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XV Edición de Relatos en Cadena

Ganadores y finalistas de la Temporada 2021-2022

En esta página se irán publicando los resultados semanales de la XII Edición de Relatos en Cadena. Cada lunes, en el tramo de 18.00 a 19.00 en el programa La ventana de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.

ENERO

Ganadores y finalistas de la semana 16: 17/01/2022

Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo. Si sigo haciendo estos deliciosos hígados encebollados y riñones al jerez, el policía que está investigando la desaparición de mi marido no dejará de venir al mediodía con la excusa de seguir indagando. Anda que no le gusta comer bien al condenado. A partir de ahora, acelgas y tortilla a la francesa cada día, ya verás lo rápido que deja de revolotear por aquí como un moscón. Ya habrá tiempo para guisar unos buenos sesos. En el congelador hay Manolo para rato.

«Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo otra vez», pensaba cada noche. Con lo que le había costado reunir el valor y las pastillas suficientes. El plan estaba claro: machacar un buen puñado y echarlas directas al postre. Pero no había noche en que su marido no estallase en halagos al probar la primera cucharada de la cena. Y ella sonreía. Y retrocedía 30 años. Y decidía perdonarle la vida un día más, porque sólo entonces aquel monstruo parecía transformarse en el hombre bueno con el que un día se casó.

Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo, aunque según mi mujer ya es tarde; moriré de éxito. Aun perdido en este pueblecito de Wisconsin, mi cocina de fusión ítalo-japonesa ha merecido una estrella Michelin. Al agente John Smith, de protección de testigos, no le pareció tan buena noticia como a  mí. Y ahora acaba de sentarse en la mesa nueve Salvatore Provenzano, el asesino que envía la mafia cuando no quieren cometer errores. Ha pedido el plato especial de la casa y poder ver al chef. Espero que disfrute de  mis tallarines con sashimi de pez globo.

Ganadores y finalistas de la semana 15: 10/01/2022

La abrazaré con cuidado para no romperla, los humanos son muy frágiles y aún no controlo demasiado estos apéndices de carne y hueso. Lo principal es demostrarle cariño y que no sospeche que no soy su marido. Creo que estoy haciendo un trabajo excelente: limpio la casa, dejo y recojo a los niños del cole y más o menos me apaño para cumplir con todas las tareas que me pide. Aunque esta mañana, cuando le llevé el desayuno a la cama, me dijo que eran las mejores lentejas con chorizo que había probado en su vida; tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo.

«La abrazaré con cuidado para no romperla, te lo prometo, papá». A pesar de su carita de niña buena y de su voz angelical, yo sabía que me estaba mintiendo, pero después de ver lo que le había hecho a su madre, me aparté y la dejé acercarse a la cuna para que cogiera en brazos a su hermana.

«La abrazaré con cuidado para no romperla», dijo cuando se la regalaron. Nada más quedarse el cuarto a oscuras, unas luces de colores comenzaban a encenderse y apagarse siguiendo una secuencia. El mecanismo funcionaba mediante una célula fotoeléctrica que aquella especie de muñeca de mirada hipnótica llevaba integrada en su espalda. Cantaba simultáneamente el artilugio una nana tras otra, hasta que un segundo sensor detectaba que su dueña se había quedado dormida. Si a lo largo de la noche percibía que se desvelaba, reanudaba su repertorio. Durante los breves períodos de vigilia la niña podía oír, amortiguadas, las risas de sus padres disfrutando de la noche.

Ganadores y finalistas de la semana 14: 03/01/2022

Ahora golpearé la tumba con los nudillos. La señal acordada: seis golpes cortos. Apenas se abra la lápida, los críos se me tirarán al cuello. «Papá, ¿qué nos traes?», preguntarán mientras les reparto balones, cromos, algún pajarillo medio seco, antes de que salgan corriendo por el camposanto. Después entraré a verla ella. Me dirá que estoy más flaco, que no me cuido, pero que aún le gusto. Alabaré la limpieza y lo bien que huele siempre. Se quejará de la muerte que lleva, de la ausencia. Será entonces cuando se lo cuente: he ganado la plaza de sepulturero municipal. Y la abrazaré con cuidado para no romperla.

Ahora golpearé la tumba con los nudillos y pegaré la oreja a la lápida de mármol. Sus instrucciones fueron bien claras: desde el sepelio, repetir este procedimiento a diario hasta oír tres toques en respuesta; entonces, levantar la losa y sacarlo del ataúd. Los primeros días aguzaba el oído y contenía el aliento; con el paso de los meses lo hacía ya por rutina al llevarle flores frescas. Hoy, tras doce años, por fin han sonado los tres golpes. He arreglado las flores y me he alejado con calma, mientras los golpes seguían resonando frenéticos a mi espalda.

Ahora golpearé la tumba con los nudillos y vuestro padre volverá a la vida. Con esas palabras completó su conjuro el brujo que mi hermano y yo habíamos contratado. Buscábamos así una segunda oportunidad, ya que no habíamos prestado demasiada atención a nuestro padre cuando vivía. Ni siquiera habíamos asistido a su entierro. Bastaron tres golpecitos sobre el mármol frío para que el sepulcro se abriera desde dentro. Lástima que nos equivocáramos de tumba… y que desde entonces tengamos que hacernos cargo del tío Venancio.

DICIEMBRE

Vuelta a casa de madrugada, de Alberto Moreno Sánchez

Quien se tomó primero el café fue Nacho, para no dormirse al volante. Tú y yo salimos detrás, y volvimos a montarnos en el coche, en silencio. Quizás sería la borrachera, o ese zumbido que presagiaba resaca… El caso es que durante aquel extraño trayecto de regreso tuve una visión cuántica, en la que el coche arrollaba a un gato a cámara lenta, luego retrocedía, volvíamos a ver el gato muerto, volvíamos a atropellarlo, marcha adelante, marcha atrás… en un bucle enlentecido pero eterno. En esas tú seguías sin mirarme y yo, quizá avergonzado por lo que te había dicho, deseaba desaparecer. Igual que el gato.

Ganadores y finalistas de la semana 13: 20/12/2021

Igual que el gato de repente me suelta un silbido, las serpientes, criaturas silenciosas por naturaleza, me hablan del paso del tiempo. Las moscas, con el batir de sus alas, no paran en todo el día de programarme actividades. Las hormigas en peligro de extinción me insisten que están demasiado viejas para ciertos trabajos. Con ellas tengo mucho en común. De tanto cortar la madera con los dientes se me han quedado lisos y a la mitad de su tamaño. Después de tomarme un mes de vacaciones, ahora golpearé la tumba con los nudillos.

Igual que el gato de Alicia, voy desapareciendo por partes mientras te cuido. Primero se desvaneció mi nombre entre la niebla, y acabé siendo “tú, ¿me traes agua?” Luego rechazaste mis achuchones y perdí los brazos. Las piernas me temblaron hasta diluirse cuando te oí llamarme de usted. Ahora siento cómo se difumina mi cuerpo si me preguntas qué hago aquí, y si no tengo un novio para pasear y echar la tarde. ¿Habrás olvidado al gato aquel del cuento que me contabas de pequeña? Porque ya solo aspiro a ser la sonrisa que te alumbre cuando todo lo demás se borre.

Igual que el gato que se comía mis deberes de pequeña, ahora hay una araña en mi cama que en ocasiones me atrapa y me hace llegar tarde al trabajo. Mi jefe lo disculpa pensando que es mi forma de explicarle que me cuesta madrugar, pero es real, tan real como la familia de osos polares que vive en el congelador o el castor que está construyendo una presa en mi bañera. Dejaré que siga en su error, seguro que la verdad lo asustaría, incluso podría despedirme, es de esos a los que no les gustan los animales…

Ganadores y finalistas de la semana 12: 13/12/2021

Quien se tomó primero el café fue Nacho, para no dormirse al volante. Tú y yo salimos detrás, y volvimos a montarnos en el coche, en silencio. Quizás sería la borrachera, o ese zumbido que presagiaba resaca… El caso es que durante aquel extraño trayecto de regreso tuve una visión cuántica, en la que el coche arrollaba a un gato a cámara lenta, luego retrocedía, volvíamos a ver el gato muerto, volvíamos a atropellarlo, marcha adelante, marcha atrás… en un bucle enlentecido pero eterno. En esas tú seguías sin mirarme y yo, quizá avergonzado por lo que te había dicho, deseaba desaparecer. Igual que el gato.

Quien se tomó primero el café perdió su oportunidad, se le veía ansioso, atropellado al hablar. De los cuatro restantes dos resultaron excesivamente apocados, de un buenismo artificial e impostado. Los otros dos dijeron sin tapujos que se quedarían con el dinero y como uno de ellos, el de la ceja partida, había dado valores muy altos en el test psicotécnico, decidió que ése era el candidato idóneo para ser el yerno de su jefe. Los cinco candidatos abandonaron la sala. Ahora tocaba lo más difícil, diseñar un encuentro casual, escenificar un montaje, hacer que ella cayese locamente enamorada del de la ceja partida.

Quien se tomó primero el café dejó pasar unos segundos, apoyó de nuevo la taza sobre la mesa y respirando con dificultad, comenzó a llorar como un bebé. El segundo no tuvo tanta suerte, tras el primer sorbo cayó fulminado sobre la mesa, mientras el tercero observaba la escena luchando por tragar saliva. La cuarta en beber fue mamá, que lloraba desconsolada. Ella sabía que papá tenía problemas con el juego, pero nunca imaginó que fuera capaz de llegar tan lejos.

Ganadores y finalistas de la semana 11: 06/12/2021

El segundo volumen de su preciada colección de libros de toxicología estaba cambiado de sitio en la estantería. Se dio cuenta justo cuando iba a tomarse el café que le había preparado su hermanastro para hacer las paces sobre el tema de la herencia. Dejó la taza en el plato, empujó lo necesario la cucharilla para que cayera al suelo y pidió que le trajera otra de la cocina. Ya más tranquilo, se puso dicharachero y esperó removiendo la cucharilla en la taza, hasta que fue su hermanastro quien se tomó primero el café.

El segundo volumen de su preciada colección escondía los ahorros de toda una vida, en el quinto se encontraban las joyas, y en el octavo, la colección de piedras preciosas. Pensó que les gustaría encontrar tan grata sorpresa; que sería como hacerles un regalo desde el otro mundo. Lo que no esperaba eran las bolsas de basura, ni la indiferencia al tirarlos sin abrirlos siquiera.

El segundo volumen de su preciada colección de mariposas disecadas fue lo único que heredé de mi tía Sagrario. Cuando sus hijos y yo salimos del notario, ellos trataban de disimular, con rostro forzadamente apesadumbrado, la alegría por la lluvia inesperada de millones. Sabían que su madre tenía dinero, pero no tanto. En realidad, con ella hablaban poco, yo era su cuidadora a tiempo casi completo. Fuimos a tomar un café, nos sentamos y los tres empezaron a hablar de los impuestos, de la rentabilidad, de los problemas del dinero. Nos trajeron la cuenta. Tres euros cada uno, dijo mi primo. No, perdón, tres con quince, corrigió.

NOVIEMBRE

Hermanas, de Francisco Javier Ramos

Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar. No es lo que más le gustaba, pero crecen para abajo. Don Servando nos había contado que los antiguos egipcios enterraban a la gente con sus pertenencias. Para usarlas en la otra vida. Pero mamá no me dejó meter nada en la caja de Manolita. Hoy me he vuelto a encontrar otra nota manchada de tierra. Solo pone osito. Pero es su letra.

Ganadores y finalistas de la semana 10: 22/11/2021

El bueno de Juan no denunciará a su vecino por poner la música a todo volumen la noche pasada, tampoco protestó cuando lo pilló rayándole el coche. Cuando los del bar le palmean con fuerza la espalda y le gastan bromas sobre sus orejas, él siempre sonríe y cuando su madre le reprocha constantemente su timidez, él asiente. Hace mucho tiempo que aprendió a manejar estas pequeñas cosas de la convivencia. Esta noche sacará una hormiga del terrario, le clavará la uña lentamente y con precisión la añadirá a su álbum, junto al nombre “vecino”. Pronto completará el segundo volumen de su preciada colección.

El bueno de Juan siempre fue poeta. Cuando nació, sus primeros llantos fueron pentasílabos asonantes y la matrona exclamó: «¡Qué bonito llora este niño!» Luego, todo fueron complicaciones.

En la escuela se distraía y no consiguió terminar ni un problema de matemáticas. Siempre andaba escribiendo en su libreta, ensimismado, y los compañeros le marginaban.

Un día, ante la consternación general, se subió a la azotea y saltó. Pero, inesperadamente, abrió los brazos y voló sobre las azoteas. Sobrevoló, sonriendo, los campos, hasta que unos cazadores le abatieron, precipitándose malherido. Corrieron, pero solo pudieron escucharle agonizar.

—Era hermoso desde arriba —susurró.

Aún humeaban los cañones.

El bueno de Juan observó como María rodaba por las escaleras desnucándose. Gritó y maldijo a Alex por haberla empujado. Llamó una y otra vez a Oscar, su abogado, para que lo ayudara como en otras ocasiones, sin que este hiciera acto de presencia ninguna. Las sirenas de la policía se acercaban, la casa estaría rodeada en breve, no habría escapatoria. Alex, había desaparecido y Oscar no respondía. Juan se encerró en su habitación al escuchar como la policía llamaba a la puerta. Cogió su pistola y apuntó a su cabeza. Se miró al espejo y dijo: o aparecéis o morimos todos.

Ganadores y finalistas de la semana 9: 15/11/2021

Pero es su letra, ¿no? Miré a Ana suplicando una respuesta absoluta, angustiada por la incertidumbre. ‘Mañana, antes de clase, en el callejón del parque’. La breve nota había aparecido en mi mochila esa mañana y habíamos pasado el día observando a todos nuestros compañeros, analizando comentarios y miradas sin llegar a ninguna conclusión. Unos apuntes de clase compartidos habían puesto las sospechas sobre Juan. Ana me miró y asintió con seguridad. El tímido Juan. Sonreí y empecé a limpiar mi navaja con suavidad. El bueno de Juan.

Pero es su letra y eso, según dicen, indica que ella sigue ahí dentro. Ha utilizado su propia sangre para llenar el espejo de insultos e improperios. El cura dice que hay un grito de auxilio en esa letra curvada. La tienen atada a la cama para poder practicar el exorcismo y extraerle el demonio que lleva dentro. Me han traído al manicomio porque creen que podría ayudar, el haber sido su marido durante tantos años puede ser determinante, dicen. Ella me mira con sus ojos enrojecidos, con miedo y rabia, como queriendo delatar dónde se esconde de verdad el demonio.

Pero es su letra, de eso estoy convencida. También reconozco su estilo en la manera de escribir. Aunque no entiendo de qué me habla, por qué me escribe mi marido desde el extranjero para decirme que ha empezado una nueva vida lejos de aquí. Voy a la cocina y le veo preparando la cena, como cada día, si bien últimamente con más esmero. En la nevera ha colgado la lista de la compra. Entonces caigo en la cuenta de que no es la misma letra. Me pregunto quién será este hombre que desde hace algún tiempo se muestra tan atento y cariñoso.

Ganadores y finalistas de la semana 8: 8/11/2021

Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar. No es lo que más le gustaba, pero crecen para abajo. Don Servando nos había contado que los antiguos egipcios enterraban a la gente con sus pertenencias. Para usarlas en la otra vida. Pero mamá no me dejó meter nada en la caja de Manolita. Hoy me he vuelto a encontrar otra nota manchada de tierra. Solo pone osito. Pero es su letra.

Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar con la mirada perdida. Tras volver del entierro, les expliqué a los niños cómo había que regarlas y, entre lágrimas, agaché las orejas y me fui a trabajar. En el camerino oí el aviso y me introduje por el laberinto. Soy un cobarde, siempre lo he sido. Era el momento de huir por el túnel que había estado excavando desde que ella enfermó. A punto de salir, se me apareció con las patas en alto cortándome el paso. Me convenció de seguir adelante, me armé de valor y regresé al escenario por el camino habitual hasta llegar a la chistera.

Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar como un jodido maníaco: las esparcí por la cama de matrimonio como si fueran pétalos diminutos, duros y con forma de semilla; añadí una porción considerable al contenido humeante de las ollas traqueteantes y abarroté los desagües hasta atascarlos. Me comí 78. Algunos dicen que estoy loco, pero, ¿no será verdadera locura el no tener un plan listo por si se da el caso, que no digo yo que se vaya a dar, pero que tampoco digo que no, que nunca se sabe, de que los conejos budistas que viven en la Luna se decidan a invadir la Tierra?

Ganadores y finalistas de la semana 7: 2/11/2021

Quizás sea mejor no llevarles la contraria. Me lo dijo con una autoridad pasmosa. Nunca me había hablado con tanta seguridad, y no esperaba que lo hiciera con tan solo ocho años. Me lo dijeron los conejos en el jardín, insistió. Y desde cuándo los conejos hablan, le pregunté. Eso yo no lo sé. Pero el más grande dijo que si no volvías a plantar zanahorias te iban a destrozar el invernadero. Dejé todo y me fui a la huerta. Justo al pie de los tomates estaba la tierra removida. Sentí frío. Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar.

Quizás sea mejor no llevarles la contraria. Es culpa mía. Me he relajado.
No esperaba encontrar dos atracadores en pleno bosque. Les entrego la cartera y el teléfono sin rechistar. Pero la sumisión puede ser un error. Ahora pretenden llevarse también mi coche. Me encañonan para arrebatarme las llaves. Suplico. Gimoteo. Me humillo. De rodillas pido que, al menos, me dejen recoger el maletín del portaequipajes. Funciona, son avariciosos. Al abrirlo quedan paralizados, distrayendo su atención de mí. Dos disparos del revólver que escondo en mi bota finalizan el asunto, pero sigo furioso conmigo mismo. Ahora tendré que enterrar tres cuerpos y solo me pagarán por uno.

Quizás sea mejor no llevarles la contraria. Al principio todo parecía muy inofensivo. Solo me pedían cosas pequeñas: una avispa, una lombriz, una lagartija… Nada más tenía que cazarlas y enterrarlas en el patio, y entonces ellos me felicitaban. Pero poco a poco fueron exigiendo animales más y más grandes, y, si me negaba, me decían que me comerían el cerebro por dentro, que, como vivían dentro de mi cabeza, no les llevaría mucho rato. Así que al final accedía. Hoy me han prometido que, si hago lo que dicen, se irán para siempre. Quizás sea lo mejor. Primero tengo que encontrar a mi hermana.

OCTUBRE

El bosque de los suicidas, de Patricia Collazo

El bosque estaba ahí, esperando. Con sus sogas anudadas colgando de los árboles. Las había de todos los colores, enganchadas a mayor o menor altura, con diámetro talla adulto o niño. Para todo tipo de motivos: en forma de corazón para los despechados, redondas como ceros para los arruinados, cuadriculadas para los calculadores, emulando lágrimas para los depresivos crónicos. El bosque estaba ahí, como última salida. Por eso aguantábamos despidos injustos, sueldos de mierda, amores perdidos, hijos descarriados, enfermedades, vacíos, ausencias y adicciones. Porque el bosque estaba ahí. Y, en cualquier momento, podíamos ponernos a la cola y pagar la entrada para acceder a él.

Ganadores y finalistas de la semana 6: 18/10/2021

Sin poder superar su muerte, llevaba meses intentando comunicarse con su difunto esposo. Había probado de todo. Una médium polaca, hipnosis, los rezos de los domingos, … Pero nada. Hasta que un día, llegó a casa y notó que a la barra de pan le faltaba el corrusco, la parte que él siempre se comía. Otro día la tele se puso sola justo cuando empezaba el partido del Atleti. Otro, sintió un escalofrío al sentarse en el lado del sofá que él prefería. Desde entonces, no sale de casa. Sus hijos dicen que es agorafobia. Ella piensa que quizás sea mejor no llevarles la contraria.

Sin poder superar su muerte, así llevaba años. Por las mañanas, le traía el periódico del quiosco de Doña Paquita, que con frecuencia le preguntaba por él. De vez en cuando, se pasaba por la vieja mercería para comprarle calcetines y calzoncillos y les contaba lo delicado que seguía. Y a principios de cada mes, con la misma cara de tristeza, acudía al banco a cobrar la pensión de su marido.

Sin poder superar su muerte, la familia del coronel Richard Taylor se fue y la casa quedó abandonada. A lo largo de los años, los rincones de la mansión han sido testigos de las historias de todos sus inquilinos, muertos en extrañas circunstancias. Fue cambiando de dueños y las paredes se fueron disfrazando de maneras diversas: desde la madera noble inicial, pasando al papel pintado de comienzos de siglo, hasta el gotelé de los setenta con pósteres de Jimi Hendrix de los últimos okupas. Y siempre, esa mancha como de humedad, con la cara de Richard, vigilando la estancia.

Ganadores y finalistas de la semana 5: 11/10/2021

Y pagar la entrada para acceder a él, y tocarle, y escucharle, y sentirle, y disfrutarle durante quince minutos exactos. Y llorar de camino a casa sin apartar la mirada del suelo. Y acurrucarme en la cama intentando retener sus olores, y su sonrisa, y su voz, y sus gestos, y el tacto de su piel. Y despertarme angustiada gritando su nombre. Y echarle de menos. Y pensar que tal vez sea mejor no volver a verle. Y maldecir al inventor de esa puta tecnología macabra, pero seguir endeudándome para pagar la entrada cada vez y haber perdido diez años de mi vida Sin poder superar su muerte.

Y pagar la entrada para acceder a él no era una opción para nuestros pobres bolsillos. Tampoco lo era colarse corriendo por la entrada, los taquilleros se las sabían todas y solían tener mal genio. Así que nos separamos para buscar holguras en la lona por donde colarnos. Alberto y yo conseguimos entrar justo a tiempo para ver la cabeza de nuestro primo asomar en la jaula de los leones.
Nunca más volvió un circo a nuestro pueblo.

Y pagar la entrada para acceder a él era lo que menos le gustaba, por eso rodeaba la carpa y buscaba un agujero para introducir un pie, después la cabeza y el tronco y finalmente la otra pierna. Era divertido colarse, porque al entrar por los agujeros que aparecían y desaparecían como por arte de magia se convertía en lo que no era y podía salir al escenario y recibir la admiración del público. Un día fue el payaso Pipe, otro el valiente domador Tristán, hoy está tan feliz en la piel de la gran funambulista Marian que es triste que el cable esté a punto de quebrarse.

Ganadores y finalistas de la semana 4: 04/10/2021

El bosque estaba ahí, esperando. Con sus sogas anudadas colgando de los árboles. Las había de todos los colores, enganchadas a mayor o menor altura, con diámetro talla adulto o niño. Para todo tipo de motivos: en forma de corazón para los despechados, redondas como ceros para los arruinados, cuadriculadas para los calculadores, emulando lágrimas para los depresivos crónicos. El bosque estaba ahí, como última salida. Por eso aguantábamos despidos injustos, sueldos de mierda, amores perdidos, hijos descarriados, enfermedades, vacíos, ausencias y adicciones. Porque el bosque estaba ahí. Y, en cualquier momento, podíamos ponernos a la cola y pagar la entrada para acceder a él.

 

El bosque estaba ahí, esperando a los niños con sus mochilas verdes llenas para la merienda. Los padres los recogerían a las ocho de la tarde en la caseta del guardabosque. Cuando se hizo de noche cundió el pánico. Tras varias semanas de búsqueda sin hallar ni un solo resto de los niños, se canceló el dispositivo. Algunos padres, desesperados, siguieron con la búsqueda unos meses más. Después, la nada, el vacío, y el incendio. Bomberos y militares luchaban para controlarlo. Uno de ellos, vio entre las llamas, un grupo de viejos con las barbas ardiendo y mochilas verdes raídas.

 

El bosque estaba ahí, esperando, tan majestuoso como inquietante. Y cuanto más nos prohibían adentrarnos en él, más fascinación nos producía. No había muchas posibilidades de diversión en el pueblo, y su límite se encontraba a apenas 20 minutos a buen paso del colegio. El juego de hoy era todo un clásico: entrar corriendo, uno cada vez, hasta el primer claro, recoger tres piñas cerradas y volver hasta la bandera. Fue una risa cuando todos nos escondimos en el turno de Laura. Ojalá hubiese regresado.

SEPTIEMBRE

Humo, de Juan Carlos Peña Martínez

Después se extinguían silenciosamente y una cortina de humo emanaba de entre las sombras. Las cerillas se amontonaban en la penumbra del cuarto, decapitadas. A esas horas nadie en la casa se percataba del olor a quemado y su excitación crecía cada vez que una llama iluminaba su cara antes de apagarse sobre la piedra. Al irse a dormir abría la ventana y fijaba su vista en la negrura del paisaje. El bosque estaba ahí, esperando.

Ganadores y finalistas de la semana 3: 20/9/2021

Después se extinguían silenciosamente y una cortina de humo emanaba de entre las sombras. Las cerillas se amontonaban en la penumbra del cuarto, decapitadas. A esas horas nadie en la casa se percataba del olor a quemado y su excitación crecía cada vez que una llama iluminaba su cara antes de apagarse sobre la piedra. Al irse a dormir abría la ventana y fijaba su vista en la negrura del paisaje. El bosque estaba ahí, esperando.

 

Después se extinguían silenciosamente de mi mente, y así no me sentía culpable. Si no pensaba en ellos, era como si nunca hubieran nacido.
Y días más tarde convencía a otro amigo del cole, para pasear por el bosque. Y no dudaba en hacerlo, porque papá siempre estaba hambriento.

 

Después se extinguían silenciosamente las luces para indicar que la zona era segura. Todo lo que encontraban en el campo de batalla tras limpiar la chatarra espacial y los restos de meteoritos, iba al laboratorio central. Allí se analizaba y servía para alimentar la fuente principal de energía con hierros, plásticos, huesos, todo sumaba. Aquella mañana llegó una nave algo rudimentaria que apareció en la superficie. A diferencia de otros, estos seres diminutos eran hostiles, y por suerte, no eran inteligentes, pero sí osados. Durante el transporte, uno intentó escapar, tratando de clavar en el suelo una bandera con barras y estrellas.

Ganadores y finalistas de la semana 2: 13/9/2021

Descansaba durante el día y tenía prohibido que le molestáramos con nada. Si mis hermanos o yo hacíamos ruido, salía en pijama, cinturón en mano, gritando que él se deslomaba cada noche por nosotros y que tenía todo el derecho a deslomarnos a nosotros si turbábamos su descanso. Vivíamos en un silencio absoluto, aterrorizados, hablando en susurros o gestos. Ni limpiábamos ni cocinábamos por miedo a romper algo. Tampoco jugábamos, ni llorábamos, ni reíamos. Así que cuando se desató el incendio salimos uno por uno, sin llamar a los bomberos, contemplando desde la acera cómo las llamas devoraban todo y después se extinguían silenciosamente.

 

Descansaba durante el día, y yo empecé a hacer lo mismo. Desayunaba un colacao, y yo empecé a hacer lo mismo. Llevaba la melena a la altura de las orejas y de color rubio, y yo me lo puse igual. Poco a poco fui haciéndome con ropa idéntica a la suya. Dediqué meses a practicar sus gestos y ademanes en el espejo. Un día me encontré con su madre y supe que había llegado el momento. Así fue como empezó mi nueva vida. Pasado el tiempo, el perro es el único que se ha dado cuenta.

 

Descansaba durante el día, preparando desayunos, aseando a los niños, atendiendo a los clientes de la frutería, recogiendo a los nenes, limpiando la casa, planchando la ropa, ayudando con los deberes, cocinando cenas, contando cuentos, arropando angelitos, comprobando cerraduras, afilando el cuchillo… Era por las noches, ojos clavados en el manillar de la puerta, corazón a doscientas pulsaciones, cuando agotaba todas sus fuerzas.

Ganadores y finalistas de la semana 1: 6/9/2021

Los primeros compases de la banda iniciaron las fiestas del pueblo. Nunca la había visto. Se llamaba Aurora. Su miraba era especial, misteriosa. Le pedí bailar, intenté conquistarla con la historia del toro que casi me embiste esa tarde en el encierro. Lo he visto, me dijo: has tenido mucha suerte. La conversación fluía, nos reíamos, nos mirábamos con mucha complicidad.
Me agarró la mano con firmeza y me llevó hasta la puerta del cementerio. Me dio el beso más dulce de mi vida, me dijo hasta mañana amor, entró en el cementerio y se perdió entre las lápidas buscando la suya, en la que descansaba durante el día.

Los primeros compases de la banda iniciaron las fiestas. Salieron a bailar. Pide un deseo, le dijo él. Viajar a la luna. Eso no, otro deseo. Vivir cien años. Eso tampoco, otro. Casémonos. Eso no es posible, otro. Tengamos un hijo. No, tonta, algo posible. Ella ya no dijo nada. Él tampoco. Dejaron de bailar. Cuando llegaron a casa, él la bajó al sótano y la desconectó.

Los primeros compases de la banda iniciaron las fiestas. No había sido fácil recuperarlas después de muchos años de suspensión. La decisión había provocado mucha división en el pueblo, para unos era retroceder siglos en la historia, para otros defender una parte de nuestra cultura. Unos argumentaban que no se podía legitimar el dolor mientras para otros generaba puestos de trabajo y ayudaba a captar turistas. Una ovación atronadora enmudeció a la banda y a las pocas voces discordantes cuando en la plaza entraron aquellos hombres y mujeres con sus sambenitos y el alcalde se acercó a encender la hoguera.

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