jordi-costa-orphanik Acaba de llegar a las librerías el segundo número de la revista anual de crítica de cine Orphanik. Orphanik es un proyecto que nace en los cursos anuales de Crítica de Cine que desde hace siete años dirige Jordi Costa. Llegó primero en formato blog; lo hace ahora en papel y nada menos que con 238 páginas, más de 80 críticas y entrevistas con Bertrand Tavernier, Bruno Demont y Olivier Assayas.

Los alumnos que este año han pasado por el curso de Crítica de Cine forman la redacción de este segundo número de Orphanik: enhorabuena a todos ellos por este magnífico trabajo que luce así de bien gracias a la cuidada edición a cargo de Editorial Aristas Martínez y a la dedicación de Jordi Costa.

En Escuela de Escritores estamos muy orgullosos no solo de esta publicación, sino de ver cómo los alumnos que han pasado por este curso forman parte de las firmas de revistas de cine tan prestigiosas como Caimán (Andrea Morán Ferrés, Miquel Zafra, Sofía Pérez Delgado y Cristina Aparicio), Fotogramas (María Caballero) o la web especializada Insertos (Santiago Alonso, Jaime Lorite, Yago Paris y Sofía Mur).

A continuación podéis leer el editorial de este segundo número.

Este jueves 14 de septiembre a las 20:00 h. la presentaremos en el Plató de la Cineteca del centro Matadero-Madrid. Contaremos con Ignatius Farray, Jordi Costa y muchos de los autores de las críticas y reportajes que aparecen en la publicación.


Editorial del segundo número

orphanik

Hace justo un año decidimos colocarnos bajo el amparo espiritual de un personaje de Julio Verne para dar vida a una nueva revista de crítica de cine. El personaje era Orphanik, científico excéntrico que, en la novela El castillo de los Cárpatos, inventaba una suerte de pre-cine para que el barón de Gortz pudiese seguir contemplando la imagen de su amada y escuchando su voz de diva trágica de la Ópera. Si las arcanas labores de Orphanik le devuelven al perverso barón de Gortz la apariencia de vida de su amada, esta revista que quiso rendir homenaje al inquietante personaje también sigue pareciendo igual de viva que cuando nació, pero confiamos en que esta vida no sea ni espectral, ni ilusoria como la de la Stilla, la soprano devenida presencia fantasmagórica en los remotos parajes transilvanos.

Orphanik, la revista, nació en el seno del curso anual de Crítica de Cine de la Escuela de Escritores y ahí sigue, un año más, con un nuevo equipo íntegramente formado por los alumnos y la exigencia de seguir abordando la memoria del medio desde perspectivas poco ortodoxas y de seguir mirando, con rigor, pasión y entusiasmo, el fascinante presente de la imagen contemporánea. En el apartado de críticas se recogen las reseñas de algunos de los títulos más relevantes del curso 2016/17, precedidas por una serie de artículos que intentan iluminar algunas zonas escogidas del pasado y el presente del cine, intentando escapar de las fórmulas del oficio y del opresor dominio del lugar común. El viaje es surtido: los detalles en la delicada poética del japonés Hirokazu Kore eda, la importancia de las canciones en el cine de Terence Davies, las posibilidades de asociar el uso de la cámara subjetiva a la mirada femenina, la etapa de Charles Chaplin en la Mutual, los estimulantes problemas de traducción (fílmica) del mundo literario de Jim Thompson, la ciencia-ficción ideológica de Elio Petri y los viajes a Nueva York de algunos cineastas españoles son tan sólo algunas de las propuestas de este segundo número que, bajo la influencia de La décima víctima, ha querido colocarse bajo el influjo del Op-Art  abriéndose a todas las maravillas de lo posible.

Aquí la línea editorial la marca la heterogeneidad de miradas y sensibilidades que construyen, página a página, esta publicación de espíritu colectivo. No se rasquen mucho la cabeza intentando encontrar un sentido enigmático en el hecho de reivindicar, bajo una misma cabecera, figuras tan dispares como las de Rithy Panh, John Milius, Pedro Almodóvar, Jonás Trueba, Asghar Farhadi o František Vláčil, porque todo tiene una explicación muy sencilla. Aquí sólo hay una figura al mando: la pasión. O las pasiones de un puñado de cinéfilos que prefieren compartir a prescribir y que, si tienen fobia a algo, es precisamente a los dogmas.