I Concurso cruel de relato breve

30 de octubre, 2004

Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, decía Truman Capote. Sin embargo, y sin ánimo de desdecir al maestro Capote, en los últimos tiempos parece que anda Dios corto de látigos. O de dones, quizás. O tal vez sean los lectores quienes tienen la culpa de todo.

No hace tanto tiempo en los teatros se pateaba, se abucheaba a los actores mediocres y amanerados y el autor de un bodrio podía, a poco que se descuidara, acabar en el pilón. Es posible que, muchas veces, aquel público opinase sin tener los conocimientos ni la formación para hacerlo con sentido. Pero al menos opinaba. Porque lo triste es que el público de hoy ha dejado de opinar y ya solo aplaude.

Y, claro, los autores se lo creen. Publican un bodrio lamentable y es como si se lo dieran a leer a sus madres: aplausos, vítores, carantoñas de los medios de comunicación, premios. Los inflan de orgullo y se vacían de criterio artístico, y los hay que llegan a creerse Shakespeare sin haber pasado de meros escribanos.

Hay excepciones, desde luego, pero de lo que no hay duda es de que muchos autores de hoy en día tienen el látigo —por no entrar a hablar aquí de dones— olvidado en lo más profundo del armario. Y es que nos estamos ablandando, no soportamos una crítica y, mucho más grave, no somos capaces de utilizarla para mejorar, para formar nuestro criterio y crecer como escritores.

En la Escuela de Escritores estamos convencidos de que las cosas no pueden seguir así.

Por eso, para reivindicar el papel de la crítica —incluso el de la crítica más mordaz y despiadada— como dinamizadora fundamental del Arte, ha nacido este concurso. Un concurso para escritores de raza que no se vienen abajo por una mala crítica, ni por cien, un concurso para escritores valientes, un concurso, eso sí, para autores psicológicamente estables.

Un concurso con látigo.

El sábado, 30 de octubre de 2004, en la Sala Artépolis de Madrid, se celebró el acto en el que se hizo público el fallo del jurado del Primer Concurso Cruel de Relato Breve.

El ganador de “El Bueno” se encontraba en el acto, recibió su premio en mano (300 euros y una flor natural) y una lluvia de claveles. Los relatos ganadores de las categorías “El Malo” y “El Feo” se leyeron al público presente y recibieron una lluvia de tomates de papel. También se leyeron las críticas de Clandestino Menéndez, presidente del jurado.

Del 1 al 10 de noviembre permaneció abierta la segunda fase del concurso: una sección para la crítica pública.

A continuación reproducimos las actas finales del jurado, los relatos ganadores de cada categoría, y las críticas del presidente del jurado. También el ganador para la mejor crítica, que se dio a conocer el pasado 17 de noviembre.


Ganadores y finalistas

Relato ganado “el bueno”

Relato ganador “el malo”

Relato ganador “el feo”

Relatos finalistas “el bueno”

  • Vete y vete, de Enrique Triana
  • Grandes estrellas de la magia en primer tomo, de Matías Candeira

Relatos finalistas “el malo”

  • Contemplaciones, de Laura Elena Bermúdez
  • El escarabajo, de José Alberto Vilariño Rico

Relatos finalistas “el feo”

  • La ceguera, de Fernando Núñez Figueroa
  • Iteración, de Pablo Abel Urquiza

Acta del concurso

Para esta primera edición del Concurso Cruel de Relato Breve se han recibido un total de 1163 relatos de los que, tras eliminar aquellos que, por diversas razones no cumplían las bases, fueron admitidos a concurso 1066, que competían indistintamente en las tres categorías de que consta el concurso: relato bueno, relato feo y relato malo.

Es de destacar que los participantes, a la hora de enviar su cuento, ignoraban si éste acabaría luchando por obtener el triunfo entre los buenos, entre los menos buenos o entre los sencillamente espantosos. Es decir, que asumían el riesgo de presentarse a este concurso, probablemente el primero (en Literatura desde luego) que prepara un podio y hace sonar la fanfarria para los mejores, pero también señala y da de gorrazos y le hace pedorretas a los peores. Esto, sin duda, honra a los concursantes por su valentía y demuestra que, en último caso, son gente de sano humor.

Se ha hablado mucho sobre el impulso de escribir, por lo general frases ampulosas del estilo a «escribir es asomarse a la vida», «uno escribe para espantar sus fantasmas» o «escribir es echar fuera lo que uno tiene dentro» (el que dijo esto era un poco bruto y fisiológico). A pesar de estas bonitas frases, escribir es, en último grado, nada más (¡y nada menos!) que exponerse a la crítica de los demás, que tener que soportar que cualquier desconocido juzgue y dé abiertamente su opinión sobre lo que a uno tanto esfuerzo le ha costado, en lo que, seguro, tanta ilusión ha puesto, y que tanto le gustó a su abuelita. Ese es el juego al que juega el escritor, el escritor de raza, queremos decir, el escritor vocacional que considera que la mejor crítica no es aquella que le aplaude, le pasea a hombros por las librerías y le pone delante, para que coma lo que quiera, una bandeja llena de canapés. Para el escritor sincero la mejor crítica es la que le señala sus defectos y con ello le ayuda a superarse y crecer. Ya sabemos que parece un lugar común, pero es, sin embargo, tan usual hoy en día el envanecimiento de los escritores y el mohín desdeñoso con que miran a los demás…

Por todo ello, queremos dar las gracias a los concursantes, felicitarles por su atrevimiento y animar al triunfador, al bueno, a que no se dé por satisfecho, y a los otros, al feo y al malo, a que no se den por vencidos; sobre todo que no se den, que haya paz. Dicho esto, retomamos aquí el necesario tono burocrático para decir que los 1066 relatos presentados al Primer Concurso Cruel de Relato Breve fueron leídos y calificados por un jurado compuesto por Clandestino Menéndez, como presidente, Isabel Cañelles, Isabel Calvo, Chema Gómez de Lora, Mariana Torres, Alfredo Caminos, Daniel Saavedra, Clara Redondo, Julio Espinosa, Jesús Pérez, Ángeles Lorenzo y Virginia Ruiz, actuando Javier Sagarna como secretario sin voz ni voto. El resultado es el siguiente:

El bueno

  • Relato número 36, “Postes eléctricos que cuentan trenes”, presentado a concurso bajo el seudónimo “Carlos Capote” y cuyo autor es Juan Carlos Márquez, de Madrid (España).

Premiado con 300 euros y flor natural.

Finalistas fueron “Vete y vete”, presentado a concurso bajo el seudónimo de Silva Nora y cuyo autor es Enrique Triana, de Madrid (España), y “Grandes estrellas de la magia en primer tomo”, presentado bajo el seudónimo “Belcebú Sarcasmo” y cuyo autor es Matías Candeira, de Madrid (España).

El feo

  • Relato número 1147, “El ordenador”, presentado a concurso bajo el seudónimo “Mars” y cuya autora es María Ascensión Rivera Serván, de Cádiz (España).

El autor no recibirá nada. En caso de que no se encuentre en la sala, se le hará llegar el premio por correo certificado o mensajería.

Finalistas fueron “La ceguera”, presentado bajo el seudónimo de “Cayo Grato” y cuyo autor es Fernando Núñez Figueroa, e “Iteración”, presentado bajo el seudónimo de “Ariel Urtizberea” y cuyo autor es Pablo Abel Urquiza, de Buenos Aires (Argentina).

El malo

  • Relato número 236, “Al final del túnel”, presentado a concurso bajo el seudónimo “Dulcinea2002” y cuya autora es María del Carmen Guzmán Ortega, de Málaga (España).

El autor recibirá un látigo, en recuerdo de aquella frase de Truman Capote: «Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo». Con ello venimos a decirle que se reporte, haga ejercicio de autocrítica, se flagele un tanto la conciencia y vuelva a intentarlo otra vez.

Finalistas fueron “Contemplaciones”, presentado bajo el seudónimo de “Fontaine” y cuya autora es Laura Elena Bermúdez de Tesolín, y “El escarabajo”, presentado bajo el seudónimo de “Kistonfols” y cuyo autor es José Alberto Vilariño Rico, de A Coruña (España).

Reiteramos de nuevo nuestra felicitación, a los ganadores y a todos los concursantes, por su valentía. Y anunciamos que, a partir de este momento, se abre el concurso a la mejor crítica sobre estos relatos. En breve se publicaran los tres en la página web de Escuela de Escritores (www.escueladeescritores.com) y en Literaturas.com (www.literaturas.com). Hasta el 10 de noviembre los participantes podrán enviar sus críticas a Escuela de Escritores; entre todas las recibidas se elegirá la mejor, en atención a su mordacidad pero también a su rigor y fundamento. El autor de la mejor crítica será elegido el día 17 de noviembre y recibirá un premio de 100 euros.

Clandestino Menéndez, presidente del jurado
Madrid a 30 de octubre de 2004

 

Concurso de Críticas

A la finalización del plazo de recepción de críticas a los relatos seleccionados como “el bueno”, “el feo” y “el malo” en el I Concurso Cruel de Relato Breve, se recibieron un total de 18 críticas que cumplían los requisitos de las bases del mismo. Realizada su lectura por parte del jurado compuesto por Isabel Cañelles, Isabel Calvo, Chema Gómez de Lora, Mariana Torres, Alfredo Caminos, Daniel Saavedra, Clara Redondo, Julio Espinosa, Jesús Pérez, Ángeles Lorenzo y Virginia Ruiz, actuando Javier Sagarna como secretario sin voz ni voto, se procedió a la votación final que arrojó los siguientes resultados:

  • Crítica número 9, dirigida al relato “El ordenador” y cuyo autor es Eloy Serrano Barroso: 5 votos.
  • Crítica número 17, dirigida al relato “Al final del túnel” y cuya autora es Juana Cortés Amunárriz: 2 votos.
  • Críticas número 5 (dirigida al relato “Postes eléctricos que cuentan trenes” y cuya autora es Isabel Barreto Velasco), 6 (dirigida al relato “Postes eléctricos que cuentan trenes” y cuyo autor firmó como P.M.), 8 (dirigida al relato “El ordenador” y cuya autora es Valentina Truneanu Castillo) y 10 (dirigida al relato “El ordenador” y cuyo autor es Matías Candeira de Andrés): 1 voto.

En consecuencia, el ganador del premio de 100 euros y publicación del texto en la página web de la Escuela de Escritores es:

  • Eloy Serrano Barroso, por su crítica al relato “El ordenador”.

El jurado quiere felicitar al ganador así como a todos los autores participantes por el trabajo realizado y agradecerles su participación.

Javier Sagarna, secretario
Madrid a 17 de noviembre de 2004