasa ni una (así tiene que ser un profesor cuando corrige, lo demás es un engaño), nada benévolo también. Pero a la vez, enseguida nos cala y sabe guiarnos; reconoce nuestros bajones y nos ayuda a levantarnos. A veces, muchas, ve lo que quisimos escribir y no hemos escrito. ¿Es adivino? No lo sé. Nos indica caminos por los que hacer discurrir el relato cuando nos desviamos.

Adelina Rodríguez, desde Astorga, León (España)

Antonio ofrece a los alumnos una mezcla perfecta de amor por la escritura y pasión por la enseñanza. Es capaz de motivar, instruir y alentar, todo el tiempo con un sentido de humor muy apreciado que hace que las clases sean entretenidas y agradables. Aprendí más de lo que esperaba y estoy muy contento de haber invertido horas y esfuerzo en este curso. Hazlo. No estarás decepcionado.

David Blust, desde Middleton, WI USA

Antonio Marín es un profesor excepcional. Con una dedicación plena. Dedica con esmero sus comentarios, con gran respeto y una gran inyección de motivación para que sigamos escribiendo. Es una persona con un gran carisma que hace que los martes se conviertan en los días preferidos de la semana, al esperar sus comentarios. Me siento feliz y orgullosa de que haya sido mi profesor. Un gran maestro.

María Teresa Blaya, desde Torre Pacheco (Murcia, España)

Entrevista al profesor

Sin duda, el escritor se hace. Pienso que para escribir hace falta tener algo que decir y saber cómo hacerlo. Y ambas cosas nos vendrán dadas por nuestra experiencia, nuestras lecturas… y por el aprendizaje. Claro que se puede aprender y enseñar a escribir. A lo mejor no tanto a tener una visión del mundo que interese al lector, pero sí desde luego a saber expresarla, lo que es el oficio de escritor.

Es algo que me gusta incluso más que escribir (bueno, no tanto, no exageremos), porque me permite reflexionar y compartir con otros algo tan apasionante como son la literatura y el arte de escribir. Supongo que empezar a dar clases fue el camino lógico después de tantos años asistiendo a talleres, donde me di cuenta de que aprendía casi tanto analizando los textos de mis compañeros como con los comentarios del profesor. Y me gustaba.

Después de terminar el Máster, la Escuela me dio la oportunidad de incorporarme como profesor, aunque antes ya había hecho mis pinitos asesorando en novelas y dando cursos para adolescentes.

Cuando te pasas dos años haciendo el Máster de Narrativa, la Escuela se convierte en algo parecido a tu segunda casa. Ahí tengo grandes amigos y, sobre todo, grandes maestros; de hecho sigo siendo alumno de algunos de ellos. Y no creo que nunca deje de serlo del todo.

No sé si realmente tengo una metodología particular. Trato siempre de adaptarme al nivel y los intereses de los alumnos con los que trabajo, como supongo que hacemos todos. No es lo mismo trabajar con escritores expertos con los que deberás incidir más en la técnica, que con principiantes con los que tratarás, sobre todo, de mantener su pasión y la ilusión por la escritura, evitando que se desanimen. Eso sí, aunque no soy muy partidario de cargar las tintas con la teoría, sí que intento siempre que mis alumnos reflexionen sobre el proceso de la escritura. Reconozco que esa es una de mis pasiones y supongo que eso se notará en mis clases.

Por supuesto me siento libre de aplicar mis criterios. Si no, no creo que estuviese aquí.

Por supuesto aprendo de mis alumnos, creo que siempre debes mantener la mente abierta para aprender, y más en algo como la escritura, donde no existen las recetas mágicas. Pero, dicho esto, nunca olvido que mi posición es la de maestro y la suya la de alumnos, así que es mi responsabilidad enseñarles para que ellos aprendan y no al revés.

Todas las que yo tengo, sin duda alguna.

Pero, bromas aparte, si se trata de hacer una relación pormenorizada, te diría que saber escuchar, al alumno y al texto, tener una buena capacidad de análisis y mantener siempre la mente abierta. Y siempre, siempre, tener claro que tú no estás ahí para juzgar lo que el alumno quiere contar, sino solo para ayudarle a lograr que eso que quiere transmitir, llegue al lector tal y como él quiere que llegue.

Reconozco que, por mis gustos literarios, me he ido haciendo cada vez menos amigo de los meros alardes técnicos o estéticos, por lo que me gusta incidir en todo aquello que juegue a favor de la historia, tanto la que se ve como la oculta, la trama. Por eso, me interesan especialmente la estructura, la creación de personajes, la precisión en el lenguaje y el manejo de la información dentro de la historia.

Bueno, esto no es el colegio, ni siquiera cuando trabajo con adolescentes. Un taller es un sitio al que el alumno viene porque tiene una pasión, que es escribir. Más que exigir al alumno, me exijo a mí mismo. Que salga comprendiendo mejor de lo que comprendía el proceso de la escritura, qué es lo que funciona y qué es lo que no, y por qué. Y que no haya perdido ni un ápice de la pasión que traía al empezar.

Eso sí, les pido que trabajen, que escriban cada semana y que lean. Y reconozco que soy bastante intransigente con las chapuzas, con lo que se escribe sin cuidado; como siempre les digo, si tú no respetas tus textos, no puedes pedirle al lector que los respete por ti.

Mi gran obsesión en ese sentido es que el alumno sienta que tiene asegurada una completa libertad creativa, que nadie va a juzgar qué es lo que escribe sino solo si funciona y por qué. Si tú ya tienes asegurado ese clima de respeto y confianza en el grupo, lo normal es que el ambiente sea bueno; al fin y al cabo estás trabajando con personasa a las que les une una misma pasión y que está dispuesta a desnudarse delante de un papel.

Creo que todo aquel que escribe lo hace pensando en que lo lean, si no nadie se molestaría en coger la pluma o el ordenador y nuestras historias se quedarían en meras ensoñaciones. En ese sentido, el afán de publicar no solo me parece lógico y normal, sino también algo sano.

Ahora bien, no hay que olvidar que la situación del mundo editorial es la que es y publicar no es siempre una cuestión de calidad o de talento, sino que influyen otros muchos factores. No conviene obsesionarse ni desanimarse si no se consigue o si las oportunidades tardan en llegar. En ese sentido, los concursos pueden ser una buena manera para conseguir publicar si eres un escritor que aún no ha podido hacerse un nombre o que tiene un estilo no muy comercial.

Me considero un lector bastante ecléctico y no tengo un estilo, género o época favorita. Además, dado que trabajo en un espacio que, entre muchas otras cosas, es una librería, tengo la necesidad (y la oportunidad. Y el placer) de leer prácticamente de todo. Lo mismo mezclo relato y la novela realista con el género (prácticamente cualquiera), el ensayo o, un poco menos, la poesía. Y lo mismo en cuanto a las épocas y los estilos.

Sí reconozco que en los últimos tiempos estoy tendiendo más a buscar escritores que potencian la historia y el personaje frente aquellos que buscan la brillantez formal. He disfrutado especialmente de la aparente sencillez de un Stoner de John Williams, las historias íntimas de Ann Tyler o de todas las novelas de Kent Haruf. Precisamente en este momento me estoy leyendo Bendición, la última novela de la Trilogía de la Llanura, de Haruf.

Creo que soy más escritor de relato que otra cosa, aunque es cierto que en este momento estoy terminando mi segunda novela. Soy más dado a las pequeñas historias del día a día que a las grandes epopeyas. Y en cuanto a estilo, me gusta el realismo y creo que mi prosa es muy sobria. Tal vez demasiado.

Una de las cosas que más me interesa es la elaboración de personajes que me ayuden a indagar sobre las debilidades del ser humano; la cobardía, el egoísmo, lo mezquino… No quiero pensarlo demasiado, pero me temo que si todos esos temas me interesan tanto tal vez se deba a que me veo reflejado un poco en ellos.

La verdad es que, si tienes que compaginar un trabajo con la escritura, siempre piensas que te acaba faltando el tiempo, pero he de reconocer que yo, entre mi trabajo de asesor cultural, la enseñanza y la escritura, he conseguido vivir alrededor de la literatura, por lo que me considero un privilegiado.

De alguna manera esas tres actividades se complementan y me permiten a la vez leer muchísimo y estar en permanente contacto con el mundo literario. Lo cual, espero, me ayuda a ser mejor profesor y escritor.

 

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