En ciertos cuentos hay personajes tan memorables como los de cualquier novela. Igual de complejos, igual de poderosos. Pueden dejar la misma impresión de autenticidad en el lector, solo que a menudo resultan aún más intensos. Como si el poco tiempo del que disponen los obligara a mostrarse de una vez y para siempre, a resumirse enteros en unos minutos.

Ahí están El Desequilibrado de Flannery O’Connor, el Gúrov de Anton Chéjov, la madre de Lucia Berlin.

«El cuento habla del asesinato y la novela del asesino», dice el cliché. Quizá los relatos de personajes sean más difíciles de encontrar, más raros y preciosos. Son más difíciles de escribir; eso seguro. Y son propiedad exclusiva de los cuentistas de raza. Casi ningún novelista —o muy pocos— desperdiciaría un buen personaje en un cuento; cualquiera pensaría de inmediato en llenar trescientas páginas. Pero existe una tradición, que empieza con Chéjov y pasa por John Cheever y Tobias Wolff y Flannery O’Connor, de cuentos de personajes. Requieren un compromiso camicace con el género del relato (una honestidad absoluta, un esfuerzo suicida de síntesis, de compresión).

El cuento de personajes tiene sus claves, que son complementarias a las del relato de anécdota. Aquí lo importante es el deseo; aquí el carácter empuja la trama. Estos seres se definen de un modo más directo que los de las novelas. Suelen ser más singulares. Irrumpen con más fuerza. Nos muestran su vida entera en la manera de cepillarse los dientes, en la forma en que devoran un sándwich mixto. O una raja de sandía en una habitación de hotel. Tienen tan poco tiempo que no pueden permitirse resultar irrelevantes.

En este curso descubriremos las particularidades del cuento de personajes desde un punto de vista creativo. También aprenderemos a crear personajes, a caracterizarlos y a desarrollarlos, dentro de los límites que impone el relato breve.