Cuando hablamos de mística, nos referimos, fundamentalmente, a una experiencia de elevado gozo espiritual. Por definición, la experiencia mística es una experiencia fruitiva en la que el alma trasciende el vértigo de la muerte y vislumbra los humblares de lo eterno. ¿Es posible, pues, acercarnos a la experiencia mística desde la escritura? Los testimonios de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz nos arrojan una primera respuesta afirmativa a este interrogante: sí, la experiencia mística en la escritura es posible. Es posible, a través de la experiencia poética. Asimismo, la mística nos instruye sobre un dato antropológico clave: todos somos portadores de un abismo interior que pertenece al misterio insondable y fundacional del alma humana. Por esa tensa espiritualidad, mística y poesía son vivencias de gozo, experimentadas desde la profundidad del abismo. En palabras de Simone Weil, son experiencias de gravedad y gracia. En la escritura, la experiencia mística sobreviene cuando alcanzamos el goce pleno de la creación y ese más allá de las palabras que es rapto, sueño, trance, duración. Música callada, soledad sonora.

Inspirado en las lecciones de mística del poeta Armando Rojas Guardia, este curso tiene como objetivo compartirles a los participantes, a través de una serie de reflexiones y ejemplos artísticos más y menos contemporáneos —desde La pasión según San Mateo de Bach, el videoarte de Bill Viola o la filmografía de Tarkovsky y Werner Herzog— alguna claves orientativas sobre la mística, extrapolables a la búsqueda y el desarrollo de una religiosidad artística propia en la creación literaria.