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Aitor Díaz es ingeniero y escritor. Aúna ambas facetas en la creación literaria a través de cuentos de género fantástico (y alguna que otra novela corta). Forma parte de la décima promoción del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores (2018-2020) y de la primera promoción del Curso de Especialización en la Enseñanza de la Escritura Creativa (2020-2021), impartido por la Escuela de Escritores y la Universidad de Alcalá. Coordina y participa diversos podcasts de difusión artística, como Friki Planet u 80 Mundos. Ha publicado cuentos en La Rompedora y otras plataformas digitales como Cuarto Blanco o El último refugio de Orión, y actualmente trabaja en la publicación de su próxima antología de cuentos de terror y realismo maravilloso: Tabarca. Ha impartido numerosos talleres de escritura creativa en su ciudad natal, la mayoría de ellos enfocados al relato breve y los géneros fantásticos. Entusiasta de la literatura, cine, cómic, de obras que trasgreden los límites de la imaginación, y apasionado, aún más, de la enseñanza.

Entrevista al profesor / Entrevista a la profesora

Me sugiere que quien desea escribir, lo hace de verás, con todas sus fuerzas, y para convivir con un deseo tan poderoso son necesarios maestros. Como alumno del Máster de la Escuela, creo que la enseñanza de la escritura creativa es fundamental. Ayuda a cimentar los pilares de nuestras narraciones. Nos ayuda a dialogar con nosotros mismos, a preguntarnos qué queremos contar, cómo podemos hacerlo, y, aún más importante, por qué deseamos escribir esas historias que nos rondan. Resulta de gran utilidad indagar en la práctica de las técnicas narrativas, trabajarlas con tiempo y esmero, y, por supuesto, dejarse aconsejar por quienes llevan tiempo compartiendo su vida con las palabras.

Comencé a dar clases porque quería compartir todo aquello que había aprendido como alumno de la Escuela, así como mi propia trayectoria como escritor. Consejos, trucos, éxitos, fracasos, todo suma, y mucho más para los que comienzan a dejarse llevar la escritura.

Me encanta fomentar la imaginación de los alumnos, desafiar su creatividad. Preguntarles, por ejemplo, qué ocurriría si un hombre lobo muerde a una ardilla, o qué técnicas narrativas serían necesarias para conseguir que un dragón conviva con un marciano en una nave espacial. Me gusta enseñar que todo es posible si lo contamos bien.

Les pido ganas de escribir, aprender y compartir. Cuando terminan espero que estén satisfechos de su trabajo y que sean capaces de ampliar sus expectativas literarias.

Clima distendido, por supuesto. En clase hablaremos de literatura, de escritura, de la vida y de todo aquello que surja en la conversación. Fuera dogmas, adiós encorsetamientos. La idea es que nos sintamos como en casa, rodeados de buenos amigos y compañeros de viaje.

Me enseñan que las ideas son infinitas, que no hay ninguna mala, que cuantas más descubramos y desarrollemos, mejor. Me enseñan que la ilusión lo es todo. Que debemos dejarnos llevar, descubrir, explorar e indagar en las raíces de las historias que nos vertebran.

Se requiere entusiasmo y adoración por lo que uno pretende enseñar.

Tengo especial interés en el estudio de los subgéneros de la literatura fantástica, en cómo el conocimiento de estos ayuda a construir el elemento imposible de las historias de fantasía, terror y ciencia ficción. También considero fundamental el análisis estructural (tanto en contenido, como en forma) de las obras literarias.

Como buenamente puedo. Escribo dos o tres horas cada mañana nada más levantarme (tras un buen desayuno, claro). Las tardes las dedico por completo a la enseñanza.

Imposible elegir solo uno, así que me quedo con cinco: Ray Bradbury, Ursula K. Le Guin, Cormac McCarthy, Neil Gaiman y Jon Bilbao. Ahora mismo estoy leyendo: La maldición de Hill House, de Shirley Jackson.

Aitor Díaz
Fotografía: Jorge Román Ferrando (Pictureo)

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