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Cristina Colmena es Doctora en Literatura por la Universidad de Nueva York, donde también hizo el Máster en Creative Writing in Spanish. Tiene las licenciaturas de Comunicación Audiovisual y de Periodismo por la Universidad de Sevilla y un curso de Experto en Escritura de guiones por la Universidad de Málaga.

Ha vivido 9 años en Nueva York donde empezó a desarrollar su carrera como dramaturga con montajes de sus obras en Washington DC, Miami, La Habana, Nueva York y Madrid. Sus textos teatrales Typing y Don’t take it personally fueron incluidos en la antología teatral New Plays from Spain (2013) y fueron presentados en el New York Pen Festival en 2013.
Como narradora publicó el libro del relatos La amabilidad de los extraños (2010) y algunos de sus cuentos han aparecido en revistas literarias como Sibila, Los bárbaros, Temporales o Imanhattan y en diversas antologías. Ha colaborado también con la revista Criticalia escribiendo crítica de cine.

Ha trabajado como realizadora y guionista de televisión, para TVE y Canal Sur, como periodista y en gestión cultural. Como profesora ha impartido cursos de guion cinematográfico, literatura y lengua española en New York University y en la Universidad Nebrija. En la actualidad desarrolla proyectos para series de TV, podcast, cortos y largometrajes. Sus guiones de cortometraje Sigo aquí y Don’t take it personally han quedado finalistas en festivales internacionales.

La amabilidad de los extraños

Relato
C&M
2009

El escritorio y el mundo: hallazgos de sentido para la creación literaria

Ensayo
Verbum
2020

Más información

Teatro para una crisis

Teatro
Consejería de Cultura Junta de Andalucía
2020

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1887 recetas para que el amor perdure

Antología
La despensa
2013

New Plays from Spain Teatro

Martin Segal Theatre Center
2013

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Mi afición desmedida por lo inútil

Antología
Padilla
2010

Más información

Entrevista al profesor / Entrevista a la profesora

Creo que en algunas personas hay una necesidad de contar historias que va buscando caminos, lenguajes y formas de canalizar todas esas palabras que nos revolotean en la cabeza. A partir de ahí, está el trabajo y la pasión, la lectura y la escritura y sentirse acompañado en esa búsqueda por profesores y compañeros es fundamental.

 

Me encanta enseñar, lo descubrí como una verdadera vocación cuando comencé a enseñar en New York University durante el doctorado. Me planteo la enseñanza como una forma de acompañar a los estudiantes para que cada uno encuentre su propio camino y su propia voz, y yo a la vez aprendo mucho en ese proceso y lo disfruto mucho.

 

Les pido entusiasmo, ganas de escribir y de aventurarse en terrenos desconocidos. Espero sacarlos un poco de su zona de confort y que exploremos juntos otros territorios de la escritura que quizás les sorprendan. Yo misma he ido aventurándome en distintos géneros (ficción, periodismo, guion, teatro, ensayo, tv, podcast…) y les animo siempre a probar nuevas formas de contar historias.

 

Creo que aparte de los comentarios del profesor, el feedback de los compañeros es fundamental. Intento siempre fomentar el diálogo, porque cuando leemos a otros afilamos la mirada y nos damos cuenta de nuestros propios errores o de qué podemos mejorar. La conversación, el intercambio de referencias, libros que leer, películas que ver, etc… generan mucha complicidad entre los estudiantes y favorece siempre el trabajo. Además estoy convencida de que compartir la misma pasión por algo es el primer paso para acabar siendo amigos, y ojalá la relación entre los estudiantes vaya más allá del aula.

 

Decía Stephen King que la escritura es telepatía: transmitir al otro lo que tienes en la cabeza. Creo que lo que me entusiasma de la enseñanza es poder asomarme un poco al cerebro de mis estudiantes y ver cómo tejen sus historias, deslumbrarme por su imaginación, por su voz absolutamente única. Para mí enseñar básicamente es compartir, dar pero también recibir. Escuchar, aprender otras historias, conocer otros mundos, disfrutar hablando de lo que a todos nos apasiona. Yo no creo en la enseñanza jerárquica, me gusta más pensar en una especie de equipo en el que todos nos ayudamos a llegar a nuestra meta: contar una historia que nos emocione y crear unos personajes que nos fascinen.

 

En primer lugar, la pasión por las historias en el formato que sea y transmitir ese entusiasmo por el oficio de escribir a tus estudiantes. Después hacer una lectura atenta del trabajo de los estudiantes apuntando las posibilidades de mejora del texto, pero también animarlos a sorprenderse a ellos mismos, a no tener miedo a experimentar. Por último, lo más importante, ayudarles a encontrar su propia voz, y no interferir en ella.

 

Para mí las dos actividades se realimentan. La imaginación es un músculo que hay que mantener activo, no solo escribiendo sino también acompañando a otros en la creación de las suyas. Resolviendo juntos esos laberintos de la escritura a los que todos nos enfrentamos, yo también encuentro a veces respuestas a mis propias preguntas.

 

Cristina Colmena

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