En una aproximación más amplia, podríamos afirmar que la mística tiene que ver con una experiencia profunda del alma. Y el alma es el ámbito en el que el arte ocurre, transcurre y hace su epifanía. Ser artista es un llamado que supone un proceso continuo de conversión y transformación, un proceso alquímico de profunda religiosidad: de re-ligare con nuestro sí mismo y nuestra alma) y de silenciosidad, al modo de un secreto. De ahí que la mística sea, asimismo, la erótica de un secreto, de algo que calla para hablar más profundamente, desde el abismo. En este sentido, la vivencia poética de la creación y la mística se estrechan, a partir de una serie de prácticas que experimentamos desde el propio taller: el silencio, la oración, la contemplación, el trabajo, el sacrificio, la pasión, el dolor, la iluminación, el goce, incluso, el éxtasis. De ello nos dan constancia los místicos clásicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús así como otros artistas más y menos contemporáneos: Bach (desde la música), Rilke, Cartarescu, Patti Smith y Clarice Lispector (desde la narrativa y la poesía), Tarkovski (desde el cine) o Bill Viola (desde el videoarte).

Este taller tiene como objetivo, pues, acercarnos a la mística en una primera aproximación general así como facilitar una serie de conocimientos, reflexiones y herramientas que sean extrapolables a la creación literaria, y a la búsqueda de una poética y una espiritualidad propias desde el propio oficio.