La escritura nace, en primer lugar, del cuerpo. El cuerpo, con la mente y las emociones, es una de las fuentes de la escritura y la más básica, no un mero vehículo que transporta nuestra cabeza de una reunión a la siguiente, de una clase a la siguiente, ni el instrumento mecánico que teclea los textos que pensamos. Pero a veces nos olvidamos de él, dejamos de escucharlo y no le damos la importancia que tiene en el proceso de la escritura. En las cuatro sesiones de este taller volveremos a conectar con el cuerpo como fuente inicial de la escritura, inevitablemente ligada a la mente y a las emociones. Escribiremos, leeremos, haremos ejercicios sencillos de meditación, comentaremos los textos resultantes y las sensaciones experimentadas en su escritura. Trabajaremos, así, con la atención para ser más conscientes tanto de lo que ocurre dentro de nosotros como de lo que está ocurriendo en el exterior y cómo, todo ello, se refleja en el texto literario.