Si con cada persona que nace se puede volver a crear el mundo, existe también la posibilidad de encontrar un estilo propio y singular que llene de energía nuestros escritos. Para conseguirlo, no se necesita intelecto, se necesita corazón y carácter, imaginación y rebeldía, desaprender y olvidar algunas cosas, asociar ideas que se desplieguen y disparen hacia otros caminos posibles.

Quien atiende a su voz interior en vez de al vocerío que llega del mercado, quien tiene el valor de divulgar aquello que le ha enseñado su corazón resultará siempre original. La franqueza es el origen de toda genialidad, y los hombres serían más lúcidos, más ingeniosos, si fueran más honestos.

Ludwig Börne: El arte de convertirse en un escritor original en tres días