Para escribir debemos sentirnos vivos, necesitamos tomar una cuerda y ahorcar a la rutina, escupirle en su asqueroso cinismo que nos roba el tiempo, la fuerza y los sentidos; extraer su veneno que nos convierte en hombres tristes y cadavéricos, en muñecos, en la burla de nuestra propia existencia. Para escribir necesitamos dejar de vivir dormidos y recuperar algunos olores, alguna caricia, un sabor, sonidos, paisajes.

En este taller intentaremos despertar los sentidos para vaciarlos -vaciarnos- en el papel y descubrir que nuestra escritura está viva. Aún.