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Luis de la Iglesia

Luis de la Iglesia es licenciado en Nanociencia y nanotecnología. Ha trabajado en laboratorios tanto de Barcelona como de Corea del Sur, también con empresas relacionadas con la psicopedagogía.

En 2017 comenzó a formarse en la Escuela de Escritores de Madrid. Ha cursado el Itinerario de Relato Breve y el Máster de Narrativa. En la misma escuela recibió su formación como profesor de la mano de Natalia García Freire y Ana Fabregat. En 2018 participó en el II EACWP Teachers Training Course de la European Association of Creative Writing Programmes en Normandía.

Actualmente está creando un taller de escritura para personas con dificultades lectoescritoras en Barcelona.

Me impresionó la capacidad de Luis para analizar cada uno de nuestros escritos y hacer recomendaciones muy precisas de cómo mejorarlos. Está claro que domina fácilmente lo que enseña, que disfruta enseñando y que pondrá todo el esfuerzo necesario para que sus alumnos aprendan

Rebeca Vaisberg, Miami

Entrevista al profesor

Me suena a «¿qué fue antes, el huevo o la gallina?». Si alguien quiere ser escritor que escriba, eso es lo más importante. Ya descubrirá si tiene un don para ello o necesita ayuda. Que tome el camino que necesite mientras tenga claro que quiere escribir. En los talleres dan técnicas, pautas e ideas interesantes que pueden ser muy útiles en el crecimiento de un autor, pero lo importante es que él o ella tenga claro qué quiere escribir.

Un profesor, más que nada, es un guía. Es esa persona que te puede mostrar el camino, aunque no lo quieras ver y te motiva a seguir adelante. Es cierto que también te da cantidades exorbitadas de información, pero vamos a ser sinceros, a los profesores que escuchábamos de pequeños eran aquellos que sabían ver cuando teníamos problemas y nos reconducían. Personalmente, me gusta ver cómo la gente crece y lucha por seguir ese camino que se ha propuesto y esta es la razón por la que he decidido hacerme profesor. Y si además me lo paso increíble dando clases, no me puedo quejar.

Fueron mis guías y me motivaron a escribir y leer más de lo que ya lo hacía. Ahora considero a varios de ellos como mis amigos.

Me encanta meter caña. Un día Alfonso Fernández Burgos entró en clase diciendo: «¿Cómo estáis escritores, seres de piel fina?». Tenía toda la razón, nuestros egos nos habían convertido en personas demasiado sensibles para aceptar parte de las críticas que recibíamos. Escribir y dejar que nos lean es exponerse, y cuando uno se expone tiene que estar preparado para cualquier cosa. Además, todos recordamos a aquellos profesores que nos metían caña porque sabían que podíamos sacar más de nosotros. Creo que es necesario, siempre sin desanimar a ninguno de mis alumnos, porque, como yo, la mayoría empieza siendo un ser de piel fina.

Remitiéndome a la pregunta anterior, creo tener un nivel de exigencia alto porque pienso que los profesores que nos aprietan (con tacto) son los que sacan lo mejor de nosotros. Sin embargo, lo único que les pido a mis alumnos que me cuenten historias cuando empiezan y que me cuenten historias más locas cuando acaban y han absorbido todos los conocimientos.

¿Habéis leído En la carretera o The Dharma Bums de Jack Kerouac? Pues esa energía, esa pasión por lo que se tiene entre las manos, esa locura por comerse la página en blanco.

Claro que sí, sino sería un aburrimiento. Siempre aprendes con los alumnos, aprendes de sus ejercicios, de sus inquietudes, de sus personalidades, de sus recomendaciones, de sus motivaciones. Enseñar es un quid pro quo que hace tan alumno al profesor como las personas a las que está enseñando.

Como he comentado, el profesor es un guía y un buen guía no solo se sabe el camino y los atajos o los sitios donde sus acompañantes se pueden parar a descansar o donde lo harán de verdad. Un buen guía sabe cuándo sus acompañantes se querrán desviar del camino y sabe cuándo reconducirlos. Tiene que tener la visión más amplia que nadie y el tacto necesario para mostrarla.

Suelo ser muy friki con que el texto suene bien, pero creo que lo que más me interesa es que las historias cuenten algo, porque si no cuentan nada, para qué se va a molestar alguien en leerlas. Es como la película de Tenet, muchos artificios, pero vacía.

Duermo poco entre semana y la Coca-Cola ayuda mucho.

Mi escritor favorito es Alessandro Baricco, tiene una idea muy clara de lo que quiere contar y de cómo reinventar la literatura con cada uno de sus libros (no siempre lo consigue). Sé que cuando tengo un libro suyo entre manos, tengo algo especial. Aunque, ahora estoy leyendo El problema de los tres cuerpos de Liu Cixin, un libro que no me está gustando nada, sin embargo, pienso que de lo que no le gusta a uno también se aprende. También, estoy leyendo la novela gráfica de The Preacher de Garth Ennis, eso sí es una delicia.

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