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Ana Lena Rivera es escritora, está casada y es madre de un niño. Después de veinte años en la dirección de una gran multinacional, empezó a escribir cuando le prescribieron reposo domiciliario durante el embarazo. La experiencia fue tan positiva que decidió abandonar su carrera profesional para dedicarse a la escritura. Ha publicado tres libros y el cuarto verá la luz a principios del 2022. El primero, Lo que callan los muertos, fue galardonado con el Premio Torrente Ballester. Una de las cosas que más le llamó la atención cuando llegó al mundo literario fue la gran utilidad que tienen para un escritor de muchas de las herramientas que se utilizan en el día a día mundo de los negocios, habilidades que no utiliza a la hora de escribir, pero que considera esenciales para conseguir acercar los libros a los lectores y darles visibilidad.

En la Escuela imparte el taller He escrito una novela y ¿ahora qué? en el que analiza el mercado editorial y las opciones para moverse en él al alcance de cualquier escritor novel.

Los muertos no saben nadar

Novela
Ediciones Maeva
2021

Más información

Un asesino en tu sombra

Novela
Ediciones Maeva
2020

Más información

Lo que callan los muertos

Novela
Ediciones Maeva
2019

Más información

Con profesionalismo, empatía y tacto, Ana Lena Rivera me ha ayudado a definir mis objetivos como escritora. Sin descanso y con gran dedicación, Ana Lena ha proporcionado una especial atención a cada alumno. ¡Recomiendo «He escrito una novela ¿y ahora qué?» a todos los que deseen dar el paso que separa al escritor aficionado del profesional!

María de los Angeles Prieto, desde Bruselas (Bélgica)

Una gran profesora: muy profesional, muy eficiente y buena comunicadora. Se nota que domina el tema que enseña. Ha supuesto un antes y un después en mi cosmovisión del mundo literario, y me siento mucho mejor preparado para afrontar los obstáculos del escritor, que aguardan más allá de su manuscrito.

Daniel Egido Sánchez de Vega, desde Madrid (España)

Entrevista a la profesora

Lo más importante a la hora de escribir es tener una historia que contar. Lo segundo más importante saber contarla. A lo primero no se puede enseñar, pero todos podemos aprender técnica literaria.

Una gran satisfacción. Doy clase porque cuando terminé mi primera novela quería publicarla, llegar a las librerías, a los lectores, pero no tenía ni idea de qué hacer, estaba totalmente perdida. Me costó un año y mucho trabajo entender cuales eran los pasos que podía dar, las puertas a las que tenía que llamar y cómo hacerlo. Y eso a mí, que por mi bagaje profesional estaba acostumbrada a analizar todo tipo de mercados y sus procesos. Durante ese tiempo intenté buscar un taller como el que ahora imparto de “He escrito una novela y ¿ahora qué?”, pero no lo encontré. Así que cuando conseguí abrirme camino en el mundo editorial pensé que no quería que muchas buenas historias se perdieran para los lectores porque el autor no consiguiera recorrer el camino necesario a la publicación. Y así empecé a dar clases, pero la experiencia me resultó tan inspiradora que descubrí una nueva vocación además de la literaria: la enseñanza.

Intento crear el ambiente propicio para que cada alumno encuentre su propio camino y los objetivos personales que quiere lograr escribiendo. Procuro que lo haga a su ritmo, con su proceso mental y personal porque no todos somos iguales ni vivimos las mismas circunstancias y porque en esto de la literatura no hay una única forma de hacer las cosas, sino tantas como historias y escritores.

Al inicio, que analicen lo que quieren conseguir con el taller. Al finalizar, les pido que piensen si siguen teniendo los mismos objetivos y si los han conseguido. Mi nivel de exigencia depende del alumno, intento sacar de cada uno lo mejor que puede dar de sí en el momento en el que realiza el taller.

De camaradería y de ayuda. El reto es que después de la primera tarea todos vean los beneficios de compartir ideas y comentarse los unos a los otros, de dar perspectivas distintas sobre las tareas de los compañeros.

De todo. En cada taller aprendo muchísimas cosas y muchas veces los que más me enseñan son los que menos entiendo al inicio, con los que más me cuesta conectar. Y creo que es precisamente por eso, porque tienen mucho que enseñarme ya que su perspectiva y la mía están muy alejadas. Me permiten ver la realidad y la literatura desde muchos prismas distintos. Creo que por eso enseñar me ha atrapado de esta forma casi adictiva.

Conocer la materia como para cualquier profesor y a partir de ahí, inspirar, desarrollar las ganas y la motivación de los alumnos. Y, muy importante, no encorsetar a nadie, dejar que cada uno vuele a su manera y ayudarles a que no caigan.

Trabajando muchas horas al día y los fines de semana. No conozco otra manera. Por eso he elegido dos trabajos en los que nunca miro el reloj porque no me cansan.

No podría elegir un solo autor porque son muchos los que han contribuido a convertirme en una gran lectora. Desde mis inicios con Agatha Christie a Donna Leon pasando por Jose María Guelbenzu, Dolphine de Vigan, Johannes M. Simmel, Carmen Martín Gaite, Alejandro Dumas, García Márquez, … No puedo quedarme con uno, ni siquiera con una época, aunque reconozco que se publica tanto que cada vez tengo menos tiempo para volver a los clásicos o a releer.

Ahora mismo estoy leyendo La última paloma de Men Marías, amiga y última apuesta de Planeta en novela negra.

 

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