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Discurso de nuestro director Javier Sagarna

El pasado 1 de octubre a las 19.00, con los cursos presenciales de Madrid a punto de comenzar y la visita del escritor italiano Alessandro Baricco para inaugurar nuestro Máster de Narrativa.

La canícula de agosto ralentizó entonces la marcha de las obras y para ese día teníamos adecentada solo la mitad de la nueva Escuela con sus cuatro nuevas aulas. Los alumnos del Máster, los profesores y el equipo de Escuela de Escritores disfrutamos ese día de una inauguración a medias: de media sede y de media asistencia.

Al día siguiente continuaban las obras al otro lado de las aulas y los miembros del equipo de la Escuela comenzamos a contar las horas hasta el día en que pudiéramos celebrar una inauguración completa: de toda la sede y con todos vosotros.

Fijamos la fecha para el sábado 30 de enero. Invitamos a todos nuestros alumnos, de los cursos presenciales y de Internet, a los profesores y a un montón de amigos que han ido entrando y saliendo de la Escuela durante los últimos diez años, desde aquel inicio titubeante con dos grupitos de Redacción y estilo y Escritura creativa a través de Internet en el Taller de Escritura Madrid, dirigido por Enrique Páez. Contando y recontando, pensando en a quién nos dejábamos, haciendo listas de nombres, acabamos enviando más de tres mil invitaciones.

De modo que el sábado, a las 19:30 horas de la tarde, cuando sonó por primera vez el timbre de la nueva sede y subió el primer invitado, no sabíamos cuántos iban a llegar detrás. Y la verdad es que dos días después, seguimos sin saberlo: desde las 19.30 de la tarde hasta las 2 de la madrugada, la nueva sede de la Escuela fue un trasiego de gentío, de nuevos y viejos amigos con los que nos tomamos unas cervezas, brindamos con vino, comimos jamón, fresas y empanadas chilenas entre beso y beso y abrazo y abrazo.

Las emociones comenzaron a surgir pronto, con el discurso de la fundadora de la Escuela, Isabel Cañelles, que nos recordó qué es Escuela de Escritores y por qué estamos aquí; con Ruth Bozal, una de las alumnas que nos acompaña desde que abrimos los primeros talleres presenciales en Lavapiés, en la calle Olivar; con el director de la Escuela, Javier Sagarna, que presentó la nueve sede como un espacio para pensar al margen de televisión y titulares, de ideas envasadas y listas para consumir.

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Antonio Dorado, profesor de Guión y uno de nuestros profesores “canteranos” —pasó por nuestras aulas y por el Taller de Escritura de Madrid antes de dedicarse a la escritura de guiones y a impartir clases— puso el contrapunto humorístico con una magnífico monólogo.

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Y después comenzó la fiesta: el chupinazo lo dieron nuestros amigos del Proyecto Fahrenheit 451, las Personas Libro, como tú o como nosotros, pero que atesoran en su interior —como en la novela de Bradbury— un pedazo de ese libro que les cambió la vida. Mientras en un aula unos homenajeaban a Salinger con una lectura continuada de sus Nueve cuentos, en otra escribíamos un cadáver exquisito y más allá dejaban su firma en el mural construido a modo de libro de visitas.

A partir de las 22.30 comenzó el baile (si tienes acceso a Spotify puedes escuchar aquí la banda sonora de la noche del sábado en la calle Covarrubias 1) que se cerró pasadas las 2 de la madrugada. Y como en aquella portada de Asterix en Egipto, recontamos que para celebrar esta fiesta fue necesario consumir siete jamones, 400 botellines de Mahou, 90 de Laiker, 40 botellas de Ribera del Duero, 250 pasteles, 100 empanadas chilenas, algunos paquetes de tabaco y el amor, la gratitud y los buenos deseos de alumnos, ex alumnos, profesores.

Gracias a Nacho Sagarna, por la iluminación y la asistencia técnica; a Leo Judkowski, por la fantástica ambientación de la sede, al equipo de la Escola d’Escriptura del Ateneo Barcelonés —Pau, Jordi y Muriel—; a Paloma Mayordomo de la Escuela de Escritores Alonso Quijano; a nuestras Tres Rosas Amarillas —José Luis, Antonio y María—, y a los miembros de la lista de Escritura Creativa, Pack (gracias, siempre), Rafa Turnes y Paloma Vallhonrat.