Talleres de escritura Escuela de Escritores. Cursos de redacción y creación literaria
Bienvenido a Cursos de Escritura :: Escuela de Escritores :: Talleres literarios
Talleres de escritura virtuales Talleres de escritura presenciales Cursos para empresas Servicio de corrección de textos

Cursos por Internet
Cursos a distancia de la Escuela de EscritoresReserva ya tu plaza para talleres literarios del mes de mayo
Mapa de los cursos
Cursos presenciales
Cursos en Madrid de la Escuela de Escritores
Cursos en Madrid
Cursos en Burgos
Cursos en Zaragoza
Cursos para empresas
Cursos para empresas de la Escuela de EscritoresEficacia y creatividad, talleres para mejorar tus textos e informes
Saber más
 
 
Secciones
 
 
 
 
EdE en la Red europea
EdE en la Red europea
Libros recomendados
Libros recomendados
Nuestras palabras
Nuestras palabras
Entrevistas
Entrevistas

 
  Boletín de noticias  
   
 
 
  Buzón de sugerencias  
   
 
Últimas reseñas
 
 
Equipo de la Escuela: Virginia Ruiz
 
 
Cursos a distancia: El gozo de escribir

Es escritora, licenciada en Publicidad y RRPP por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Comunicación.

Ha sido alumna de escritores como Antonio Muñoz Molina, en la Escuela de Letras; y Alejandro Gándara, José Luis Corrales y Álvaro Pombo, entre otros, en la Escuela Contemporánea de Humanidades.

Ha publicado en algunas antologías de cuentos editadas por el Taller de Escritura de Madrid, del que ha sido también alumna: El día que nos dimos cuenta de todo y Cartílagos de tiburón.

En el año 2005 impartió los talleres de escritura del Ateneo Riojano y en la actualidad trabaja en su primera novela por la que recibió una beca del Ministerio de Cultura de La Rioja.

Correo electrónico
Entrevista a Virginia

Entrevista realizada a Virginia Ruiz en junio, 2007
¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender -y enseñar- a escribir?
Para mí es una conjunción de las dos cosas. Se puede aprender a escribir pero para ser escritor hay que tener muchas ganas. Es como dedicar tu vida a la medicina, hay profesiones que requieren una vocación muy fuerte para mantenerse en ellas un día tras otro. Para escribir primero hay que sentir dentro esta necesidad y, una vez identificada, hay que ponerse a escribir, y a escribir y a escribir. Un día tras otro. Uno aprende de sus maestros y cada día se puede aprender algo más mientras leemos un libro o escribimos un relato. Se puede enseñar la técnica, se puede enseñar a escribir mejor: a dar una estructura al relato, a dar coherencia a las historias, más visibilidad, etc. Se puede enseñar la magia que hay detrás de las palabras concretas, pero creo que la literatura, sobre todo, es una forma de vida y hay que sentirla dentro.

¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
De pequeña, cuando volvía a casa después del colegio, me ponía mis zapatos rojos de flamenco, que tenían tacón, me pintaba los labios, sentaba a mis muñecas en la cama y les repetía lo que los profesores habían dicho en clase. Como iba a un colegio de monjas, los miércoles me vestía de cura y les leía la Biblia. Mis hermanos mientras se divertían mucho escuchando lo que decía, detrás de la puerta de mi habitación. Algunos años después, Javier Sagarna, que era mi profesor en el Taller de escritura de Madrid, volvió a sacar a la luz la idea de que yo también podía enseñar. Ahora, mi misión, y quizás mi deuda con Javier, es ser tan buena profesora como lo fue él. Escribir es lo que más me gusta del mundo, así que, enseñar y compartir lo que yo he aprendido es un placer. Me siento afortunada en este sentido. Y ahora, en vez de leer la Biblia, leo cuentos de Bradbury. Mi mayor objetivo es motivar a la gente que quiere escribir para que lo haga, y es una satisfacción conseguirlo. Escribir es bueno para la salud.

¿Cuál es tu relación con el resto del equipo de la Escuela?
Somos un equipo y eso facilita mucho la labor de cada día. Me alegra mucho sentir que mis compañeros están cerca aunque no nos veamos. Cuando leo sus mensajes en el foro de profesores dando los buenos días, por ejemplo, es como si nos cruzásemos de verdad por el pasillo de la Escuela. Me encanta cuando un compañero recibe un premio y comparte su entusiasmo con nosotros, podemos descorchar una botella de champán de forma virtual. Igual que cuando vemos las fotos de los bebés recién nacidos y las caras de los papás con la baba colgando. Es todo mucho más fácil sabiendo que tienes cerca un equipo con el que puedes contar. Cuando nos encontramos en Madrid es una fiesta. Lo que más valoro de este equipo es que es muy humano. También que estamos aquí porque nos gusta nuestro trabajo, es una fortuna que tenemos.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
Uno va cogiendo soltura con la práctica y enseñar es, desde luego, la mejor manera de aprender. Me siento libre para hacerlo como quiero y la única que se exige cambios soy yo misma. Cuando leo los relatos de mis alumnos trato de salirme de piel, olvidar cómo lo hubiera hecho yo y meterme en la piel del alumno, por eso me gusta que los alumnos intervengan, que se presenten, que me cuenten a qué se dedican, de dónde son, cuántos años tienen. Me gusta saber de ellos para comprender su escritura. En sus relatos busco qué es lo quieren decir y, a partir de ahí, les doy sugerencias de mejora, esto ya, basándome en mi criterio de lectora y respaldándome en las herramientas que hay en la caja del escritor.

¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Les pido que se presenten porque quiero conocerlos y saber sus motivaciones con la escritura y también les pido que colaboren con el grupo: que escriban, que lean los relatos de sus compañeros y que expresen lo que sienten al leerlos. Me gusta que den sus opiniones, siempre con respeto, ya que así es como podemos crecer. Eso es todo, no les exijo más porque esto no es un colegio, los que llegan hasta aquí lo hacen porque quieren escribir, nadie viene obligado y en la escritura bastante se fustiga uno mismo. Al final de curso suelo ver una mejora en los textos, los alumnos aplican lo que les has ido enseñado y eso es una gran satisfacción. Si no lo hacen, me pregunto si me habré explicado bien, esa es siempre la duda que me queda después de haber enviado los comentarios. A veces me encantaría tener al alumno delante, poder mostrarle su texto y explicarme haciendo gestos, moviendo las manos, mirándole a los ojos.

¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
Me gusta que los alumnos participen, que hablen entre ellos, que comenten sus trabajos y me encanta cuando se intercambian direcciones o se invitan a sus casas en los diferentes rincones del mundo. Me gusta que ellos también sean un equipo, que sean compañeros. Cuando llevas varios meses con un mismo grupo les acabas cogiendo mucho cariño, la verdad, y no quieres que el curso se acabe. Siempre me duele el estómago con las despedidas.

¿Consideras la enseñanza como un intercambio? ¿Qué te enseñan tus alumnos?
Claro que es un intercambio. Mis alumnos refuerzan mi confianza en lo que hago, a menudo me hacen regalos preciosos con sus mensajes de agradecimiento y muchas veces logran emocionarme. Por otro lado cuando me enseñan su punto de vista de lectores, que es muy interesante, también me enseñan aspectos de la vida y de su cultura, su lengua y el lugar en el que viven.

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de un taller?
Sobre todo, que ames la escritura y que tengas ganas de compartir lo que has aprendido. Aunque también es necesario tener paciencia.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
Ahora estoy dando el curso de El gozo de escribir, que está muy enfocado a la parte creativa, y me encanta que los alumnos descubran que vencer el bloqueo depende de uno mismo, que las historias están escondidas debajo de la mesa del comedor, en el bar de la esquina, en el autobús que toman por la mañana para ir al trabajo o en la cola del supermercado. Que pueden transformarse en marcianos y mudar su piel, montarse en una nave espacial, viajar de noche en un submarino o vivir una historia de amor en Taiwán. Es la magia de la ficción, que permite vivir otras vidas y jugar y ser más libres y más felices.

¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Yo no suelo presentarme y no me gusta que los premios estén adjudicados de antemano o que tengan solo fines comerciales. Me gusta que reconozcan el trabajo bien hecho, mucha gente dedica la vida entera a escribir, y recibir premios les sirve de soporte económico para poder continuar haciéndolo. Antes hablaba de la parte creativa de la ficción, que es la más lúdica, pero también hay un trabajo duro de escultor en cada relato, en cada poesía, novela, guión, para buscar la palabra exacta, ni una más ni una menos, para crear una trama vívida y sin trampas, para que los personajes cobren vida propia. Y, sobre todo, hay que tener algo interesante que decir, porque las buenas historias siempre cuentan dos. Y sobre el afán de publicar… siempre digo lo mismo: paciencia.

¿Cómo compaginas la labor como profesor con tus propias creaciones?
A veces ser profesor y dedicarte a tus alumnos a tiempo completo es la mejor excusa para no prestar atención a las creaciones propias. Otras, por el contrario, incrementa las ganas de escribir. Es lo de siempre, escribir tiene que ser un hábito y exige fuerza de voluntad, lo que no es siempre fácil.

¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?
No tengo un autor favorito, sino algunos libros que por algún motivo me han llegado dentro, que me han hecho reír o llorar y que me han dejado un mensaje; aunque de mayor no me importaría ser Italo Calvino. Me vuelve loca su trilogía: "El caballero inexistente", "El barón rampante" y "El vizconde demediado"; admiro el trabajo con los sentidos que hace en "Bajo el sol jaguar" y "Las ciudades invisibles" me parece de diez. También disfruto mucho con las novelas de Javier Tomeo, con los cuentos de Cortázar, los de Ángel Zapata y con los de Alfonso Fernández Burgos. También me gusta mucho Ray Loriga. Me parecen escritores inteligentes, que tienen algo que decir y que buscan nuevas formas de narrar la realidad de siempre. "Novecento" y "Seda", de Alessandro Baricco me parecen dos novelas deliciosas, igual que los cuentos de Capote y las miradas de Berna Wang. También me parece interesante el trabajo como escritores de muchos profesores de esta Escuela, pero no los voy a nombrar para que no suene a campaña de marketing. En estos momentos estoy leyendo "La mujer justa", de Sandor Márai, que me ha atrapado desde las primeras líneas, tengo ganas de saber qué más pasa.

Hasta hace unos meses vivías en una estación de esquí, ¿cambiabas un día con sol y nieve perfecta por una hora de escritura?
Mientras vivía en Cerler estaba escribiendo una novela y aunque estaba muy obsesionada con ella, no todos los días era capaz de escribir. Hubo momentos duros en los que aunque las pistas hubieran estado llenas de piedras hubiese preferido ir a reventar los esquís antes que quedarme en casa escribiendo. Dependía de cómo me despertara y, sobre todo, del punto de la historia en el que me encontrara en ese momento. Muchos días, precisamente esa luz del sol, que reflejada en la nieve es aún más fuerte, me daba muchas ganas de ponerme a escribir, pero bueno, no me caracterizo precisamente por tener una fuerza de voluntad de hierro, así que, a eso de las once o las doce del mediodía, hacía una paradita y me iba a pistas a hacer un par de bajadas. Es lo bueno de tener un abono de temporada. Aunque, sinceramente, los días que más he disfrutado, eran aquellos en los que nada, ni la nieve perfecta, ni el sol, ni siquiera unas chuletas de cordero a la parrilla, conseguían levantarme de mi sillón de escritora.




 
 
 
   

Talleres literarios de escritura creativa, redacción, relato, periodismo, guión, novela, poesía, literatura infantil, literatura de viajes...
Escuela de Escritores ® Mucho más que un taller literario
Ponte en contacto con nosotros al teléfono 917583187

Escuela de Escritores S. L. B84364181
Domicilio S. L. - Ventura Rodríguez 11 (28008) de Madrid

Sitio Web basado en PHP-Nuke